Rincon literario

Mendoza: la extinción de los barriletes, y sus consecuencias en el ecosistema menduco

No se puede generalizar afirmando que todo tiempo pasado fue mejor, lo cual tampoco implica que al cambiar vayamos siempre evolucionando. el Rincón Literario, con Pablo Gómez se hace presente en MDZ con un nuevo relato.

Pablo Gómez domingo, 20 de agosto de 2023 · 11:07 hs
Mendoza: la extinción de los barriletes, y sus consecuencias en el ecosistema menduco
Los viejos barriletes de papel fueron reemplazados por otros plásticos, con imágenes de superhéroes. Foto: MDZ

El mes de agosto ya derrapa plácidamente hacia setiembre, y los barriletes siguen sin inundar los cielos de Mendoza. Aunque tal vez estoy observando a las nubes equivocadas, y resulta ser que en los barrios alejados de mis ojos, las alturas sí se tapan de volantines que vencen a la fuerza de gravedad con la ayuda de los vientos. O tal vez ni siquiera miro para arriba, de tan persona
ocupada que soy; pero me parece, aun a riesgo de equivocarme, que aunque agosto ya derrapa plácidamente hacia setiembre, los barriletes siguen sin inundar los cielos de Mendoza.

Hacen ya más que tan solo unos pocos años, aún antes de que comenzara el milenio que nos cobija, creo recordar que en las librerías - papelerías de los barrios podían encontrarse varios insumos. Por el lado escolar, entre otras cosas estaban las hojas “Rivadavia”, y también esas gomas rojas y azules que, si se las usaba por uno de sus lados borraban lo escrito con lápiz, y si se las usaba del otro lado rompían la hoja, desapareciendo en ese acto la tinta que allí se encontraba.  Pero aparte de esos elementos tan útiles para la educación formal, las librerías tenían también en sus estanterías el denominado “papel de barrilete”, del cual desconozco si tenía alguna otra utilidad además de la ya declarada en su nombre. Eran de vender también “piola de barrilete”, la que tal vez era solo piola, pero que en definitiva la persona que la vendía comprendía a cuál de los rollos nos referíamos cuando se lo solicitábamos.

. Por el lado escolar, estaban las hojas “Rivadavia”, y también esas gomas rojas y azules. Foto: MDZ

De este modo estos comercios conseguían, al poner a la venta el papel y la piola para fabricar barriletes, desligarse del peso que les acarreaba el ser considerados como únicamente proveedores de insumos escolares: se podía ingresar a ellos en busca de diversión, y eso era más que saludable. Con esos elementos adquiridos en la librería, además de un par de cañas recogidas del cañaveral del baldío más cercano, se podía finalmente, casi siempre con la ayuda y supervisión de alguna persona mayor, construir un hermoso barrilete, que surcaría los cielos de los agostos mendocinos cuando los vientos invernales así lo permitieran.

Pasados algunos años, los viejos barriletes de papel fueron reemplazados por otros plásticos, con imágenes de superhéroes impresas en su estructura, y un par de varillas de madera reemplazando a las viejas cañas; fui de quejarme en ese momento, como es habitualmente mi costumbre, sin percibir que en el futuro podría llegar a extrañar hasta a los plásticos barriletes comprados ya
listos para usar. Cómo podía yo saber, ya en mi adolescencia, que el futuro podría ser aún peor que eso.

Pero al parecer sí, el nuevo siglo trajo la muerte anunciada de los barriletes. Es cierto que internet, la informática y todos sus usos son más divertidos que simplemente remontar un trozo de papel o de plástico para que el viento juegue con ellos, pero así como la falta de uso puede llegar quizá a hacer desaparecer al dedo chiquito del pie, la desaparición de los volantines trajo consigo varias
calamidades. Por un lado, como los baldíos y los cañaverales dejaron de ser necesarios, fueron reemplazados por complejos habitacionales; por otro lado, muchas personas comenzaron a interactuar menos con su descendencia, atento a que ya no necesitaban estar teniendo al barrilete mientras su prole corría en contra del viento en busca del ascenso de ese cuadrado de papel: dejó de ser necesario que hubiera alguien que solidariamente se quedara mirando mientras que otra persona satisfacía sus necesidades, en este caso, de diversión.

Leyenda

Al parecer, todo indicaría que por culpa de la escasez de barriletes, se nos ha vuelto suficiente el accionar individual, cada cual en lo suyo sin pensar en las necesidades del resto, y sin importarnos si nuestras decisiones u omisiones afectan al entorno; ya nos olvidamos de cuando llevábamos alimentos a los vecinos que tenían Covid, y de cuando priorizábamos como sociedad a los grupos
más desprotegidos al momento de vacunarse, aunque las vacunas las pagábamos solidariamente entre todas las personas que habitábamos en este inmenso y maravilloso país. Ya nos olvidamos de defender las cosas que descubrimos que están para siempre entre nosotros, como la electricidad, el wifi y la democracia: ojalá nunca nos falten.

Ojalá que los barriletes vuelvan a surcar los cielos. O al menos, que levantemos la vista desde nuestros dispositivos inteligentes y miremos al resto de quienes habitan en nuestra ciudad, no con cara de queja, no con cara de pedir, sino con cara de ofrecer. Quizá, si nos convertimos en personas dispuestas a entregar una pequeña parte de nuestras libertades para que el resto no la pase tan mal, recibamos a cambio más de eso mismo que entregamos. Ojalá que la solidaridad nos haga libres.

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