Soledad en las personas mayores: un llamado a la acción en tiempos de celebraciones
Las fiestas de fin de año son momentos de reunión y celebración familiar, cargados de tradición y afecto. Sin embargo, para muchas personas mayores, estas fechas también pueden convertirse en un momento doloroso o difícil de transitar. La soledad no deseada es una experiencia subjetiva en la que el individuo percibe que sus lazos afectivos y sociales son insuficientes o inadecuados. No necesariamente está vinculada al aislamiento social objetivo, que implica un número reducido de contactos, sino a cómo se siente la persona respecto a su situación.
Este fenómeno, aunque transversal a todas las edades, afecta de manera particular a las personas mayores debido a factores propios de esta etapa de la vida: la jubilación, la viudez, hijos o familiares que han elegido vivir lejos, el fallecimiento de pares o el deterioro de la salud. Cambios que generan una transformación radical en las interacciones cotidianas, muchas veces sin posibilidad de reemplazo inmediato, y que pueden provocar sensaciones de aislamiento y abandono. La Ciudad de Buenos Aires es el distrito más envejecido del país, donde 1 de cada 4 habitantes tiene 60 años o más. De acuerdo a las cifras de la Encuesta Anual de Hogares realizada en diciembre del 2023, 229 mil de estos vecinos viven solos.
En la última encuesta sobre soledad no deseada en personas mayores realizada por el Gobierno de la Ciudad, más de 96 mil personas manifestaron experimentar sentimientos de soledad no deseada. Esta realidad exige que las políticas públicas prioricen estrategias para garantizar la inclusión y el acompañamiento de las personas mayores. La falta de redes de contención y espacios de vínculo deja a este grupo vulnerable no sólo a la tristeza, sino también a problemas de salud física y mental, ya que la soledad crónica incide directamente en el bienestar, incrementando el riesgo -por ejemplo- de depresión, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares, entre otros.
Es fundamental que, como sociedad, comprendamos que la vejez no es sinónimo de aislamiento: la soledad no debe ser naturalizada como algo inevitable en esta etapa. Por el contrario, es un desafío que puede y debe ser enfrentado a través de políticas inclusivas y del compromiso de toda la sociedad. La inclusión activa de este segmento de la población, a través de programas que promuevan la integración intergeneracional, el acceso a actividades culturales y recreativas y el refuerzo de redes comunitarias, debe ser una prioridad.
La Ciudad de Buenos Aires es la primera jurisdicción del país en poner en agenda de gestión las problemáticas asociadas al bienestar emocional de las personas mayores.
Iniciativas como la línea telefónica de acompañamiento Escucha Activa, los talleres y cursos en los que las personas pueden descubrir nuevos intereses y forjar vínculos, los espacios de encuentro y de apoyo interdisciplinario para las personas mayores como los Centros de Día, las campañas de sensibilización y otras iniciativas para fortalecer las redes comunitarias y familiares, son herramientas clave para impulsar la integración y la participación social de todos los vecinos de la Ciudad .
La invitación es clara: rompamos con el estigma de la soledad y construyamos entornos donde cada persona, independientemente de su edad, se sienta valorada, escuchada y acompañada.
Abracemos amorosamente a nuestros mayores en estas fiestas. Nos necesitamos.

* Victoria Morales Gorleri. Secretaria de Bienestar Integral de la Ciudad de Buenos Aires.

