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Los alentadores datos del fin de semana largo que demostraron que no hace falta el PreViaje

En los principales destinos turísticos hubo alta demanda. En tanto, adjudicaron la baja en comparación al 2023 con la menor llegada de viajeros del exterior.
Los niveles de ocupación hotelera, durante el fin de semana largo, fueron buenos en los principales destinos turísticos, pese a la marcada baja de visitantes del exterior. Foto: Santiago Tagua/MDZ
Los niveles de ocupación hotelera, durante el fin de semana largo, fueron buenos en los principales destinos turísticos, pese a la marcada baja de visitantes del exterior. Foto: Santiago Tagua/MDZ

Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), este fin de semana largo -por conmemoración del Día del Respeto a la Diversidad Cultural- movilizó a 1,4 millones de turistas por el país, quienes gastaron $228.479 millones en las ciudades que forman parte del circuito turístico nacional.

Frente al mismo fin de semana del año pasado, viajaron 7,1% menos de personas y el impacto económico tuvo una baja real de 33,3%. Estos números negativos muestran, en una primera lectura, una caída de la actividad que podría vincularse a la situación económica. Así lo dan a entender funcionarios desde algunos de los principales destinos turísticos, como Bariloche.

El secretario de Turismo del municipio, Sergio Herrero, señaló que "el turismo interno pasa por un momento complicado. En este contexto económico, no es difícil entender por qué. No hay magia posible. La gente tiene menores ingresos y es esperable que recorte en viajes, en esparcimiento. Antes podía, ahora no".

La lectura que hacen en ese distrito contrasta con la información suministrada por CAME y los motivos de esa baja. Según la entidad empresaria, el menor flujo de turistas se explica, en parte, porque el feriado 2023 fue de cuatro días y no de tres.

A esto se suma que el tipo de cambio en aquel momento volvía a Argentina más conveniente para el visitante internacional. De hecho, desde hace meses los turistas del exterior – especialmente de los países limítrofes – se han reducido notoriamente. Esta menor demanda no está vinculada con la situación económica de los argentinos sino con un tema cambiario.

De todas formas, según el relevamiento y la información que fueron suministrando desde los organismos de turismo de distintas provincias muestran que el nivel de ocupación hotelera se ubicó en el 80% en promedio, un número alto para un período de temporada baja.

Puerto Madryn

Por ejemplo, Villa Carlos Paz (90%), Puerto Madryn (95%), Paraná (90%), Potrerillos y San Rafael (80%) San Martín de los Andes y Villa La Angostura (70%), Cafayate (80%), Santa Fe (90%) y Bariloche (90%). A estos números, que indican un nivel de actividad importante pese a la disminución de los turistas extranjeros, hay que analizar también en un nuevo contexto.

Los costos internos en materia de turismo subieron fuerte en dólares y muchos argentinos, que el año pasado elegían viajar por el país, ven como atractivo ahora algunos destinos internacionales. Es decir que la menor presencia de argentinos no debería adjudicarse de forma absoluta a la crisis económica sino a una migración de los viajeros desde el turismo interno al internacional.

Eso se confirma en el crecimiento que está registrando desde comienzo de año la cantidad de pasajeros en vuelos internacionales, mientras que bajan los de cabotaje. La actual situación, con un fin de semana de buena actividad, se alcanzó sin el programa de subsidios PreViaje, que existía el año pasado.

"Este año, la ausencia del programa Previaje fue compensada por el incremento en la oferta de torneos deportivos, culturales y un potente calendario de encuentros", señala la CAME.

El sistema surgió como consecuencia de la pandemia y la larga cuarentena que dispuso el expresidente Alberto Fernández. El sector turístico – hoteles, gastronomía, empresas de transporte terrestre, fluvial y aéreo – estuvo varios meses sin operar y sin ingresos.

Al comenzar a flexibilizar las restricciones sanitarias se dispuso este plan que reembolsaba a los consumidores el 50% de sus gastos. Reembolso que hacía el Estado, acrecentando el gasto público.

El problema es que, una vez superada la crisis sanitaria y cuando no era necesaria la ayuda estatal, se fueron renovando las distintas etapas del programa y pasó a ser una política de Estado que duró hasta el final de la gestión.

En la práctica, lo que se registró fue un fuerte aumento de precios en los sectores beneficiados que se compensaba (para los consumidores) con el reembolso que recibían. Durante un largo período, el rubro Hoteles y Gastronomía estuvo por arriba del índice general de precios que medía el INDEC, lo que confirmaba que los subsidios alentaron la "inflación turística".

El mecanismo funcionaba con privados que cobraban caro y consumidores que pagaban menos. La diferencia la ponía el Estado a través de los impuestos que pagaba gente que no viajaba o de emisión, que recalentaba la inflación ya desbordada.

El otro dato que hacía más insólito el programa de PreViaje es que era utilizado, en su gran parte, por sectores de alto poder adquisitivo que aprovechaban el descuento para llenar hoteles de 4 o 5 estrellas y restaurantes de primer nivel.

Seguramente, sin la ayuda estatal hubiesen viajado igual. En general, no era utilizado por sectores de menores ingresos porque, aún con el subsidio, no estaban en condiciones económicas de pensar en hacer turismo.

Lo que pone en evidencia esta política de subsidios millonarios al turismo es el uso indebido de los fondos públicos. Quienes la deciden y la aplican no tiene que sacar dinero de sus bolsillos, sino que hacen política con la plata de los demás (en este caso, los contribuyentes). Toda una tentación.

En este fin de semana largo, el Estado no intervino y no dilapidó recursos que son necesarios para cosas más urgentes, en un país con 50% de pobres.

Es posible que, tanto con el PreViaje – que fue más utilizado por los sectores económicos medio y altos – como ahora que no hay subsidio estatal, la mayoría de los que viajan sean los mismos: los que tiene capacidad de consumo (fuera de las necesidades básicas) y de ahorro. La diferencia es que, hasta el año pasado, lo hacían aprovechándose del Estado y ahora con su dinero.