Jazmín Aragón: la nadadora argentina que se superó y llegó a los Juegos Paralímpicos
Jazmín Aragón nació con una parálisis braquial que afectó su brazo izquierdo, un diagnóstico que marcó su vida y su desarrollo deportivo. A los 7 años, una operación la llevó a practicar natación como recomendación médica por el bajo impacto que tiene este deporte en sus articulaciones y este año alcanzó su primera participación en los Juegos Paralímpicos de París 2024.
A los 8 años, Jazmín comenzó sus clases en la pileta de un hotel, con su madre como profesora. Sin embargo, la natación no fue su primera elección. También practicaba gimnasia rítmica adaptada, pero a los 15 años no encontró esa disciplina en el Estadio Mario Alberto Kempes, lo que la llevó a reconsiderar su camino dentro del agua.
"Al principio no me gustaba, pero con el tiempo me empezó a encantar y comencé a entrenar más en serio", recuerda la cordobesa. Este primer paso fue clave para su carrera como deportista adaptada, ya que descubrió todo el potencial que la natación podía ofrecerle, gracias a que su madre la convenció de continuar nadando.
Jazmín admite que, al principio, no sabía que existía el deporte adaptado ni que personas con discapacidades podían competir a nivel profesional. "Cuando empecé a conocer este mundo y a ver lo que podía hacer, ahí fue cuando decidí dedicarme de lleno a la natación", comentó. Una de sus grandes referentes es Dani Jiménez, una nadadora paralímpica cuya carrera la inspiró desde muy joven y con quien tuvo la oportunidad de compartir los Juegos Paralímpicos de París 2024.
El recorrido de Aragón hacia la alta competencia no fue inmediato, pero con dedicación y esfuerzo, comenzó a mejorar sus tiempos y a participar en competencias más importantes. Fue el apoyo constante de su familia, especialmente de su hermana y su madre, lo que le permitió tomar decisiones fundamentales en su vida, como mudarse a Buenos Aires para seguir entrenando.
El camino hacia los Juegos Paralímpicos de París 2024
Uno de los momentos más memorables en la vida de Jazmín fue la confirmación de su participación en los Juegos Paralímpicos de París 2024. La noticia llegó de forma inesperada y la sorprendió en un lugar poco común: la estación de Constitución. “Estaba esperando el colectivo 53, regresando a casa después de entrenar. Justo en ese momento, mi entrenadora me llamó para decirme que había clasificado. No había podido avisarme antes porque la confirmación llegó después del entrenamiento”, recuerda la cordobesa.
La emoción la invadió por completo. “Cuando escuché la noticia, no terminaba de entender. Fue muy loco porque días antes me habían dicho que no iba a viajar, así que cuando finalmente me confirmaron que sí, fue el doble de emoción”. Todavía en shock, subió al colectivo con lágrimas en los ojos. “Empecé a llorar de felicidad y todos me miraban. No podía parar de llorar y la gente me ofrecía pañuelitos, abrazos. Una señora me preguntó qué me pasaba y le conté. En ese momento, los pasajeros del colectivo se quedaron en silencio, pero enseguida todos empezaron a aplaudirme y felicitarme”.
A pesar de que eran completos desconocidos, las primeras personas en celebrar con ella fueron esos pasajeros. "Me felicitaron de una forma súper linda, y eso lo hizo aún más especial. Es un recuerdo que nunca voy a olvidar", cuenta con una sonrisa, recordando ese día que marcó un antes y un después en su vida como atleta.
Además, su camino hacia los Juegos no estuvo exento de desafíos. Jazmín pasó meses de incertidumbre, esperando una wildcard que finalmente no llegó en la fecha esperada. "Desde febrero ya sabía que era complicado viajar porque, aunque había cinco clasificadas, solo había cuatro plazas femeninas", comenta. La wildcard, una invitación especial que se otorga a ciertos deportistas, debía llegar el 28 de junio, pero la fecha pasó sin noticias.
"La ansiedad y la incertidumbre eran los principales obstáculos. Entrenaba sin saber si iba a poder competir, y eso me generaba mucho desgaste emocional", recuerda. Finalmente, la invitación llegó como última instancia, un mes y medio después de lo esperado, lo que la hizo sentir que todo su esfuerzo no había sido en vano.
Asimismo, Jazmín enfrentó grandes retos para equilibrar su vida diaria. "Empecé a trabajar en febrero y eso, quieras o no, te cansa y te saca tiempo. Hacía malabares para entrenar, trabajar y estudiar", explica.
La rutina le resultaba agotadora: había días en los que llegaba a su casa a las 10 de la noche y al día siguiente debía levantarse a las 5 de la mañana. "Fue un gran obstáculo tratar de rendir al máximo en los entrenamientos mientras hacía las otras dos cosas".
Para superarlo, Aragón se organizó de manera meticulosa, enfocándose en hacer una cosa a la vez y priorizando sus momentos de descanso. "Mi pareja fue un gran apoyo. Llegaba a casa y la comida ya estaba lista, lo que me permitía descansar más. Gracias a él y a una buena organización, pude manejar todo al mismo tiempo", concluye.
En el plano físico, una tendinitis en el hombro derecho también complicó su preparación, lo que la obligó a adaptar su entrenamiento y trabajar intensamente en su fortalecimiento para evitar el dolor. "La lesión en el hombro me limitó bastante, no podía hacer todos los ejercicios ni nadar en los volúmenes habituales", explica Jazmín.
A pesar de las dificultades, la constancia fue clave. "Lo que más me costaba era la frustración, pero aprendí a escuchar mi cuerpo y a respetar los tiempos de recuperación", relata.
Más allá de París 2024
Aunque los Juegos Paralímpicos fueron un gran hito en su carrera, Jazmín ya tiene la mirada puesta en nuevos desafíos. "Nos queda un torneo en Argentina en noviembre, y ahí buscaremos mejorar en otras pruebas", comentó. A largo plazo, sueña con seguir compitiendo en futuros Juegos y, fuera del deporte, culminar su carrera en diseño de indumentaria, la cual cursa en la Universidad de Buenos Aires.
Su mensaje para las futuras generaciones de deportistas adaptados es claro: "Que se animen a hacer deporte, que los límites están en la cabeza. Si tienen un sueño, que trabajen duro para alcanzarlo, porque al final lo más lindo es el camino, aunque no sea fácil".