Predestinada al nacer: se llama Margarita Flores y lleva 40 años como florista
La florista Margarita Flores es madre de ocho hijos y abuela de doce nietos. Su historia en la florería comenzó a los 16 años pero, de alguna manera, el nombre elegido para ella funcionó como una especie de marca para su vida.
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Fue su madre, también florista, quien la incentivó para que comience con esta profesión, ya que desde muy chica estaba acostumbrada a trabajar en la cosecha de papa, tomate, cebolla y zanahoria. “Me daba vergüenza salir a vender o tener que golpear puertas para ofrecer ramos de flores, porque yo trabajaba en el campo donde nadie te ve, tenés que agachar la cabeza y estar ahí todo el día”, contó visiblemente emocionada.
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El puesto donde realiza la venta de sus flores se encuentra ubicado en el corazón mendocino, más precisamente en la calle San Martín y Peatonal desde hace más de treinta años.
Margarita trabaja de lunes a sábados de siete a once de la noche, contando feriados y sin importar el pronóstico del tiempo. El domingo es su día de descanso a excepción de las fiestas o eventos como el día de la madre donde las ventas aumentan considerablemente. "Mis hijos vienen al puesto para acompañarme y celebramos juntos mientras vendemos algunos ramos", dijo.
Su familia numerosa la formó junto a Gustavo Guevara quien, al momento de conocerse, era su vecino. Decidió casarse siendo muy joven, con 17 años recién cumplidos, y este 28 de diciembre cumplen cuarenta años de casados.
Al hablar de su familia, Margarita se emociona, ya que son muy unidos. Cada domingo prepara una mesa larga para recibir a sus hijos y nietos con sus cónyuges. Dos de sus hijos viven en España y a fin de año su hija Daniela, también florista, planea emigrar a Barcelona donde se encuentran viviendo actualmente sus hermanos.
"La situación actual del país llevó a mis hijos lejos del país. Todos tienen estudios y tomaron la decisión de irse", relató Margarita con dolor por una situación que aún le cuesta mucho asimilar, pero con el consuelo que le deja saber que se van en busca de un futuro mejor. Mientras decía esto, preparaba ramos de flores blancas y, al levantar la cabeza, dice que uno sale adelante trabajando. Incluso, señala que esta convicción se mantiene a pesar de haber sufrido dos robos en el último mes -el más reciente hace una semana- y es la que la hace ir junto a su hija Aldana todos los días a atender su negocio.
Tal como hizo su madre, Margarita se dedica al negocio de las flores y sus hijas siguen manteniendo en pie la tradición de la florería. Este mes es especial ya que entra en furor el pedido de ramos amarillos para darle la bienvenida a la primavera, girasoles, rosas y fresias son de las variedades más pedidas. El perfume invade el lugar mientras los clientes pasan buscando un ramito que genere felicidad y color frente a las vicisitudes de la vida cotidiana.


