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"Me quiso matar como a un animal": La violencia que exige no mirar hacia otro lado

Se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La violencia de género es una gran deuda social.
El caso de Débora es uno entre cientos. Foto: Archivo MDZ
El caso de Débora es uno entre cientos. Foto: Archivo MDZ

Este 25 de noviembre se conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el testimonio de Débora, sobreviviente de un brutal intento de femicidio en Núñez, expone la magnitud de una problemática que atraviesa dimensiones sociales, culturales y criminológicas.

El ataque ocurrió en su lugar de trabajo, cuando Sergio Raúl Sarria, expareja de Débora y padre de su hija, irrumpió y la atacó con un cuchillo, asestándole más de 20 puñaladas. Débora sufrió graves heridas en el cuello, el ojo y varias partes del cuerpo. La elección del arma no fue casual; responde a patrones profundamente arraigados en la violencia de género.

"Nunca lo denuncié porque tenía miedo y porque siempre pensé primero en mi hija", relató Débora, poniendo en evidencia el silencio al que muchas mujeres se ven forzadas por miedo a represalias o por el abandono de un sistema que no les ofrece garantías suficientes.

"Nunca lo denuncié porque tenía miedo y porque siempre pensé primero en mi hija".

El cuchillo en los femicidios: cifras y significados criminológicos

El caso de Débora es uno entre cientos. Según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (RNFJA), en 2023 se registraron 250 femicidios, un aumento del 10,6% respecto al año anterior. De estos crímenes, el 26% se cometieron con armas blancas, superando a las armas de fuego (21%).

Por qué los agresores eligen cuchillos

  • Fácil acceso y contexto doméstico: los cuchillos son herramientas comunes, accesibles en cualquier hogar, lo que facilita su uso impulsivo o premeditado, especialmente en contextos donde el 75% de los femicidios ocurren.
  • Proximidad física y carga emocional: el uso de un cuchillo requiere contacto cercano, intensificando el control y la dominación sobre la víctima. En femicidios, esta proximidad física refleja no solo violencia extrema, sino una conexión emocional entre agresor y víctima, que suele estar presente en el 64% de los casos, según relaciones sexo-afectivas previas.
  • Simbolismo cultural y psicológico: en diversas culturas, el cuchillo simboliza violencia pasional e intensidad emocional, convirtiéndose en un instrumento de control y castigo en crímenes de género. Su uso refleja construcciones patriarcales que perpetúan el dominio masculino sobre las mujeres.
  • Escalabilidad y control: a diferencia de otras armas, el cuchillo permite al agresor controlar la intensidad del daño, desde amenazas hasta lesiones fatales, reforzando dinámicas de poder en relaciones abusivas.

Más allá de las cifras: un problema estructural

El caso de Débora evidencia fallas estructurales en la respuesta a la violencia de género. La falta de redes de apoyo, la normalización de la violencia y la insuficiencia de políticas de protección perpetúan esta problemática.

A pesar de haber sobrevivido, Débora enfrenta secuelas físicas y psicológicas que la acompañarán de por vida. Muchas otras mujeres no tienen la misma oportunidad de contar su historia.

El caso de Débora evidencia fallas estructurales en la respuesta a la violencia de género.

Reflexión final: no más nombres, no más silencios

La elección del cuchillo como arma no es solo un detalle técnico, sino una ventana al entendimiento de las dinámicas de poder y los significados culturales que subyacen en la violencia de género.

Débora es un recordatorio de que la violencia de género no es un problema privado, sino una deuda social. Su testimonio nos recuerda que cada mujer que sobrevive a la violencia lleva consigo la esperanza de todas las que ya no pueden alzar su voz.

Eduardo Muñoz.

* Lic Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral

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