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La Misa Criolla: cómo nació la obra de folclore que mezcla la tradición criolla y la liturgia, y sus emocionantes versiones

En diálogo con MDZ, "Colo" Vasconcellos de Ahyre (ex Los Huayra) se refirió a la influencia de la obra musical de Ariel Ramírez y la emotiva grabación que hicieron en su honor.
En 1964, Ariel Ramírez y Los Fronterizos grabaron la Misa Criolla, que trascendería como una de las obras más importantes de la historia musical del país Foto: X @cremetoursBA
En 1964, Ariel Ramírez y Los Fronterizos grabaron la Misa Criolla, que trascendería como una de las obras más importantes de la historia musical del país Foto: X @cremetoursBA

Este 2024, se cumplieron 60 años de la grabación de una de las obras musicales fundamentales de la Argentina: la Misa Criolla. En 1964, el santafesino Ariel Ramírez tuvo la urgencia de componer y registrar el hito musical que trascendería las décadas y las fronteras, al fusionar de forma magistral textos de la liturgia católica y distintos subgéneros del folclore nacional, conmoviendo a personas de todas las edades, más allá de las creencias, y consagrándose entre los grandes compositores de Latinoamérica.

Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei son las canciones que conforman la famosa Misa Criolla y que, a su vez, representan cinco partes de la liturgia católica. El conjunto folclórico salteño Los Fronterizos y el coro de la Cantoría de la Basílica del Socorro, dirigido por el sacerdote Jesús Gabriel Segade, fueron los encargados de grabar la primera versión de la obra de Ariel Ramírez, que sería la mas recordada y aclamada a nivel internacional.

“Sentí que tenía que escribir una obra, algo profundo, religioso, que honrara la vida, que involucrara a las personas más allá de sus creencias, de su raza, de su color u origen. Que se refiriera al hombre, a su dignidad, al valor, a la libertad, al respeto del hombre relacionado a Dios, como su Creador”, manifestó el consagrado músico en una entrevista al medio Raíces Argentinas en 2006, al hablar acerca de qué lo inspiró a crear la Misa Criolla.

Ariel Ramírez falleció el 18 de febrero de 2010 en Monte Grande. Foto: Secretaría de Cultura de la Nación

Para poder transmitir el mensaje espiritual de la liturgia sobre su composición musical, Ramírez contó con la colaboración de los sacerdotes Osvaldo Catena (asesor de Liturgia para América Latina), Alejandro Mayol y el ya mencionado Jesús Gabriel Segade. Asimismo, para escribir la letra de cada canción, los curas se basaron en el texto de la Comisión de las Iglesias de América Latina, luego de que el Concilio Vaticano II permitiera la traducción de los textos religiosos a todos los diferentes idiomas.

Pero la Misa criolla no es la única obra trascendental de la carrera de Ariel Ramírez. En simultáneo, el artista santafesino compuso la Navidad Nuestra, incluida como lado B del álbum. Esta obra conceptual se basa en los textos del historiador y escritor Félix Luna, en la que destaca la popular canción Los Reyes Magos que resuena en cada pesebre viviente, en las ceremonias eclesiásticas, días previos a la Navidad.

“La Misa Criolla y la Navidad Nuestra fueron protagonizadas siempre, desde su partitura original, por voces solistas acompañadas por instrumentos como el charango, la guitarra, la percusión de Domingo Cura y el piano de Ariel Ramírez. Los solistas, en ese caso, eran Los Fronterizos. Y había, detrás de ellos, un coro que hacía como el acompañamiento vocal”, explicó Juan José “Colo” Vasconcellos, guitarrista de la agrupación Ahyre (ex Los Huayra), en diálogo con MDZ.

El origen de la Misa Criolla

Sin dudas, la Misa Criolla llega a transmitir un mensaje espiritual que trasciende la liturgia y la creencia religiosa, sobrecogiendo a millones de personas con cada detalle y arreglo musical, la potencia de las voces y el recorrido a través de los distintos ritmos folclóricos nacionales. Pero, lejos de inspirarse de lleno en la cultura argentina y la religión, la idea de esta pieza fundamental nació cuando Ramírez regresaba a su país en barco tras un extenso viaje por el viejo continente.

En los años ’50, el músico, que entones carecía de fama y reconocimiento, había decidido viajar a Europa para seguir formándose como artista, luego de verse fascinado por la música nativa al ejercer como docente rural. Fue así que, cuando rondaba los treinta años, viajó para estudiar en la Academia de Viena y, más tarde, en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid. Tras ello, conoció en Italia al padre Antuña que lo presentaría a un cura holandés. Este último, llamado Van Len, fue quien lo recomendó para residir en un convento de la ciudad alemana de Würzburg, “una pequeña y hermosa localidad a unos 100 kilómetros de Franckfurt", tal como recordó Ramírez en alguna de las tantas entrevistas que dio.

En ese convento conoció a las dos hermanas que lo inspirarían a crear su más célebre obra: las hermanas Elisabeth y Regina Brückner, de la orden de Mariannhill. “En ese convento no podía hablar con nadie, porque nadie sabía español, ni francés -que yo tartamudeo un poco-, ni italiano. Hasta que alguien, dentro del convento, me cuenta que había dos monjitas que hablaban español. Las fui a ver, y en realidad no hablaban español sino portugués. Pero empecé a visitarlas todos los días. Primero, porque me convidaban con muy buenos platos y, después, porque eran encantadoras", relató Ramírez.

Desde la ventana de la cocina del convento, según contó en varias oportunidades el pianista, podía contemplar el paisaje verde del campo alemán. Además, veía a lo lejos una casona “que a lo lejos se dibujaba de blanco con las últimas nieves de la primavera”. Esa belleza provocaba gran emoción en el entonces joven músico, que evocaba: “Me parecía estar un paso más arriba de la tierra". 

Sin embargo, ese lugar que irradiaba tanta belleza escondía, en el fondo, una historia pasada de lo más sombría: había sido un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Las hermanas le confesaron que el campo de concentración había dejado de funcionar hacía no más de cinco años y que, conmovidas por las almas de los hombres secuestrados, cada noche se acercaban a darles las sobras de comida del convento, poniendo en riesgo a sus propias vidas.

“Se apiadaron, y todas las sobras de comida del convento, una noche las metieron en unas bolsas, y poniendo en riesgo su vida -porque era la horca o ayudar a un judío- escarbaron al lado de la alambrada y la pusieron allí. Fue la primera noche, y al día siguiente el paquete no estaba; al siguiente lo volvieron a hacer, y así siguieron durante un año y medio. Ayudando, no sabían ellas a quién. Pero esa pobre gente que estaba esperando la muerte en cualquier momento, las miraban, y esos ojos eran de agradecimiento", recordó Ramírez y aseveró: “Al finalizar el relato de mis queridas protectoras, sentí que tenía que escribir una obra”.

Ariel Ramírez y la "Negra" Sosa grabaron la Misa Criolla ganadora de un Grammy. Foto: Secretaría de Cultura de la Nación

En 1954, cuando viajaba en barco desde Liverpool hacia Buenos Aires para establecerse con su familia en la Argentina, recordó el relato de las hermanas, convenciéndose a crear la obra en su honor. “Empecé a pensar en toda la solidaridad humana, todo el amor que había recibido, de parte de gente extranjera con la que apenas podíamos comunicarnos por el desconocimiento mutuo de nuestras lenguas. Me conmovía pensar en que todo lo que recibí fue exclusivamente por amor a mi música y a mi persona, hasta que comprendí que sólo podía agradecerles escribiendo en su homenaje una obra religiosa. Pero no sabía aún cómo realizarla”, confesó.

Ya de regreso en su país natal, Ariel se dispuso a iniciar la obra de su vida. Habló con su amigo, el sacerdote, Antonio Osvaldo Catena, con quien concibió la idea de “componer una misa con ritmos y formas musicales de esta tierra”. Y así nació la Misa Criolla que todos conocemos.

Desde la Negra Sosa a Abel Pintos: las célebres versiones de la Misa Criolla

La Misa Criolla cuenta con decenas de versiones a lo largo del mundo, en honor a Ariel Ramírez. En 1974, Zamba Quipildor se encargó de realizar su interpretación de la obra popular en Italia, con el coro Los Madrigalistas. Años más tarde, en los 2000, la mismísima Mercedes Sosa grabó la Misa Criolla en un álbum que recibió el premio Grammy Latino.

La Ciudad del Vaticano fue uno de los sitios donde se interpretó en vivo la Misa Criolla. Fue en 2014, cuando Patricia Sosa cantó en la basílica de San Pedro, para la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe en una misa presidida por el Papa Francisco.

Como si fuera poco, hace dos años, con motivo de conmemorar a Ramírez en el aniversario de su nacimiento, el mítico Teatro Colón fue el espacio elegido para presentar la Misa Criolla de Abel Pintos, con la participación del célebre compositor Chango Spasiuk.

La Misa Criolla “rebelde” de Los Huayra

Otra de las versiones más populares, y diferentes, de la Misa Criolla es la que realizaron Los Huayra en formato sinfónico en 2011. Los músicos, conmovidos y fascinados por la idea conceptual que tuvo Ariel Ramírez, se dispusieron a crear su propia interpretación junto a la Orquesta Sinfónica de Salta.

“Nosotros siempre hemos tenido la inquietud de abordar trabajos discográficos desde una línea conceptual general. Creemos que un disco puede ser un grupo de canciones que conforma un repertorio o que, como finalmente terminamos siempre eligiendo, es proponer un viaje conceptual en donde puedas entender que una canción es parte de un todo. Donde una canción es un eslabón de una cadena que viene a contarte una historia”, consideró "Colo" Juan José Vasconcellos, guitarrista de Ahyre (ex Los Huayra), en diálogo con MDZ.

“La Misa Criolla nos pareció de manera orgánica y natural, en ese momento, una obra conceptual a la que nos tenía acostumbrados, siempre, Ariel Ramírez. Él siempre ha tenido esa perspectiva y, mucho tiempo antes de que tuviéramos toda la tecnología que existe hoy, componía con su piano y elaborando obras conceptuales con una genialidad total”, reconoció el guitarrista, revelando por qué decidieron hacer su propia versión de esa obra. “Era más bien un deseo musical. Más allá de los contextos religiosos e ideológicos que pueden presentar obras como la Misa Criolla, nos trascendía y nos cruzaba mucho más fuerte la idea conceptual de este repertorio”, agregó.

Su versión se destaca por ser más “rebelde”, puesto que, en vez de contar con el coro como lo hace la grabación original, trabajaron con la Orquesta Sinfónica de Salta. “Pensamos en una versión sinfónica en donde los solistas fuéramos, en aquel momento, Los Huayra (ahora Ahyre), con nuestro sonido -que también tiene batería y guitarra eléctrica-. Todo eso, acompañado y aggiornado con la orquesta sinfónica alrededor. Buscamos adaptar la idea y tratar de respetar la esencia de la partitura original y, a su vez, respetar el sonido de Los Huayra. Era como un mix que fuimos buscando cuidadosamente durante muchos meses”, enunció el también arreglista de la agrupación salteña.

Entonces, como banda tenían el desafío de adaptar la obra a su sonido y hacer arreglos para decenas de instrumentos. “Siempre estuve acostumbrado a hacer los arreglos para nosotros seis, en ese momento. Fue mi primera experiencia haciendo arreglos para 60 instrumentos lo que, para mí, fue un aprendizaje y un desafío enorme. Lo hice muy intuitivamente hasta cierto punto. A partir de la conexión con la gente de la orquesta, Juan "Loro" Jiménez, cariñosamente conocido acá en Salta, empezamos a darle forma a la parte estructural de ese arreglo sinfónico. Cuando llegó el momento de la grabación pudimos conseguir una sala muy grande como para que entrara la orquesta. Coordinar tiempos, la música y las tomas ha sido realmente un desafío que, para nosotros en ese momento, era inédito”, declaró Vasconcellos.

Tanto en la grabación original como en su versión, “se abordan diferentes ritmos folclóricos de todo el contexto geográfico de Argentina”. “Encontrás una huella, una chacarera, un chamamé, una vidala, entre tantos otros ritmos. Es una obra súper rica y variada en cuanto a los ritmos, en cuanto a la armonía. Es una cosa que evidentemente Ariel Ramírez llevó a cabo en su obra: poder cubrir esta cantidad y este crisol de ritmos que tenemos en el territorio argentino”, expuso el artista que, además, recordó la presentación del álbum en la plaza 9 de Julio en el centro de Salta.

“Hay algo en esta clase de obras culturales, musicales, que toca fibras populares que tienen que ver con el sentimiento, con la fe de la gente y con un montón de acervos culturales que venimos trayendo desde hace siglos. Sin lugar a dudas, esta obra tiene mucho de esa magia que a nosotros nos interpela a través de la emoción que la música nos provoca. La música, una vez más, oficiando de puente para que nos podamos encontrar entre seres humanos”, concluyó el músico.