La Corte Interamericana rechaza declarar el aborto como derecho
El caso Beatriz v. El Salvador es una historia de dos vidas. Beatriz es una madre con una vida ardua. Tiene un hijo pequeño y padece lupus, una enfermedad autoinmune. Toda enfermedad autoinmune dificulta la vida. En ese contexto, Beatriz queda embarazada de una niña, una niña con discapacidad. Esa niña, es una niña a la que Beatriz le elige un nombre “Leilani Beatriz”, porque significa “niña del cielo”. Esa niña tiene anencefalia. Y su corta vida termina después de haber sido acunada por su madre, muere a las cinco horas del parto. Su madre va a visitarla a la tumba después de su muerte y le habla. Beatriz, cuatro años y cuatro meses más tarde muere por las complicaciones derivadas de un accidente vial.
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La historia de Beatriz y Leilani es una de esas que nos muestran que el vínculo materno-filial es fuerte y único. Entonces cabe preguntarse ¿por qué este caso llega a la Corte Interamericana de Derechos Humanos? ¿por qué se ha utilizado una historia y a una familia y a dos mujeres en una supuesta lucha de la agenda de la mujer respecto al “aborto”?
Este caso se ha vuelto emblemático en los últimos años. Pero por dos motivos llega hasta lo más alto del tribunal regional: por la tortura psicológica y personal que sufrió Beatriz, y por la manipulación que hicieron del caso diversas organizaciones favorables al aborto, que, según se documentó, invirtieron ingentes sumas de dinero en transformar la vida de Beatriz en un caso abstracto y contorsionarlo de tal forma, que fuera una excusa para legalizar el aborto. Es decir, para hacer del aborto, que según la Convención Americana sobre Derechos Humanos debe ser erradicado progresivamente en dónde exista, un derecho sexual y reproductivo. La militancia ideológica y la realidad de una madre vulnerable son las dos caras de la moneda en esta historia.
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Beatriz vivió un infierno
Le llegaron a decir que si no abortaba dejaría a su hijo mayor huérfano. Le atormentaron el embarazo. ¿Era cierto lo que le decían? No, la prueba está en la evidencia. Fue trato cruel, inhumano y degradante y habría posiblemente podido iniciar acciones contra quienes procuraron forzar su consentimiento a abortar sobre la base de escenarios que se demostró que no eran reales. Para ella, Leilani era “la niña del cielo” a la que acunó.
¿Beatriz murió porque no se practicó el aborto? Gracias a Dios, no. Visitó a Leilani a la tumba y tuvo una vida con su hijo que culminó por un accidente de tránsito cuatro años y cuatro meses más tarde. Ninguna relación con la muerte. Y esto es algo que explícitamente ha comunicado la sentencia reciente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Nunca se sabrá cómo habrán influido las torturas psicológicas que recibió para enajenarle su vida y hacer de esa historia un caso testigo. Pero incluso esta desfiguración de su historia es un agregado más a la manipulación que hicieron de su vida las organizaciones pro-aborto.
¿Quién sostenía la petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos? Los familiares de Beatriz, que recibirán ahora la indemnización y las organizaciones de la sociedad civil que pretendían que tuviera éxito el caso. Esto último no es menor, y esta historia merece ser contada de manera completa. Es importante destacar que las ONG demandantes en este caso son organizaciones que promueven la creación de un derecho al aborto en Latinoamérica y en El Salvador mediante activismo político y litigio estratégico.
En efecto, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL) , la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico de El Salvador, e Ipas son algunas de las que aparecen en el informe de fondo de la CIDH. Esta última organización, se dedica explícitamente a capacitar médicos para realizar abortos en el segundo trimestre de gestación y a promocionar sus propias cánulas abortivas, lo que refleja un conflicto de interés económico, y que organizaciones como el Global Center for Human Rights denunciaron sistemáticamente en la previa a esta sentencia.
Y aquí llegamos al desenlace jurídico regional de esta historia de manipulación
- ¿Por qué es un éxito del sistema de derechos humanos el caso Beatriz?
- ¿Por qué les ha dejado “un sabor amargo” a las organizaciones abortistas?
- Porque las presiones extraordinarias que sufrió la Corte pudieron ser demostradas.
Ha habido una inclaudicable campaña que tenía un solo objetivo: contar la historia completa, y así, lograr desideologizar una historia que tiene mucho más de compromiso con la maternidad que con la muerte y la discriminación a niñas con discapacidad. Sebastián Schuff, presidente del Global Center for Human Rights, ha comunicado recientemente que la resolución es una “gran victoria” porque la Corte Interamericana de Derechos Humanos estipuló que este caso no tenía relación con el pretendido derecho al aborto.
Con la épica de David (los defensores pro vida) y Goliath (las organizaciones que habían cooptado el caso y la vida de Beatriz), todo lo invertido para legalizar el aborto fue en vano. La Corte no se pronunció sobre el asunto y en cambio sí abordó la violencia institucional de las amenazas médicas y la contrariedad de los mensajes que recibía Beatriz, que añadieron a su embarazo, un sufrimiento mayor. Ahora, los Estados partes deberán establecer protocolos de acompañamiento de los embarazos en riesgo algo que, en Argentina, debería aplicarse preventivamente, sobre todo porque la ley vigente de aborto deja solas a las mujeres en estas circunstancias, de la manera más cruel.
Podría haber hecho más la Corte Interamericana de Derechos Humanos
Sí, podría haber afirmado el derecho a la vida sin discriminación para todos: para todas las madres, para todas las niñas, especialmente para Leilani y para todas las niñas con discapacidad, para que el derecho a la vida no sea un privilegio de pocos ni dependa de la concesión de alguien, sino que sea garantizado para todos, siempre, sin discriminación.
Pero fueron años de tergiversar y utilizar los instrumentos regionales para penetrarlos con la ideología pro descarte selectivo de personas. Este caso, es sin dudas, un hito para ponerle un freno al progresismo y una gran advertencia para la nueva conformación de este tribunal regional: todo América los observa y cuestiona su transparencia luego de que se hiciera masivo cómo se tergiversan los casos en pos de intereses de lobbys poderosos y perversos.
Nos queda la esperanza de seguir bregando para que los jueces de la corte IDH sean fieles a los derechos fundantes de la propia Convención: el respeto irrestricto a la vida y la dignidad de cada ser humano por encima de toda ideología.
* Ana Marmora, Abogada. Diplomada en Derechos Humanos por la Universidad Austral. Maestrando en Gestión de la Administración Pública.