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Desde cerca no se ve: un relato de lo que sucedía en medio de los incidentes en el Obelisco

Aunque hubo una protesta que ocupó más de veinte cuadras en el centro porteño, la mayoría siguió con sus actividades como si nada pasara.
Una mujer limpia la pared de un comercio en pleno caos por la protesta piquetera Foto: Milagros Moreni
Una mujer limpia la pared de un comercio en pleno caos por la protesta piquetera Foto: Milagros Moreni

Mientras miles de manifestantes protestaban en el Obelisco y alrededores por la muerte de Facundo Molares, un exguerrillero de las FARC que se descompensó en una protesta este jueves y falleció por un infarto, otros miles de personas, a metros de eso, continuaban con su rutina. Algunos sin siquiera entender o saber a qué se debía el reclamo.

El Indio Solari canta que “el mundo sigue girando aún sin tu amor” y algo así, aunque menos romántico, piensan los trabajadores que no pueden parar sus actividades por causas ajenas y alejadas. “Tengo que seguir morfando”, dice un cadete mientras hace malabares para pasar entre la masa de gente que ocupa toda la vereda en Carlos Pellegrini y Av. 9 de Julio a la vez que intenta entregar un sobre papel madera que saca de adentro de una carpeta llena de papeles. 

Mientras ofrece tulipanes a $2000, azaleas a $3500 o ramos de flores desde $500, el dueño de una florería hace cuentas a lápiz en su anotador detrás de la caja. Le tienen que dar los números. Con campera de abrigo por debajo del delantal, el ruido de las bombas de estruendo que suenan a apenas media cuadra de su puesto parecen no escucharse. 

Una florería de Carlos Pellegrini, abierta, en medio de la protesta. Foto: Milagros Moreni

Con la vista fija en el frente, un joven con ropa de trabajo empuja un carro con cuatro cajas de herramientas. Mide con la mirada por dónde pasar. De fondo se escuchan cánticos con pedidos de justicia y reclamos a la policía. Un cartero del Correo Argentino trota a dejar una carta en un edificio, con la misma agilidad que lo haría si la calle no fuera un caos. Se apoya sobre una pierna y mete el sobre entre la puerta y el marco. Afuera de ese edificio, un hombre en situación de calle lee el diario papel. Se entera qué pasó ayer, aunque todavía no comprenda qué sucede hoy. Al lado de su colchón hay un cartel con el que pide colaboración “con lo que se pueda”.

La gente no interrumpe su trabajo en el centro por la protesta. Foto: Milagros Moreni

En un sótano cervecero, los empleados limpian el piso. En la misma vereda unos obreros de la construcción trabajan en el reemplazo de algunas baldosas. Una mujer limpia el mármol de una pared con alcohol y esponja. Usa un barbijo que la protege de infecciones respiratorias y del fuerte olor de la pirotecnia que explota en el caos de la movilización, a pasos de ella. 

El correo continúa con sus repartos mientras los manifestantes protestan. Foto: Milagros Moreni

Mientras tanto, en un negocio de mochilas y valijas, un turista elige un carry on. La vendedora le muestra opciones y lo invita a probar. Por la vereda pasan manifestantes a comprar facturas y bebidas en la panadería de al lado. Cada uno está en la suya. Poco registran del otro. 

Un turista elige valijas a metros del Obelisco. Foto: Milagros Moreni

Como por arte de magia, algunos utilitarios lograron estacionar a la vera del corte. Con balizas encendidas y alguien a bordo, se bajan empleados a descargar mercadería en kioscos y gastronómicos. Un comerciante de la zona le dice a MDZ que la situación se tornó normal para ellos, pero que sus ventas no se ven afectadas porque la gente que se moviliza compra y mucho. 

Un hombre en situación de calle lee el diario a metros de la protesta. Foto: Archivo MDZ

Por diferentes razones y con varias consignas, desde el inicio del año se llevan a cabo en esa zona acampes, piqueteros y protestas que cortan el tránsito y alteran el orden del lugar; sin embargo, los vecinos parecen haber aprendido a convivir con eso al punto de integrarlo a la rutina y lograr que pase desapercibido.