Una idea original para regalar esta Navidad
El ser humano espera. Vivimos esperando. Y (des)esperando. Preguntas que nos interpelan: ¿Qué estamos esperando? ¿Cuánto nos cuesta esperar? ¿Cuánto nos angustia esa espera? Aún siendo algo tan propio del ser humano y la vida misma, el verbo "esperar" hoy roza lo disfuncional.
La humanidad ha evolucionado en decenas de aspectos, pero estamos perdiendo uno esencial para nuestra propia subsistencia y armonía: la paciencia. El espacio y el tiempo han adquirido forma de aquí y ahora. Parece no existir otro espacio que no sea aquí, lo que me pasa en mi metro cuadrado, mi círculo íntimo, mi creencia, mis contactos en las redes sociales, mi modo de ver; el espacio universal no existe mientras que aquello que me rodea es lo cierto y de "aquí no me muevo". El tiempo es "ahora", ayer pasó y mañana tarda demasiado: queremos ser los dueños del tiempo y que la vida misma transcurra de acuerdo a nuestro cronómetro que a la vez se ajusta a nuestros deseos (buenos y malos). Queremos materializar lo más rápido posible lo que estemos esperando para enseguida ponernos otro objetivo más de espera. De tantas cosas que queremos y no podemos esperar, hemos olvidado la pregunta básica que nos mantiene en equilibrio: ¿Para qué? El frenesí actual del "aquí y ahora" hacen realidad las palabras de la famosa canción de Sumo: "Yo no sé lo que quiero, pero lo quiero ya". La fruición pasa en lograr algo mientras sea "aquí y ahora", en vez del "qué" y el "para qué" del logro.
Foto: MDZ.
El tiempo y el espacio son sabios consejeros en este mundo cuando los usamos a nuestro favor. Nos ponen en perspectiva. La humanidad ha trocado un valor preciado como la paciencia por una cualidad peligrosa como la prisa. Porque la paciencia permite amoldarnos al tiempo y al espacio, y también conduce nuestros deseos y voluntad de una forma armónica que nos permite relacionarnos con nosotros mismos, con el prójimo y con la creación. El mismo significado de paciencia nos impulsa a desearla: en palabras sencillas, es "saber esperar"; es perseverar en lo que buscamos sin perder el equilibrio, es padecer sin perder la esperanza y la constancia en que obtendremos lo que esperamos.
Una de las grandes pensadoras de la historia, Santa Teresa de Ávila, dejó inmortalizada su frase "La paciencia todo lo alcanza". Creo en su mensaje porque creo que vivimos rodeados de des-esperación, o peor aún, tenemos esperación (esperanza) en el aquí y ahora. Y el aquí y ahora llevan a una des-esperación porque ya no vale la pena esperar. Los carteles colgados en varios restaurantes que rezan "El que sabe comer, sabe esperar" nos muestran que lo bueno lleva su tiempo, tanto en la gastronomía como en la vida misma. Para Santa Teresa de Ávila lo bueno era Dios, su Dios eterno que la esperaba después de una larga vida en esta Tierra. Para el cocinero, la espera le permite dedicarle amor y esfuerzo para obtener y dar lo mejor.
Lejos estamos hoy de esa espera virtuosa. La eficiencia de los mercados y la rentabilidad extrema de los segundos nos desesperan. La hiper-conectividad que aturde y nos exige y hace exigir respuestas instantáneas nos desespera. La sobreabundancia de tareas y su gratificación instantánea nos moldea para desear más cosas en menos tiempo sin preguntarnos para qué.
En estas fiestas, donde muchos seres humanos miran un pesebre creyendo que un bebé es Dios hecho hombre, quizás valga la pena mirar detenidamente el pesebre para descubrir que luego de la espera -no exenta de tribulaciones- la salvación llega; y en este caso de los cristianos del modo menos pensado: en un pesebre frío, en un lugar recóndito del planeta y en un momento histórico sin ningún atractivo especial.
Hoy quiero desear y regalar paciencia. Mucha paciencia. Que aprendamos a esperar, que aprendamos a desear sabiendo que el deseo de lo bueno implica paciencia para lograrlo; y que las adversidades son parte del camino en ese deseo del bien. Paciencia para las madres, para los padres, para los hijos y las hijas, para los amigos, para el prójimo que veo cada mañana en la calle o en el campo. Feliz Navidad, feliz 2025 y mucha paciencia para lo que viene.
* Federico Poletto. Gerente General de MDZ.


