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Creó una cooperativa textil y emplea a jóvenes en situación de vulnerabilidad

Preocupada por la reinserción laboral y social de los jóvenes a los que acompañaba en el Hogar de Cristo puso en marcha un proyecto laboral en el que ellos pudieran trabajar, aprender un oficio y seguir adelante con sus proyectos de vida. Así funciona la cooperativa Sanca Sport.
Aprender un oficio es un plus para muchas de las personas que trabajan en Sanca Sport que, por primera vez en su vida, tienen la oportunidad de trabajar Foto: Julián Volpe - MDZ
Aprender un oficio es un plus para muchas de las personas que trabajan en Sanca Sport que, por primera vez en su vida, tienen la oportunidad de trabajar Foto: Julián Volpe - MDZ

"La mayoría son jóvenes que están vinculados al Hogar de Cristo, pero no todos los que trabajan acá atravesaron situaciones de consumo problemático", cuenta Marisa, que está a cargo de la administración en la Cooperativa de trabajo San Cayetano. La cooperativa, que tiene oficina, talleres y depósito en el Centro Metropolitano de Diseño en Barracas y una segunda sede en Chascomús, surgió en 2019 a partir de la inquietud de un grupo de personas que trabajaban en el Hogar de Cristo de San Cayetano en Liniers. "Veían que los pibes que están en rehabilitación, salían y fracasaban en un montón de trabajos. Entonces, en este punto era una necesidad importante lo laboral", cuenta. 

Rocha Anchorena fue una de las impulsoras de este proyecto. Repite -como jaculatoria, mantra o lema- que "con trabajo podemos soñar". Y así se lo demuestra la realidad y el crecimiento de la cooperativa. Pero no se refiere sólo al avance de este proyecto sino al impacto que el trabajo tiene en las personas que buscan salir de situaciones de consumo. "Veíamos a los chicos que salían del hogar (de Cristo) sin conducta para el trabajo. Llegaban tarde, faltaban... Y todas las experiencias terminaban siendo muy negativas porque también hace falta un orden. Había algunos que nunca habían trabajado antes de eso", comenta y explica que junto con Pablo Hernández -con quien compartía el trabajo en el Hogar de Cristo de San Cayetano en Liniers- comenzó "un emprendimiento, algo medio chico con unas máquinas de coser que teníamos". 

El trabajo se combina con risas, mates y el deseo de salir adelante en la Cooperativa Sanca Sport

Por casualidad -según Marisa, aunque en realidad bien podría haber sido la providencia o el fruto del proyecto que algunos ya comenzaban a soñar y comentar- habían donado unas máquinas de coser. "Y así nació un emprendimiento de costura que luego derivó en la cooperativa". Brindar oportunidades es la columna vertebral de Sanca. No se trata sólo de acompañar la trayectoria de jóvenes y adultos que hayan transitado un proceso de rehabilitación de adicciones sino de fortalecer su proyecto con capacitación y una oportunidad laboral. 

En los talleres de San Cayendo Cooperativa Textil hay rollos de tela esperando ser cortados, cosidos y estampados. En los salones que la cooperativa tiene asignados en el CMD, se llevan a cabo algunos de estos procesos. El objetivo es que la cadena de trabajo sea coordinada, pero no siempre se puede. En pleno invierno y por un proyecto coordinado con el Gobierno de la Ciudad, la cooperativa confeccionó gorros, mantas y chaquetas para el Operativo Frío.   

Pablo Hernández fue el fundador de la cooperativa. "Trabajaba en el Hogar de Cristo de San Cayetano y fue presidente de la cooperativa hasta 2020. Su muerte, el año pasado, fue un golpe muy duro para todos porque era un referente para todos", dice Marisa. Se nota su influencia: no sólo porque su nombre está en cada una de las banderas que identifican a la cooperativa en movilizaciones como la Peregrinación del Hogar de Cristo, sino también por que cada trabajador lo nombra como alguien capaz de dar valor al otro.   

Unas 40 personas integran la cooperativa y más de la mitad de ellas vienen de distintos hogares de Cristo. Además hay costureros de oficio que también son los que enseñan el metier. "Acá hay chicos que están desde el 2019. Muchos otros tuvieron recaídas o van y vienen. Lo que se les pide cuando hay una recaída es que vuelvan primero al centro barrial y que estén con un plan de vida más ordenado cuando llegan acá", explica. Intentan que los salarios estén en sintonía con los acuerdos gremiales de los textiles. Y a eso, muchos de los miembros de la cooperativa pueden sumar -si cumplen los requisitos- algún plan social del Estado. 

"Muchos de los chicos nunca trabajaron. Son jóvenes, no tuvieron la oportunidad, vienen de contextos muy vulnerables o estuvieron privados de su libertad. Es decir que para muchos este es su primer trabajo. Y el impacto que tiene es positivo. En primer lugar, tienen recursos materiales, empiezan a comprarse sus cosas, alquilar, organizarse con sus gastos... También a nivel calidad de vida y sentimental: están más contentos y tienen un lugar de pertenencia", relata Marisa en referencia al rol fundamental que el trabajo tiene para las personas. 

La historia de Iván, que encontró en la cooperativa su lugar

Uno de los trabajadores de la cooperativa interrumpe la charla. Primero, para compartir un mate. Después, para mostrar con orgullo su trabajo. "¿Le gusta esta camiseta, madre?", dice Iván. Y enseguida muestra otra más. Y cuenta que ellos hicieron las remeras estampadas que muchos miembros del Hogar de Cristo usaron en la peregrinación por los 10 años de la creación de estos centros. "Yo hice el tramo de Gualeguaychú, Concordia, Paraná y Santa Fe", dice y agrega: "También fui a Bariloche". 

Iván llegó hace unos años al Hogar de Cristo Don Orione, en Ciudad Oculta. "Fui por mi cuenta. Tenía un compañero que iba ahí, lo fui a visitar dos o tres veces y cuando estuve mal y fui a pedirle ayuda a él", recuerda. "Ya hace dos años que estoy en el circuito del Hogar de Cristo. Cuando llegué me encontré con varias cosas buenas que afuera, como estaba en consumo, no veía", comenta. "Aprendí que se puede ayudar, estar bien, darle un abrazo al otro, contar tu historia sin que el otro te esté mirando mal o riéndose de la situación que pasaste", enumera. 

"Mi historia de adicción fue la pastilla y el alcohol", confiesa Iván. "Tomaba un mate a la mañana y una pastilla. Después salía, tomaba una coquita y después ya pasaba al alcohol. Estuve bastante mal y me daba cuenta pero me seguí golpeando". 

"Yo estuve solo en el tratamiento. Estuve cuatro meses en una granja con el Padre Tano. Alguna vez estuvieron por bajarme y pedí perdón llorando por el mal momento, por faltar el respeto. Yo sabía que si me bajaban a un parador no iba a volver sino que me iba a ir a la calle de vuelta. Acepté las medidas que me pusieron. Estuve ahí cuatro meses de los cuáles dos estuve con medidas como: lavar los platos, costar pasto, escribir algo que me pedían en una hoja", relata.

Hablar de la escritura lo lleva a pensar en la escuela. "Con el estudio vengo más o menos", asume. Y ese es el puntapié para hablar de otro beneficio de los empleados de la Cooperativa Sanca: reciben acompañamiento y motivación para continuar y finalizar sus estudios. 

El trabajo es mucho más que una forma de ganar el pan de cada día para los miembros de la Cooperativa Sanca Sport que atravesaron situaciones de consumo problemático

Hizo su plan de vida antes de ir de la granja a un Hogar de Cristo. "Yo escribí terminar el colegio, tener un trabajo, pagar un alquiler, hacerme los dientes -porque no tenía-, fijarme si tengo antecedentes judiciales, hacerme una revisión médica y volver a tener vínculo con mi familia", enumera. Enumera enseguida los logros: en este tiempo alcanzó muchas de esas metas que incluyó en su plan de vida.  Antes de llegar al Hogar de Cristo había trabajado en la industria textil. "Pero dejé. Bueno, me echaron", dice. 

Jonathan: "En Ciudad Oculta me dieron un abrazo que nunca tuve"

"Yo soy Jonathan, hice tratamiento en la Oculta y me dicen Paraná", dice uno de los compañeros de Iván que se suma a la charla. Llegó a la cooperativa "por problemas judiciales", dice y sigue: "Estaba en una cárcel y me llevaron a la Oculta. Hace dos años que estoy acá. Estuve preso, salí con asistida seis meses antes y volví a caer al mes. La jueza me dijo que hiciera un tratamiento. Me dieron una pulsera para hacer un arresto domiciliario mientras hacía tratamiento. Cumplidos los 9 meses pude salir a alquilar. Todo con papeles con el juez. Yo sabía que no estaba bien y por eso le pedí a la jueza que me dejara hacer un tratamiento".

Tenía problema con el consumo de alcohol y pastillas pero, además, había entrado a la cárcel por delitos violentos. Desde muy chico estuvo en la cárcel y cree que eso lo llevó a ser más violento. "Hoy me doy cuenta de que ese no es le camino. Yo aprendí muy rápido a ser una persona muy maldita", afirma.

La jueza decidió su traslado. Él temió que lo enviaran a una cárcel en la Ciudad de Buenos Aires pero enseguida le aclararon que iba a ir a un Hogar de Cristo en Ciudad Oculta. "Llegué hecho pelota, mal. Había perdido a mi familia, a mis hijas y cuando llegué, se me dio un abrazo que nunca había tenido. Siempre había querido que me abrazaran, que me dieran un consejo, que lloraran conmigo: hacía 10 años que no lloraba. Y ahí se me abrió el corazón para poder empezar un tratamiento". 

En Sanca Sport cada uno aporta lo que puede y todos celebran los logros: cada paso cuenta

Paraná -que nació en la capital entrerriana y por eso tiene ese apodo- explica que dos meses después pudo alquilar y comenzó a recibir una ayuda semanal de $4.000. Pero no era suficiente para ayudar a sus hijas -de 13 y 15 años- que viven en Entre Ríos. "Tengo dos hijas, que tienen dos hermanitos que son más grandes que ellas y que nosotros los criamos. Nunca la ayudé a la mamá de mis hijas, siempre estuve preso", revela.

"En ese momento no podía trabajar en la calle porque tenía que seguir el tratamiento. Me consiguieron este lugar. Estuve tres meses a pulmón y luego empezaron a pagarme. Llevo ocho meses en la Cooperativa Sanca", relata y comenta: "Acá en la cooperativa aprendí muchas cosas. A enfocarme en una máquina, cuando quería irme a la miércoles, y durante tres meses estuve aprendiendo. Mi familia ahora está muy agradecida con Dios porque tengo este trabajo". Cuenta que acá hace "un poco de todo... como todos". 

Hace dos años que no ve a sus hijas. Tiene un permiso para viajar el primero de octubre y festejar, con la mayor, su cumpleaños. Va a ser una sorpresa -ya lo habló con la mamá de ella- y le hace ilusión ese reencuentro.