El mal hábito ciudadano que pone en grave riesgo el sistema de salud
Desde hace algunas semanas en Argentina es efectiva (se terminó de reglamentar) la ley que limita la venta de antibióticos, antivirales y antiparasitarios en el país. Ahora las farmacias solo pueden expender esos medicamento con receta archivada, es decir, que deben ser utilizados bajo rigurosa prescripción y vigilancia médica. El motivo es la gran resistencia que han ido generando las bacterias, en el mundo, debido a la automedicación o a errores en la prescripción de esos remedios.
En algunas familias es habitual tener una gran caja de medicamentos, “por las dudas”. Aunque algunos son necesarios para atender emergencias, como alta fiebre o vómitos, es peligroso usar antibióticos en caso de tener una infección. Un frasquito de Gotabiotic que quedó cuando alguien tuvo conjuntivitis, pastillas de Amoxicilina a las que se acuden en caso de que duela la garganta, solo por nombrar algunos ejemplos.
El problema es que si no se sabe qué clase de virus, bacteria, hongo o parásito puede estar generando una infección en el cuerpo, ingerir antibióticos “porque sí” puede agravar el cuadro. Virginia Gómez, directora técnica en la farmacia del Hospital del Carmen, en Mendoza, explica que la situación es seria para el paciente: “Las bacterias al exponerse a ese antibiótico aprenden cómo es su mecanismo, ya la próxima vez saben cómo funciona, han generado una resistencia, una forma de sortear ese mecanismo y hacerse más fuerte. El antibiótico no las mata”.
También es grave para el sistema médico, en general, porque “las bacterias se pueden ir comunicando, transmitiendo entre ellas esa resistencia”, explica Gómez. A esas le llaman superbacterias. Se te va acotando la cantidad de antibióticos que puedes utilizar para una determinada infección. Además, dice la farmacéutica, “hay pocas moléculas nuevas en el mercado”, efectivas para tratar esas enfermedades. “Esto implica que hay más ingresos en los hospitales por infecciones, hay menos tratamientos para hacerlo, de modo que se deben combinar muchos antibióticos y se genera un gran problema en todo el sistema de salud”.
Es por ello que la OSM (Organización Mundial de la Salud) promueve políticas públicas que limiten y controlen el uso de estas sustancias. En este sentido advierte que es cada vez mayor el número de infecciones (como gonorrea, neumonía, tuberculosis, y salmonelosis) cuyo tratamiento se vuelve más difícil debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos. Además, de que la resistencia a los antibióticos prolonga las estancias hospitalarias, incrementa los costos médicos y aumenta la mortalidad.
Riesgo de automedicarse
Por otra parte, Virgina Gómez habló con MDZ sobre el riesgo que implica utilizar cualquier remedio, sin la prescripción médica. “No conozco las reacciones adversas, las alergias que puede tener ese medicamento, como interacciona ese con otros medicamentos que vengo tomando, o con la nutrición o con suplementos. Ahí ya tenés un riesgo”, dijo la encargada de la farmacia del Hospital del Carmen.
En el caso de los antibióticos, además, siempre hay que obedecer lo que indica el médico o la médica. Tomar el día correcto, la cantidad adecuada, a la hora justa asegura que el remedio haga el efecto deseado y combata la infección.
