Presenta:

Nazis en Mendoza: Brücher, plantas inmortales, narcos y un homicidio intrincado

La increíble historia de Heinz Brücher, el nazi que vino a Mendoza, trabajó como científico ocultando su pasado y fue asesinado en Luján.
Heinz Brüchern, el nazi que creaba plantas inmortales.
Heinz Brüchern, el nazi que creaba "plantas inmortales".

Otra historia que seguramente ignoramos. La comentamos en una oportunidad, pero “el público se renueva”. Y si pasó en la Mendoza de ayer, indefectiblemente pasará por esta columna de MDZ: “La muerte del genetista de Hitler que inventaba plantas inmortales y buscaba la higiene racial y será asesinado por un grupo narco en Mendoza porque se metió contra el negocio de la cocaína”. ¿Qué tal? Si bien como título es larguísimo y merecería el reproche de cualquier buen editor, es real. La llegada a Mendoza de Heinz Brücher estuvo enmarcada en la red que encubrió y protegió una serie de jerarcas y “cerebros” nazis en Argentina durante los tiempos del peronismo finalizando la segunda guerra mundial. He aquí la historia.

 “El alemán”, o Don Enrique, así lo reconocían a Heinz Brücher (1915 – 1991) en Ugarteche, distrito de Luján de Cuyo, donde morirá misteriosamente en su finca mendocina denominada Cóndor Huasi (“la posada del cóndor”).

Un metálico cóndor gigante, igual a la imagen nazi del emblemático “águila imperial alemana”, identificaba la entrada al predio. Brücher había nacido en Darmstadt (Hesse - Alemania) un 14 de enero de 1915. Era un genetista alemán, miembro científico encumbrado de la “Unidad Especial de Ciencias” de la SS Ahnenerbe, o sea, de la "Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana" que sostenía entre sus postulados la superioridad de los arios sobre otros grupos étnicos.   

Como ya lo expresáramos, su arribo a Mendoza formó parte de una red que protegió a nazis en toda la Argentina. Vaya un ejemplo: Josef Mengele trabajó como supuesto carpintero en el partido bonaerense de Vicente López.

Brücher había tenido un rol preponderante en momentos del conflicto bélico internacional desde la agencia nazi “SS” (Schutzstaffel) al secuestrar el “banco de semillas” más grande del mundo en Ucrania. Una vez en Argentina se incorporará como docente a la Universidad Nacional de Tucumán durante 1948. Abandonará su lugar en la provincia norteña sin motivos aparentes para trasladarse a Caracas (Venezuela) y Asunción (Paraguay) y terminará su derrotero en Mendoza, trabajando en la Universidad Nacional de Cuyo, donde continuará los proyectos botánicos iniciados en Alemania que concluyeron creando un virus que será el motivo de su muerte. No porque se contagiará. Si porque se metía con intereses comerciales.

 Indudablemente alguien poderoso no quería que aquel invento saliera a la luz. Lo asesinaron. Murió asfixiado. Fue el 17 de diciembre de 1991. Estaba solo. Sus dos hijos y su mujer habían muerto muy misteriosamente en Caracas. En Mendoza nunca lo escucharon hablar de su familia. Tenía 76 años. Nadie más preguntó por él. Su expediente desapareció. Lo enterraron en el cementerio de Lujan de Cuyo. Eso dicen.

Proyecto plantas  "superiores e inmortales" 

Heinz Brücher había sumado méritos ante el mundo nazi cuando esgrimió su proyecto de crear un huerto experimental de “plantas superiores e inmortales” que abasteciesen al Tercer Reich. Su plan consistía en producir plantas que se reprodujeran en cualquier geografía terrícola y bajo los rigores de todos los climas, resistentes a plagas, sequías o inundaciones. Su objetivo militar: juntar los recursos fitogenéticos de los centros científicos experimentales en las zonas ocupadas por el régimen hitleriano y sobre todo en los territorios rusos.

Heinz Brücher

Logrará su cometido arrebatando las plantas experimentales de Crimea y Ucrania donde el científico ruso Nikolái Vavílov (1887 – 1943), especialista en genética, había desarrollado un programa en pos de la biodiversidad recolectando plantas y semillas de todo el mundo con el fin de lograr alimentos para paliar el hambre universal.

Todo lo secuestrado (colecciones multitudinarias de germoplasma vegetal) será trasladado a Austria por Heinz Brücher con el fin de producir un plan de hibridación para crear “semillas inmortales”.  La derrota nazi truncará el proyecto, haciendo además que cientos de nazis escapen a determinados países que les darán asilo. Argentina entre ellos.

"Terminar con la cocaína"

El alemán Brücher empezó a trabajar en la Universidad de Cuyo en 1954. Se desempeñó en el Departamento de Investigaciones Científicas que dirigía el meteorólogo alemán Walter Georgii, quien fue sindicado como el jefe de los espías nazis en la Segunda Guerra.

Fue en ese departamento de la UNCuyo donde desarrolló gran parte de su otro plan vinculado a la higiene racial que buscaba combatir la cocaína a través de un hongo que aniquilaría las plantas de coca. Era “el stella”, un químico letal para la cocaína que podía actuar sobre sus plantaciones sin afectar otras especies.

Su plan secreto se relacionaba con la eugenesia, esa disciplina que tiene como fin modificar la herencia genética de las personas para mejorar la especie humana, aplicando leyes biológicas y técnicas de la genética avanzada a la agricultura. Desde ese anhelo buscó diseñar una enfermedad mortal para las plantaciones de coca. Una vez que tuvo desarrollado el proyecto, publicó su teoría (1989) y el mundo se enteró de sus avances para contrarrestar el negocio y consumo de la cocaína. Ese fue su error. Ellos se enteraron.

La publicación sobre el científico nazi que vivió en Mendoza.

Los narcos y "un perejil"

Su muerte fue caratulada como un robo que prosiguió con el asesinato a un viejo (Brücher) que vivía solo. Parece chistoso. No se llevaron nada después del “supuesto asalto”. El cadáver conservaba su billetera, el reloj, las habitaciones de la casa no habían sido violentada. Algunos también esgrimieron la sospecha que fue asesinado por el Mossad. Otros por los rusos tras aquel robo del “banco de semillas” a Ucrania cuando ésta todavía pertenecía a la desaparecida URSS. Pero la realidad caminaría por otro sendero.

La policía apresó al “increíble” criminal: Vicente “el paraguayo” Cabrera (el típico “perejil” de toda esena), que era el casero de la quinta, quien tras días de arresto empezó a declarar abriendo una puerta que probablemente no debía y multiplicó las sospechas sobre el asesinato: “Don Enrique me había dicho que viajará a Bolivia con una valija donde iba una jeringa. Allá me iban a esperar. Pero lo mataron antes. Les juro que no fui yo”.

“Yo iba a viajar a Bolivia. Nunca fui y no sé dónde está esa valija”; repetía el paraguayo. Probablemente algún organismo norteamericano de lucha contra el narcotráfico lo esperaría a Cabrera en Bolivia. Vaya a saber. Lo cierto fue que los supuestos afectados (narcotraficantes) no dejaron cumplir el plan a Brücher.  Unos sicarios lo asesinaron. La pesquisa también había nacido muerta. Nadie investigó, ni preguntó nada y el caso se cerró rapidito. ¿Y aquel tal Cabrera? Deberá andar por ahí; vivito y coleando. Mientras tanto, algunos dudan que el cadáver de Brücher siga enterrado en Lujan de Cuyo.