La mirada y las palabras: teñidas de estereotipos
Te pusiste a pensar alguna vez cómo y qué miras, ¿pensar en vos y en el resto? ¿Cuánto de tu mirada está teñida de la cultura de la frivolidad y lo imposible? ¿Cómo queriendo o sin querer con lo que haces y decís determinas la mirada de tantos otros en quienes tienes influencia?
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Esto es moneda corriente entre grandes y chicos. Algo ya naturalizado entre nosotros que no frenamos para ponemos a observar. Que como adultos que somos, obliga a la reflexión. Hoy, entre ellos no sólo circulan las palabras más comunes para el trato diario, ni tampoco lo son: gordo, flaco, tonto y otras más. Circulan apodos, sobrenombres, términos que lastiman dejando marcas en su psiquis que se mantienen en el tiempo.
Tapón de océano, narcotraficante de chinchulines, regateador de verduras, traficante de hamburguesas, tonel de Serenito, por citar solo algunas para decir gordo. Patovica de pelotero si sos petiso. Retardado cuando no jugas bien a un deporte y así un montón más.
Solo las mencionó porque me parece necesario para ver la dimensión de una familiaridad que se usan de manera permanente en la vida en el chat conjuntamente a un sinnúmero de groserías que depende la edad, ni siquiera saben lo que realmente significa. Estamos lejos de buscar culpables, las redes, la familia, el club, Netflix, los colegios y más.
Lo que si creo es que, en las redes y en la vida premian a un estereotipo y en cada me gusta son los otros lo que me marcan como debo ser, cuanto pesar que mostrar que consumir. Y esto es moneda corriente de la que tampoco escapamos los adultos. Mi posición al respecto y la de muchos que conozco es decir basta.
Parar, reflexionar con ellos, usar la estrategia que nos surja para evitar que se siga haciendo. Hacernos conscientes del daño enorme en la salud mental de quienes nos rodean, pensar que a todos, eso nos duele, lastima y deja marcas para siempre. No se trata de ser buchón, se trata de denunciar. En pos del bienestar común, de la salud mental, de ser buena persona.
Tenemos la obligación moral y ética de cuidarnos entre todos. Tenemos que sumarnos todos en no dejar que esto se naturalice, debemos tomarlo en serio. Hablemos sobre esto pero no una vez, sino una y otra vez sin cansarnos, docentes, abuelos, directivos, padres, tíos, amigos, todos. Detectemos valores humanos, preguntemos diariamente , ¿que valores queremos en nuestra vida? Y vamos por ellos todos juntos. Respeto, compromiso, cuidado, valores, siempre más valores.
Empecemos por acá, acciones no palabras.
* Lic. Erica Miretti, psicóloga. Neuropsicoeducadora. Docente
