Día de la Medalla Milagrosa: historia y promesas
La Medalla Milagrosa es una imagen religiosa que está muy presente en distintos lugares del país, ya que tiene una gran cantidad de devotos. Por ejemplo, es una estación de la línea E del subte que se encuentra ubicada debajo de la Autopista 25 de Mayo en el barrio de Parque Chacabuco. La estación fue inaugurada el 27 de noviembre de 1985, pocos días más tarde que la siguiente estación Varela. Recibe su nombre por encontrarse en proximidades a la iglesia y colegio parroquial con el mismo nombre. Pero, la historia de Buenos Aires no es el motivo de esta nota, sino la historia de la Virgen María y sus fieles.
Un poco de memoria
Desde la Revolución Francesa (1789) en adelante, una cadena de conspiraciones, revueltas y guerras había alterado al continente europeo y se concretó en una persecución no sólo contra el clero sino contra toda la Iglesia. Estas situaciones se continuaron a través de los años hasta que en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, un misterioso niño aparece en la habitación de santa Catalina Labouré, joven religiosa, en el convento parisino de las Hijas de la Caridad. El niño se dirige a la santa y le pide que vaya a la capilla. Alli, estaba la Virgen María esperándola. Luego de conversar durante horas, la Virgen desaparece. No es sino hasta el 27 de noviembre del mismo año cuando la religiosa vuelve a tener una visión de la Virgen.
Esta vez, María aparece de pie sobre lo que parece ser la mitad del globo terráqueo, sosteniendo una pequeña esfera dorada en sus manos y con la mirada en dirección al cielo. Allí le explica que la esfera representa al mundo, y de manera particular a Francia. Entonces, la Madre de Dios pide a Catalina que acuñe una medalla en la que se reproduzca lo que han visto sus ojos y le promete que "quienes lleven puesta esa medalla recibirán grandes gracias, especialmente si la llevan alrededor del cuello".
La medalla milagrosa
Para entender la importancia de este símbolo del catolicismo se pueden observar sus distintos elementos:
- En el reverso de la medalla aparece la figura de la Virgen aplastando una serpiente como símbolo de triunfo ante Satanás.
- Los rayos que salen de las manos de la Virgen son el símbolo de su misión en el mundo iluminando a quienes lo pidan.
- El símbolo de la cruz y la letra M significa el rol de María como madre de Cristo crucificado.
- Sobre la cabeza de la Virgen pueden observarse doce estrellas como símbolo de los apóstoles.
El adjetivo de la medalla: Milagrosa
Las primeras medallas fueron acuñadas en 1832, con la debida aprobación eclesial. Estas fueron distribuidas por todo París.
En febrero de 1832, París fue devastada por una terrible epidemia de cólera, que causó más de 20,000 muertes. Las Hijas de la Caridad distribuyeron en esta ocasión las primeras 2,000 medallas e inmediatamente comenzaron a tener lugar las curaciones, junto con las conversiones. Por eso los parisinos comenzaron a llamar a la medalla "milagrosa".
Testimonios de milagros relacionados con la Medalla
Alphonse Ratisbonne era un agnóstico que trabajaba como abogado y banquero, y que tenía un odio concentrado por el catolicismo. Durante un encuentro fortuito, un amigo lo desafió a usar la medalla y rezar la oración, y comprobar si podía permanecer sin cambiar en lo absoluto. Ratisbonne aceptó el reto, y la oración comenzó a hacer eco en su mente, Comenzó a soñar con la cruz, lo cual impedía que descansara durante la noche. Mientras contemplaba la arquitectura de una iglesia, vio a María. Quedó inmediatamente convencido de la verdad de la fe católica y fue bautizado, ordenado sacerdote y pasó el resto de su vida como misionero.
Claude Newman era un hombre afroamericano de escasos recursos que vivía en Mississippi, Estados Unidos. Fue enviado a prisión acusado de homicidio en 1942. Una noche, durante una pelea con sus compañeros de celda, alguien lanzó una Medalla Milagrosa y Claude la recogió. Esa noche, se despertó, luego de sentir que alguien le había tocado en la muñeca, y vio a una mujer que se encontraba de pie, cerca de él, y que le dijo: “Si quieres que sea tu madre, y tú quieres ser mi hijo, manda llamar a un sacerdote de la Iglesia Católica.” Despertó a toda la prisión pidiendo a gritos un sacerdote. Quienes conocieron a Claude quedaron asombrados por el cambio que se había operado en él, deseando morir para poder unirse con Dios y ofrecer su muerte por la conversión de otro prisionero que lo odiaba. Solicitó una reunión con el otro prisionero para celebrar su propia ejecución, y fue a su muerte mostrando una gran felicidad.
Catalina Labouré, la visionaria que nos dio la Medalla, cuidó a los enfermos durante toda su vida sin recibir ningún tipo de reconocimiento público por la increíble visión que tuvo, llegando incluso a rechazar una entrevista con el Papa Gregorio XVI. Cuando su tumba fue abierta, en 1933, casi sesenta años después de su muerte, su cuerpo estaba perfectamente conservado sin ninguna señal de descomposición. Sus ojos seguían siendo de color azul, y sus brazos y piernas todavía podían moverse, como si sólo estuviera dormida. Su cuerpo permanece en la misma condición al día de hoy, y se puede contemplar en la capilla de las Hermanas de la Caridad en la Rue de Bac, París.
Sentido de la Medalla
La Medalla Milagrosa tiene actualidad, no como amuleto de los que usa la magia. La Medalla ni es un amuleto ni tiene magia. Lo que contagia la Medalla Milagrosa es una confianza en el poder de Dios y en el cariño de nuestra Madre. Tampoco es una antigüedad, creencias de ancianos, monjas o curas. Los hombres también hoy usan medallas en forma de insignias para indicar cuál es su equipo de fútbol o su partido político. Quien lleva la Medalla Milagrosa, además de ser un pedido a María, quiere mostrar que pertenece al club de la Medalla Milagrosa donde todos los socios son solidarios entre sí, dando sentido a la vida y un objetivo por el que vale la pena vivir con la confianza en uno mismo, en los demás y en Dios.
Necesitamos reavivar la confianza en la Medalla Milagrosa, porque también hoy el mal (llamémosle demonio, satanás o como quieras) parece asfixiar el mundo: huracanes, terremotos, guerras en Oriente Medio, África, atentados, opresiones a los débiles y excluidos, migrantes a los que el hambre arrastra a morir en los alambrados o en el mar, atentados a la vida en todas sus formas (aborto, eutanasia, trata, violencia de genero). Y los gobernantes son incapaces de encontrar solución. Sólo queda confiar en Dios y en María, porque a esta altura, ya muy evidente que sólo una intervención divina, un milagro puede arreglar este planeta, el milagro de la solidaridad y el amor.
* Fabiana Gómez Sabio, es comunicadora y docente.