Estatua de Julio Roca: qué dice el proyecto que transformará el Centro Cívico de Bariloche
El intendente de Bariloche, Gustavo Gennuso, presentó un proyecto para llevar adelante la puesta en valor y refuncionalización del tradicional Centro Cívico de esa ciudad. Se trata de una de las clásicas postales de la ciudad y si bien la polémica por estos días se centra en las posiciones a favor o en contra del traslado de la estatua de Julio Roca, que ocupa el centro de la plaza seca, el plan a ejecutar va más allá de que el monumento sea removido de su actual emplazamiento.
El proyecto se inserta dentro de un programa más amplio de mejoras que tiene por fin priorizar el sentido de pertenencia y la significación simbólica del centro cívico de Bariloche; mantener su sentido patrimonial e integrar en su periferia a las distintas expresiones que incluyan, desde los pueblos originarios a las figuras de la historia local y nacional, como también un homenaje a las madres y abuelas de Plaza de Mayo. Pero el objetivo prioritario, es quitar del rectángulo de la plaza cualquier escultura, para garantizar la fluida circulación del público, en especial cuando se realicen eventos multitudinarios en ese espacio.
MDZ accedió al proyecto de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Bariloche donde se explican los objetivos de las modificaciones que se pretenden hacer en el Centro Cívico de esa ciudad.
Por qué la plaza tiene la estatua de Roca
El Centro Cívico se creó con la ambición de hacer de Bariloche “una ciudad de rasgos típicos, con cierta gracia arquitectónica y con algo de europeo. Una de esas pintorescas ciudades de montaña que son el encanto de Suiza y de Tirol”.
Su historia se remonta a 1936, cuando el director de la Administración de Parques Nacionales, Exequiel Bustillo contrató al arquitecto Ernesto De Estrada, especializado en urbanismo en La Sorbona, para llevar adelante la construcción del Centro Cívico como postal turística "de élite" que fuese proyectada al mundo. Entre 1936 y 1939 se desarrolló el proyecto de De Estrada.
El arquitecto se propuso erigir un solo conjunto edilicio que albergaba: un museo, una confitería, una biblioteca con un salón de actos y una plaza seca, libre de ornamentación, para que funcionara como espacio de reuniones cívicas y participación social. El conjunto describía una “U” con visuales limpias hacia el lago Nahuel Huapi.
Ocurrió que a mitad de la obra escasearon los recursos para continuar su ejecución. Peligraba la culminación del Centro Cívico de Bariloche. Ante esta situación, Bustillo concibió la idea de homenajear al que por entonces era llamado el “Conquistador del desierto”, el general Julio Roca, aprovechando que el hijo de Roca era por ese entonces el vicepresidente de la Nación.
Con este objetivo, ideó erigir un monumento en honor de su padre en el centro de la plaza y solicitarle el aporte de los dineros necesarios para solventar los costos de finalización del proyecto. Es así que Bustillo acudió al Gobierno Nacional y consiguió con ese plan la financiación. Aportaron los fondos para culminar el Centro Cívico, un diputado roquista, Benjamín Gonzalez; el Ministro de Obras Públicas, Ramón Alvarado; y el propio vicepresidente de la Nación.
Si embargo, desde la Secretaría de Cultura recordaron que la fundación de Bariloche y la conquista de la zona del Nahuel Huapi no fue obra de Julio Roca, sino del general Villegas, quien continuó las campañas militares hacia el sur del Río Negro cuando Roca regresó a Buenos Aires para disputar la presidencia.
Inauguración y vandalismos
El Centro Cívico de San Carlos de Bariloche se inauguró el 17 de marzo de 1940. “Realizado en hormigón armado revestido de piedra volcánica de forma irregular color verde, extraída del cerro Carbón, para semejar el relieve montañoso y ciprés”, precisaron fuentes del Gobierno local. Durante la ceremonia podía apreciarse, en el centro de la plaza, un pedestal que difería del resto del conjunto, realizado en una piedra de tonalidad clara y de corte regular: el basamento aguardaba la estatua, que fue inaugurado recién el 14 de enero del año siguiente.
La plaza, por solicitud del propio Bustillo a la intendencia de Bariloche, tomó el nombre de “Plaza de Expedicionarios al Desierto”, dispuesta a homenajear al “Conquistador”.
Así, el centro del Centro Cívico dejó de ser cívico. Los diferentes momentos históricos de la región y sus habitantes que iba a ser sintetizados en la Torre del Reloj por sus protagonistas: el indígena, el sacerdote, el militar y el agricultor, ya no fueron más la centralidad de la edificación, sino que lo fue la estatua de Julio Roca. Años posteriores, se agregaron un busto de Primo Capraro, un empresario y de los grandes hacedores de la ciudad; otro del por entonces presidente Juan Manuel de Rosas, en los jardines que bajan hacia la Costanera. Luego se erigieron una serie de esculturas en madera de tres metros de altura, los Chemamulles, figuras de tradición mapuche.
Con el devenir de la historia y el retorno a la Democracia, el discurso anti-militar promovió las primeras asociaciones de Julo Roca a la matanza y sometimiento de los pueblos aborígenes. A partir de 1997 comienzan a darse con sistematicidad las intervenciones en la estatua de Julio Roca, que fue interpelado por el lugar que le había dado hasta entonces la narrativa oficial en la historia argentina.
Primero fueron pintadas pero luego se transformaron e ataques directos e intentos de derrumbamiento. “Hoy presenta varios cortes en sus extremidades, algunos de ellos muy profundos. Estos daños resultan de gran preocupación para quien tiene que velar por su conservación como patrimonio y por el bienestar de los ciudadanos que comparten el espacio en el que se encuentra”, asevera el proyecto del gobierno de Bariloche.
Es allí donde se pone el énfasis en el plan de pueta en valor y refuncionalizar la plaza y espacios verdes del Centro Cívico: que la misma exprese, como corazón de la ciudad, la integración de las diversidades e identidades coexistentes en Bariloche.
Un proyecto en tres etapas
Con el objetivo de crear ámbitos que conserven el patrimonio y al tiempo se le dé el mismo lugar a las diversas identidades, se buscará un equilibrio para que ninguna figura de las mencionadas tenga más visibilizar que las otras, pero tampoco invisibilizar ninguna de las obras, y, en especial, “no desmonumentalizar una figura controversial en pos del revisionismo histórico”.
Por esta razón, el plan se dispuso en tres etapas. En la primera, se pretende reubicar el monumento a Julio Roca para que deje de estar en el centro del escenario de todas las festividades, aniversarios, protestas, marchas, movimientos artísticos, eventos culturales, ferias gastronómicas, concursos escolares, recitales, conmemoraciones y fiestas patrias de la ciudad. “En varios de estos encuentros la estatua constituye un problema porque obstruye la buena distribución del espacio, la percepción óptima del evento y la fluida circulación del público”, se expresa en el proyecto.
El monumento se trasladaría hacia el ingreso al Centro Cívico desde la Av. 12 de Octubre. También se trasladarían las esculturas de Primo Capraro y de Juan Manuel de Rosas.
En una segunda etapa, se pretende la remoción de los Chemamulles (que al ser de madera están en avanzado estado de deterioro) y la creación de una obra de arte conmemorativa a los pañuelos de las madres y abuelas de la Plaza. Esto debido a que cada 24 de marzo se realizan pintadas en las lajas de la plaza seca con los tradicionales pañuelos y las leyendas pidiendo el "Nunca Más".
La última etapa descripta en el proyecto es la puesta en valor del rectángulo seco de la plaza, la cual quedará despejado con el traslado del monunmento de Julio Roca y destituirle la concepción original: una plaza libre de ornamentación, para que funcione como espacio de reuniones cívicas y participación social. El pavimento de laja, una superficie de 20 por 60 metros, será dispuesto para la realización de una obra de arte conceptualmente abierta y viva. Para tal fin, se pretende reutilizar las lajas existentes, reemplazando las averiadas, sumarán piedras de la zona. El plan prevé que el diseño a realizar, sea debatido con la participación comunitaria de los diferentes colectivos artísticos, sociales y culturales que conviven en la ciudad de Bariloche.