Walter Manucha: cómo vive un científico, la política y su mirada del Conicet
“Tenía claro desde chico que quería trabajar en un laboratorio”, dice con seguridad Walter Manucha mientras revisa la computadora y mira el reloj. Nunca imaginó que ese niño que diseccionaba cucarachas y extraía clorofila de las plantas en el patio de su casa hoy iba a ser vicedirector de Conicet Mendoza y recientemente premiado por el comité de Tech Science Press como Mejor Investigador 2024 en la categoría innovación.
El camino no fue fácil, trabajó, estudió, estudió y estudió. En el medio se casó, tuvo cuatro hijos, se separó y se volvió a casar. Hoy comparte su vida con Alejandra y su hijo que quiere como propio. Ella también es investigadora del Conicet.
“No entendemos porque sabemos lo que es la falta de tiempo. La investigación genera situaciones sociales difíciles porque no es una tarea de oficina. En la investigación no hay horarios. Vos venía acá un domingo y están los chicos en los laboratorios como si fuera cualquier día, hay protocolos que son de noche, hay determinaciones se hacen a las 2 ó 3 de la mañana”, explica Manucha.
Walter Manucha hace 20 años que se dedica a investigación y está convencido de que no hubiera podido avanzar en sus estudios sin el trabajo en equipo, la formación de la UNCuyo y la estructura del Conicet.
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El largo camino hasta ser investigador
Walter Manucha es una eminencia en su campo y tiene reconocimiento a nivel mundial. Sin embargo, su recorrido académico no fue el que el imaginario popular le atribuiría a un científico de su nivel. Tardó 8 años en recibirse en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UMaza porque trabajó durante toda la carrera para pagar la cuota de la universidad.
Al momento de hacer su tesis se inclinó por temas médicos y se recibió con una investigación sobre nefropatía obstructiva congénita que elaboró bajo la dirección de la nefróloga infantil, Patricia Valles, en el hospital Notti.
Años más tarde lo invitaron a disertar sobre su tesis en un congreso de nefrología en Tucumán y fue allí cuando el por entonces director del Conicet, Ricardo Farías, lo alentó a aplicar por una beca que le permitiera ir más allá en sus estudios.
“´Si él te dijo que pidieras una beca, hacelo´, me dijeron. Apliqué y me mandaron de vuelta porque hacía más de 3 años que me había recibido”, recuerda Manucha. Pero ese revés no lo venció. Con determinación se anotó en la Universidad de San Luis y se doctoró después de 8 años en Farmacia.
Recién a los 36 años entró al Conicet con una beca postdoctoral y dos años después ingresó a la carrera de investigador. En 2016, su campo de estudios giró y se metió en el mundo de la nanofarmacología. Manucha es jefe del Laboratorio de Farmacología Experimental Básica y Traslacional. Desde 2022, director del Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (Imbecu, Conicet-UNCuyo) -tiene a cargo 19 laboratorios- y desde este año es vicedirector de Conicet Mendoza. Carrera que combina con la docencia en la UNCuyo.
“Por ahí la gente piensa que ser científico es algo difícil, pero es algo natural, se da de manera espontánea. Para nosotros es placentero, no lo pondrá desde lo económico, sino en la satisfacción de ver un resultado porque uno plantea una hipótesis de un trabajo, pero nunca sabe de la experiencia que va a obtener porque si lo sabe estaría faltando a la investigación”, comenta Walter Manucha.
La nanofarmacologia
Uno de los laboratorios del Imbecu trabaja en el desarrollo de nanofármacos para los tratamientos antihipertensivos. “Si alguna vez tomaste un vaso de leche, estás tomando nanopartículas. El tema es que en el laboratorio se preparan de manera muy especial para mejorar la capacidad que tienen moléculas que se conocen en un fármaco”, explica Manucha para acercar su especialidad a lo cotidiano.
“El paciente con hipertensión arterial tiene que tomar medicación todos los días. Nosotros logramos obtener en fase cero con animales de experimentación hipertensos que una única dosis fue suficiente para controlar la presión durante una semana”, agregó.
Además, la nanofarmacología también se aplica en tratamientos contra el cáncer. Una de las drogas que se utiliza para combatir los tumores es sumamente tóxica y genera caída del cabello, vómito, etc. Con la nanofarmacología lograron que la droga circule por la sangre pero que solo se libere cuando entra en contacto con una célula cancerosa. De esta forma se evitan todos los efectos secundarios de la droga en los pacientes.
La ciencia y la política
La semana pasada un grupo de estudiantes y docentes fue agredido por una pareja afiliada a La Libertad Avanza. Además, desde la presidencia de Macri las investigaciones del Conicet son puestas bajo la lupa del escrutinio público, principalmente, las Ciencias Sociales. Y este año vivieron dificultades por los recortes presupuestarios.
“Es como un deja vú porque yo viví la época de Menem con Cavallo. Vi como mucha gente padeció esa etapa. Vi la propuesta de privatización de las universidades públicas y como decían ´investigadores a lavar los platos´”, recuerda Manucha.
“Creo que esto es un desafío y una oportunidad que pone muy incómoda y muy nerviosa a mucha gente, pero también nos moviliza a reconstruirnos, adaptarnos, adecuarnos y ser resilientes”, añade.
Por otro lado, explica que hay una gran falla de comunicación en la institución que hace que la población en general desconozca las tareas del campo científico y cuestione el uso de los fondos públicos. “El Conicet elaboraba alcohol en gel en la pandemia, está detrás de la ley de glaciares, aporta avances en la lucha contra el cáncer, cuida el medio ambiente y las ciencias sociales también son importantes porque interpelan en todos los ámbitos. Nadie se va a molestar con una auditoría porque somos uno de los organismo más evaluados hasta a nivel internacional”, detalla.
Por otro lado, Walter Manucha tiene una mirada crítica sobre el Conicet y asegura que tiene que modernizarse para ser atractivo para los jóvenes ya que los becarios son las bases de la investigación. Piensa que hay que reducir los años de doctorado y desterrar la idea de que cada becario tiene que seguir la carrera de investigación, al contrario, el perfeccionamiento debe prepararlo para salir al campo laboral privado.