Defender la vida para ser una Nación
Proteger, cuidar y mantener la vida humana para que siga su curso natural es el prerrequisito imprescindible para lograr el objetivo de “respetar el proyecto de vida del prójimo”, del cual se nos habló insistentemente durante toda la campaña electoral. Obviamente, sin vida no hay posibilidad de realizar ningún proyecto.
Por si alguna duda quedara de esas intenciones, en el discurso de Davos en pocas palabras se dio una clara toma de posición: la alusión a “la agenda sangrienta del aborto” explicita que la muerte violenta de los niños por nacer pertenece a un programa político global, del cual el actual gobierno no está dispuesto a participar.
Hace unos días el decreto 55/2024 designó a 2024 como el “Año de la Defensa de la Vida, la Libertad y la Propiedad”, no solo para que aparezca como lema en toda la documentación oficial de la Administración Pública sino para que se realicen acciones “tendientes a destacar, difundir y concientizar acerca de los valores de la vida, la libertad y la propiedad”.
Es cierto que ni el articulado, ni los considerandos refieren a la vida prenatal, de todos modos, tal aclaración sería redundante e innecesaria. No existe discontinuidad en el transcurso vital. Como bien dijo el padre de la genética humana, Jêrome Lejeune, “No se trata de una opinión, de un postulado moral o de una idea filosófica, sino de una verdad experimental. Si el ser humano no comienza con la fecundación, no comienza nunca.
Hay quienes esperan ese momento con impaciencia y pretenden acciones más contundentes. Será cuestión de esperar el momento oportuno.
* Myriam Mitrece de Ialorenzi es psicóloga y fue Directora del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica Argentina.

