Cuando ganar no es todo: lo que le dijo un DT a sus jugadoras tras perder todos los partidos
El juego es una de las principales estrategias para el aprendizaje de los niños, entendiéndose que a partir de lo lúdico se pueden afianzar conocimientos y prácticas sociales que no podrían hacerse de otra manera. Ese es el caso de este equipo de fútbol femenino infantil que, a pesar de haber perdido todos los partidos, su entrenador elige tratarlas como "campeonas".
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Carlos Romero es entrenador de un equipo del fútbol interno del Club Universitario de Buenos Aires, conocido popularmente como CUBA. En dialogo con MDZ remarcó que "fue un ciclo de aprendizaje para todos", en referencia tanto a las jugadoras, como a los padres y hasta él mismo.
El mismo Romero, escribió una carta que envió a los padres de las jugadoras del equipo de fútbol femenino llamado "Yo no fui", que le tocó dirigir, al que le rebautizó como "Magnánimas", por su actitud frente a la adversidad del torneo. En ese texto remarcó que "el deporte es escuela de virtudes; y el fútbol no constituye un medio intrínsecamente malo para alcanzar ese cometido, aunque desvirtuado sí se vuelve un vehículo corruptor". En esa línea destacó que, para el equipo, "el objetivo es crecer en virtudes. El hombre busca la felicidad y uno es feliz si es virtuoso".
Además explicó que, desde su lectura, "el bien común del equipo es lo más importante, algo que a veces cuesta entender la felicidad". A partir de este pensamiento eligió basarse en las palabras del director técnico campeón del fútbol argentino, Martín Demichelis, que había declarado semanas atrás que "A veces se gana, a veces se empata y a veces se aprende", luego de una derrota en la recta final del campeonato.
(Foto: gentileza Carlos Romero)
Este equipo de fútbol femenino es un grupo de chicas de un colegio de Recoleta, Ciudad de Buenos Aires, que les tocó jugar contra equipos conformados por chicas más grandes, lo cual explica sus resultados, además de ser su primera experiencia en el deporte. A pesar de eso, Romero, resolvió dirigirlas cuando se lo ofrecieron y enfocarse en la formación como personas de sus jugadoras en lugar de ir en una búsqueda desenfrenada por un resultado, actitud que marca como un "germen de vicios" del deporte.
Estos valores rescatados por Carlos sirven como ejemplo a la hora de seguir el andar del selección argentina femenina en Mundial femenino. El equipo nacional está lejos de ser candidato al título y clasificar a los octavos de final sería una proeza, más allá de la derrota con Italia en el debut. A pesar de ello, el roce internacional con las potencias forma parte de ese camino para el aprendizaje de jugadoras, hinchas y directivos, como lo es para las familias que forman parte de las renombradas "Magnánimas".
Las partes más emocionantes de la carta
"Como padres a veces queremos que nuestras hijas sean buenas. Es decir, que jueguen como Messi, hagan caños o firuletes, desconcierten a las rivales con sus gambetas, dobleguen a sus contrincantes, rompan redes con muchos goles, atajen como el 'Dibu' y un largo etcétera. La cuestión es que estas chicas han logrado algo mucho más importante que esto y superador de cualquiera de estas limitadas expectativas. Han demostrado que ser buenas es ser personas virtuosas".
"El deporte es escuela de virtudes; y el fútbol no constituye un medio intrínsecamente malo para alcanzar ese cometido, aunque desvirtuado sí se vuelve en un vehículo corruptor, como acontece por ejemplo, cuando se convierte en fin 'el ganar a toda costa' o 'que nuestra hija sea la jugadora más hábil'".
"Las chicas nos han enseñado a los adultos, que a través de este deporte también se puede crecer en: compromiso con el bien común (primera regla dorada del equipo), disciplina, autocontrol (traducible en la regla dorada 'una mujer fuerte es la capaz de controlar sus emociones fuertes', algo que les encanta repetir con vehemencia a las niñas), espíritu de sacrificio y superación personal o grupal, responsabilidad, trabajo en equipo, amistad, solidaridad, confianza en sí mismas, liderazgo positivo, creatividad, camaradería, y respeto por todo (léase 'todo': reglas doradas, reglas de juego, fair play, compañeras, entrenadores, contrincantes y árbitros). Pero además nos han demostrado con su vivencia ejemplificadora, que por intermedio de un virtuoso ejercicio del deporte es posible obtener un bien muy arduo de conquistar, como lo es el irradiar alegría en tiempos favorables o adversos".
"La pregunta es por qué hicieron propias esas reglas doradas. La respuesta también es sencilla, todo hombre y toda mujer tienen una inclinación natural a buscar la felicidad. Tal cual lo enseñan Platón y Aristóteles al indagar acerca del buen vivir, la felicidad consiste en la virtud, en tanto el hombre o la mujer felices son los virtuosos. Por eso, a las chicas se les procuró enseñar la belleza de la magnanimidad y las virtudes encarnadas en las reglas doradas para que pudieran amarlas, junto a la tristeza a la cual conducen los modelos negativos que se oponen a éstas. Y las chicas eligieron abrazar la alegría de las primeras. Por eso son felices, sin importar el resultado de un partido de fútbol. Son felices porque jugando al fútbol cada partido que pasa aprenden a volverse más virtuosas. De ahí que en vez de denominarse 'Yo no fui', deberían llamarse 'Las magnánimas'".

