Educación pública: 75 años de gratuidad universitaria, 75 años invirtiendo
Este 22 de noviembre se cumplen 75 años de la firma del decreto por parte de Juan Domingo Perón en el que se establece la gratuidad universitaria. A partir de ese momento, el Estado Nacional invierte en todos los argentinos. A raíz del decreto, la población universitaria se duplicó en cinco años y pasó de 66.200 alumnos en 1949 a 135.800 en 1954. Cuarenta y cinco años después, la gratuidad universitaria se convirtió en ley cuando obtuvo rango constitucional.
El antecedente de este decreto se puede encontrar en la Reforma Universitaria de 1918 que tuvo su epicentro en la ciudad de Córdoba. Los estudiantes de esa época se opusieron al carácter arancelado y elitista de las casas de estudio a las que solo podían ingresar las clases acomodadas. Junto con el reclamo, presentaron un proyecto que establecía la gratuidad pero la ley no llegó a tratarse en el Congreso.
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En el momento en que Perón estableció la gratuidad, las universidades argentinas, que en esa época solo eran las de Buenos Aires, Córdoba, Cuyo, La Plata, Tucumán y Del Litoral, eran públicas y aranceladas. El Decreto Presidencial n° 29337 no solo declara el carácter gratuito de la universidad sino que, además, le otorga autonomía. Los gobiernos de facto que vinieron después anularon el decreto y recién en 1983, con el regreso de la democracia, se recuperó la gratuidad que, afortunadamente, aún conservamos.
Somos muchos los que celebramos que el Estado haya comenzado a invertir en educación. Y digo esto porque es claro y evidente que cada peso destinado a la formación de los ciudadanos regresa con creces a la sociedad. La universidad pública y gratuita no sólo nos ha dado cinco premios Nobel y 16 presidentes. También ha sido el lugar de formación de grandes empresarios que han contribuido a la generación de riqueza, la creación de empleo y el desarrollo de tecnología.
A modo de ejemplo, recordemos que Eduardo Elsztain, número uno de la principal empresa propietaria de centros comerciales en el país, se recibió como economista en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Martín Ticinese, Presidente de la cervecería más emblemática con nombre de un municipio del conurbano, también se recibió en la UBA donde obtuvo el título de ingeniero industrial. La lista de egresados de esa universidad sigue e incluye a Enrique Flaiban, CEO de la mega compañía agropecuaria que tiene un diminutivo del apellido de la familia dueña de la empresa.
Estas personas egresadas de la universidad pública emplean a miles de personas, facturan millones de pesos y cuentan en sus puestos de dirección y mandos medios con cientos de egresados de la universidad pública que aplican, en su labor diaria, los conocimientos que adquirieron gratuitamente durante sus años de estudiantes. Claramente, la inversión se recuperó y con creces.
La gratuidad universitaria nos ha permitido forjar una clase media calificada que mejoró su nivel de vida en comparación con la de sus padres. También ha hecho posible el desarrollo de tecnología para que nuestras empresas sean más competitivas y puedan ofrecer productos y servicios de gran calidad tanto en el mercado local como en el exterior. Cómo es posible que alguien piense que los recursos destinados a financiar la educación de calidad es un gasto que se puede recortar sin que genere severas consecuencias.
Desfinanciar la universidad pública es golpear a los trabajadores docentes y no docentes directamente, pero indirectamente es un camino directo al fracaso económico del país. Dejar de invertir en la formación de profesionales de excelencia nos lleva a perder competitividad y perder oportunidades de ventajas competitivas. ¿Qué hubiera pasado si esos mega empresarios no hubieran podido acceder a la universidad pública?.
El mundo se pone cada vez más complejo y exige de profesionales que puedan aportar soluciones novedosas a los problemas que se presentan. Si queremos crecer, debemos invertir y la educación es una de las mejores inversiones que podemos hacer porque estaremos destinando recursos a la formación de los futuros empresarios que generarán la riqueza que necesita el país.
* Jorge Anró. Secretario Adjunto de Fatun.