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Aniversario: San Martín y sus últimos años en el exilio

En un nuevo aniversario que conmemora la muerte del General Don José Francisco de San Martín y Matorras, hoy 17 de agosto nos proponemos rendirle un homenaje recordando sus últimos años de vida. María Ámali Mashad y Pablo Andrés Escribano son profesores de Historia y honran su memoria en MDZ.

Hacia el ocaso de su vida el General San Martín consideró innecesaria su participación en las luchas intestinas de poder, y decidió retirarse para poder vivir sus últimos años en paz, junto a la compañía de su hija Mercedes. Varias situaciones hicieron que recién en 1824 pudiera emigrar hacia Europa; entre ellas, la muerte de su esposa Remedios de Escalada y la enemistad con el gobierno de Bernardino Rivadavia, entre otros. Residió un tiempo en Gran Bretaña, más precisamente en Escocia, luego se trasladó a Bruselas, Bélgica, donde vivió humildemente, dado que su menguada renta apenas le alcanzaba para pagar los estudios de su hija.

Durante los años que duró su exilio escribió las “Máximas para Merceditas”, describiendo allí una serie de principios que debían regir la vida de su hija. Hacia 1827 su situación se agravó debido a su precaria situación económica y sus problemas de reumatismo. Su última tentativa de regreso al país se dio en 1829. Sin embargo, al llegar encontró a su Patria sumergida en un grado tal de guerra civil por las luchas fratricidas que desistió de su intento, y, a pesar de los ruegos de sus amigos, decidió no desembarcar y partió nuevamente a Europa, su destino: Bruselas.

Posteriormente, cuando en Francia se produjo la revolución de julio de 1830, se trasladó a París por insistencia de su amigo Alejandro Aguado. En París, alquiló en el número 1 de la calle Neuve Saint Georges una casa que luego, en 1835, pudo comprar. Allí vivió junto a su hija hasta que ella, en 1832, viajó a Buenos Aires para casarse con Mariano Balcarce. Durante ese tiempo San Martín permaneció solo, ya con menos preocupaciones económicas gracias a la venta de unas propiedades que aún conservaba en Argentina. Gracias a ello pudo comprar una casa en Grand Bourg, en las afueras de París.

Retrato de San Martín anciano

Posteriormente, tras la revolución de 1848, se mudó a Boulogne sur Mer, una ciudad ubicada sobre el Canal de la Mancha, en el departamento de Calais. Allí alquiló un segundo piso, con cinco habitaciones en la Gran Rue 105, en una vivienda que pertenecía
a Adolphe Gerard, un abogado de la ciudad. Allí se mudó, para cuidarlo, su hija Mercedes con su esposo Mariano Balcarce y sus dos hijas Mercedes y Josefa. En la planta baja el dueño tenía su estudio y en el tercer piso vivía con su familia.

Para ese entonces, debían leerle los periódicos y los libros y le costaba mucho dictar su propia correspondencia. Pasaba largas horas hablando con Gerard, quien haría una primera semblanza del argentino días después de su muerte. El sábado 17 de agosto de 1850 se levantó sereno y fue a la habitación de su hija, como hacía habitualmente, para que le leyera los diarios. Hacía tiempo que sus problemas visuales le impedían hacerlo. El médico insistió para que una monja lo cuidara y así aliviar un poco a su hija, pero Mercedes se negó a ello.

Cuatro días antes, San Martín ya sufría de agudos dolores de estómago, que aplacaba con opio. Esa mañana su yerno partió a realizar un trámite. Con el general estaba su médico, el Dr. Jordán, quien, en un primer momento, no le dio mucha importancia a éstos. El libertador estaba recostado en la cama de su hija. A las tres de la tarde, el general sintió una convulsión y con gestos le pidió a su yerno que alejara a su hija. Un instante después, fallecía. La tradición cuenta que tanto su reloj de bolsillo como el de la sala, se detuvieron a esa hora. El día 18 fue velado.

Cuadro de San Martín y su hija.

Posteriormente, el 19, fue colocado en un féretro y el 20, muy temprano, el cortejo partió hacia la iglesia de San Nicolás. Allí hubo un rezo y luego se dirigieron hacia la catedral de la ciudad. Fue depositado en una de las bóvedas por indicación del abate Haffreingue. Sería una sepultura provisoria, dado que la intención era la de cumplir su último deseo: reposar en Buenos Aires. En 1861 fueron trasladados al sepulcro de los Balcarce, en Brunoy. Sería recién durante la presidencia de Nicolás Avellaneda, que el 28 de mayo de
1880 arribara el vapor Villarino trayendo los restos del prócer. Domingo F. Sarmiento, quien lo había conocido en 1846 en Grand Bourg, fue quien encabezó la comisión de repatriación, cumpliendo así los deseos del Libertador.

Actualmente sus restos descansan en la actual Catedral Metropolitana de Buenos Aires, capital del país que le vio emprender su gran gesta libertadora; gesta por la cual las futuras generaciones de argentinos, chilenos y peruanos le deben estar eternamente
agradecidos.

* María Ámali Mashad y Pablo Andrés Escribano son Profesores de Historia, egresados de la FFyL de la UNCuyo.