La familia de origen: en la adopción sabemos que las mamás son dos
Un día le pregunté a un hijo adoptado que vivía con su familia desde los pocos meses de vida: “¿Pensás seguido en tu familia de origen?”. Sin dudarlo, respondió: “Todos los días”. Me quedé pensativa frente a la respuesta y él también.
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Lo cierto es que la herida primaria o pérdida de la familia de origen, aunque nuestros hijos no la recuerden, deja en ellos no solamente una profunda herida a sanar sino también un gran vacío a llenar. Esa herida primaria, esa familia de origen siempre va a ser una realidad viva en la psiquis de nuestros hijos. Preguntas, fantasías, incertidumbres, un vacío de rostros, voces, hechos, que siempre estarán presente en la historia de las personas adoptadas.
Para que nuestros hijos puedan hacer una sana integración de sus vidas es muy importante poder ir llenando de contenido esos vacíos y preguntas sin respuestas porque éstos provocan muchas veces angustia, confusión, incertidumbre. Y, cuando en la medida de lo posible, nuestros hijos van completando el rompecabezas de sus historias, van pudiendo mitigar la tristeza que en general genera el vacío.
Hay que hablar de búsqueda y transmisión de orígenes
Los padres adoptivos, es deseable que, dentro de nuestras posibilidades, le transmitamos, por más doloroso que sea y siempre adaptando el contenido a la edad y madurez de nuestros hijos, las cosas que sabemos de sus historias y los apoyemos en sus búsquedas.
Desgraciadamente, hay veces que no tenemos información. En ese caso es importante transmitirle a nuestro hijo que sabemos la angustia que a veces da no saber, que estamos ahí también con ellos sosteniendo ese vacío y sabiendo lo que siente. Hacer visible una realidad que existe; y si existe para ellos, también para nosotros. Negarla, ocultarla, hacer de cuenta que no “es” no hace más que agrandar el vacío que cargarán en soledad.
A la hora de buscar es importante preparar a nuestros hijos
Porque es cierto que frente a alguien que quiere buscar tiene que haber alguien que quiera ser encontrado. Nuestros hijos tienen que ser conscientes de que el proceso que quieren iniciar no solo depende de ellos y que muchas veces tienen que esperar a que del otro lado estén preparados para el encuentro.
Yo durante mucho tiempo pensé que cuando alguna de mis hijas quisiera encontrarse con su madre de origen, la apoyaría; me imaginaba cómo sería, tenía pensado llevarla a alguna confitería donde pudiera tomar algo con ella, le daría la plata para que pudiera invitarla, la esperaría en el auto muy cerca del lugar… en fin, lo tenía todo pensado; pero las cosas después se dan de la manera menos pensada.
Un día estaba yo trabajando tranquila en mi casa cuando mi hija llega con una ancha sonrisa y me pregunta si podía encontrarse con su madre biológica, ya me preparaba yo para empezar a decirle todas las cosas que había pensado expresarle en semejante momento, pero mi hija, intuyendo mi reacción y sin decir agua va, me mira y me dice “ya la vi”. La sorpresa fue enorme, me quedé helada, no sabía cómo reaccionar. Todavía yo con la boca abierta veía que estaba contenta y serena y mi primera reacción fue sentirme tranquila y escucharla contarme su relato.
Fue a la mañana siguiente cuando me asaltaron todas las dudas, prejuicios e inmensos temores que se agigantaban con el correr de los minutos profetizando calamidades. Entramos en unos cuatro días de incertidumbre y crisis; ella lloraba, yo también, discutíamos… las dos estábamos asustadas y confundidas.
Tardé días en darme cuenta que me estaba dejando llevar por mis fantasmas interiores, que lo único que estaba haciendo era dejar de apoyarla en una búsqueda legítima, la estaba dejando sola, la estaba lastimando. Confiar, en el vínculo que tenemos con nuestro hijo, confiar ciegamente permite que la búsqueda se desarrolle desde un lugar en el que nuestro hijo se sienta apoyado justamente ahí donde tiene su herida vital.

Mi hija empezó a ver a su madre cada tanto y a poder a volver a ponerle voz y rostro
Pudo encontrar muchas respuestas, pudo entender, pudo perdonar y pudo recibir el perdón genuino. Al principio los encuentros eran frecuentes. Con el tiempo fueron encontrando su propio lugar. Y hasta una mañana nos encontramos ella y yo, las dos mamás, frente a frente, mirándonos en silencio con lágrimas en los ojos. Me encontré con una mujer que llevaba un gran dolor, que había sufrido lo indecible y que ahora se encontraba construyendo una vida estable. Una mujer que me hizo sentir segura, respetuosa y que me repitió más de tres veces “lo único que le pido es que no me tenga miedo”. A esa mujer hoy le agradezco desde lo más profundo de mi corazón el haberle dado vida a mis hijas.
Confiar en el vínculo, trabajar nuestros miedos, aceptar la historia de nuestros hijos tal y como es, y al final del trayecto nos daremos cuenta que gracias a esa búsqueda el vínculo con nuestro hijo se hizo más fuerte, más seguro, más robusto, más entrañable.
Cada persona adoptada tiene una búsqueda distinta
Hay algunas similares, otras no tanto. Habrá momentos de zozobra quizás, dificultades, procesos de todos los estilos y colores, uno más felices que otros seguramente, pero si nuestro hijo se siente apoyado en su búsqueda, si sabe que no está solo, de lo que sí estoy segura es de lo sanador y clarificador que va a ser esa búsqueda para él… y seguramente también para nosotros.

* Cristina Ma. Goldaracena. Madre Adoptiva. Counselor en adopción y acompañamiento familiar.

