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Las ausencias, esos momentos compartidos, de los adultos mayores

Son vivencias que se dieron en la vida de las personas, pero que ya no volverán. Son momentos que estuvieron cargados de alegría, en muchos casos, y que hoy son necesarios y por ello valorados.
El adulto mayor muchas veces se recuesta afectivamente y memorísticamente en vivencias muchas veces ya no existentes. Foto: MDZ
El adulto mayor muchas veces se recuesta afectivamente y memorísticamente en vivencias muchas veces ya no existentes. Foto: MDZ

Las ausencias, esos vacíos existenciales que experimentamos muchas veces, tienen un sabor a añoranza. Vivencias que ya no están, y que se pueden concretizar en un lugar, en una persona o en un lejano momento, pero siempre compartido. Los adultos mayores, necesariamente están viviendo una etapa en la cual ya no pueden compartir momentos con algunas personas, que en su vida y en otro momento, pudieron vivir experiencias juntas y significaron mucho.

Son momentos, lugares, personas, que por diversos motivos ya no volverán a vivirse. Esas ausencias suelen traer ciertas distracciones en la atención de quien las está recordando, que tienen un sabor dulce, maravilloso, porque son momentos en los que florecieron cuotas de felicidad compartida. Son momentos a los que uno, mentalmente, vuelve, viaja placenteramente. Una persona que llega a una edad de varias décadas, está enriquecida por sus vivencias pasadas, que le enseñaron, que pueden ser en parte alegres y en parte no tanto.

Alguien que tiene la responsabilidad de acompañar y cuidar a un adulto mayor, está necesitado de considerar este tema de las ausencias, porque son una parte muy valiosa y significativa de la persona que debemos cuidar. Muchas veces, como cuidadores, debemos apelar a estos momentos de felicidad vividos por el adulto mayor, recurriendo a una música de la época evocada y significativa para el adulto, también a recordar momentos pasados por medio de relatos con abundantes detalles, también, apelar a fotografías que transportan al adulto a esos momentos que no volverán, pero que siguen viviendo en su interior, momentos que son recordados frecuentemente.

Los abuelos recuerdan momentos por medio de relatos con detalles
Foto: Blogspot.

Y cuyos relatos pueden repetirse a menudo, debido a algunas limitaciones en la memoria, que no son advertidas por el adulto, pero que no impiden que se den riendas sueltas a esos deseos de comunicar algo que fue agradable en otro momento. Esas vivencias traídas desde el fondo de la memoria hacen que la persona esboce una sonrisa que muestra un alma que fue feliz y que desearía que el tiempo volviese atrás para poder revivir esos momentos, en los cuales no solo estaban esos personajes tan queridos que eran los amigos o compinches, también la fortaleza corporal que acompañaba a realizar esas aventuras. Pero, hoy solo queda el recuerdo de un tiempo o de momentos gratos y caros al alma, porque los compinches ya no están, y el cuerpo anda más lento.

En el vínculo que el cuidador debería fomentar con un adulto al cual tiene que acompañar, la empatía, para este tipo de circunstancias, tiene un valor inmenso, porque no solo nos estamos poniendo en el lugar afectivo del adulto, también estamos valorando lo que el adulto valora, ello va a generar niveles elevados de confianza, que se manifiestan en el interés por las experiencias relatadas y vividas por el adulto. Tengamos en cuenta que estamos acompañando a alguien que muchas veces
se recuesta afectivamente y memorísticamente en vivencias muchas veces ya no existentes.

Es una forma de establecer diálogo en el cual no solo se da una comunicación bidireccional, entre ambos actores, también se transmiten sensaciones placenteras y agradables, que en definitiva se plasman en momentos disfrutados. Dejo a modo de reflexión la propuesta de la necesidad de rescatar y valorar esas ausencias, debido a que todos somos personas y como tales poseemos
sentimientos, emociones y no solo razón, no solo una inteligencia calculadora.

Hoy solo queda el recuerdo de momentos gratos, porque los compinches ya no están.

Los sentimientos, las emociones, le ponen sabor a la vida y más si esa vida tiene, ya una duración extensa.

* Lic. José Miguel Toro
[email protected]
Instagram: @josemigueltoro0