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Murió a los 91 años el artista colombiano Fernando Botero, uno de los más reconocidos del mundo

Murió en Mónaco, donde vivía desde hacía décadas, tras ser atendido por un grave cuadro de neumonía.

Colombia se encuentra de luto este viernes 15 de septiembre luego de que se confirmara el fallecimiento de Fernando Botero a los 91 años. Se trata del artista local más reconocido a lo largo del mundo. Según informaron, falleció en su casa en el principado de Mónaco. 

Es el artista colombiano más reconocido de la historia por sus incontables obras, que -ya sean pinturas o grandes esculturas- están distribuidas por varias capitales. ‘El pene de su Adán’ es una de las más famosas (está en el Time Warner Center), así como también 'La Muerte de Pablo Escobar' y 'Mona Lisa a los 12 años'.

Nacido en Medellín, rompió todos los récords del arte. Por ejemplo, las 300.000 personas en el Palacio de Bellas Artes en México o 155.000 en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. No hay dudas de que llevó sus raíces a los escenarios internacionales más importantes del mundo (es altamente reconocido en Francia y Estados Unidos), al igual que su esposa, la artista Sophia Vari, quien murió hace cinco meses.

El legado de Fernando Botero en Buenos Aires

Es muy difícil pasar desapercibida una imponente estatua de bronce sobre la Avenida del Libertador, en la Ciudad de Buenos Aires. Sí, es ese torso erguido al borde del Parque Thays, una parte importante del patrimonio cultural argentino. Bajo un estilo neorrenacentista contemporáneo, Botero la creó con sus propias manos y donó al país. 

El torso de bronce ya es parte del inventario cultural porteño.

Inaugurada en mayo de 1994, se trata del gran torso de un hombre tomado desde la zona media de las piernas hasta el cuello. Se resalta exageradamente los músculos del pecho, glúteos, abdominales y muslos de las piernas; no tiene brazos y una pequeña hoja de arce oculta sus partes íntimas.

El talento de este artista colombiano exige que se mire con detenimiento su obra. De hacerlo, los espectadores podrán reconocer una cara con ojos saltones y expresión tranquila, como si estuviera respirando de forma lenta. Aparenta ser un tótem urbano que transmite una paz en medio de la vorágine diaria de la gran ciudad porteña.