Ser mamá y futbolista en el Mundial: cómo es la vida entre la crianza y el deporte
Son mamas y también guerreras en la cancha. Tres futbolistas de la Selección nacional Femenina que participan en el Mundial que inició ayer en Nueva Zelanda y se extiende hasta el 20 de agosto, relataron su experiencia entre la crianza y la exigencia deportiva.
Las tres fueron convocadas para integrar el plantel albiceleste por su brillante desempeño en importantes clubes del país. Se tratan de Vanina Correa, Julia Cruz y Lorena Benitez. Con el objetivo puesto en ganar la competencia deportiva portando los colores argentinos, las deportistas cuentan cómo coordinan su maternidad en estas instancias de presión deporiva.
Vanina Correa tiene 39 años y es arquera de Rosario Central, mismo puesto que desempeña en la Selección Argentina. Es mamá de los mellizos Luna y Romeo. Fue mamá a los 30 y para dedicarse a la crianza abandonó el fútbol por cuatro años.
A 6 años de haber jugado su último partido, el entrenador Carlos Borello se la encontró de casualidad en un torneo que disputaba con amigas. Le dijo que la quería de vuelta en la Selección. Ver inactiva a la arquera, que había sido figura en los Mundiales de 2003 y 2007 y se había coronado en la Copa América 2006, le resultaba un “pecado”.
"Le dije que iba a ser complicado porque yo ya era mamá y volver a la Selección implicaba más horas de entrenamiento y viajar. Pero me empezó a llamar por teléfono para que vuelva. En los últimos llamados me apuró porque tenía que sacar la convocatoria y acepté", contó Vanina.
Después de ganar el repechaje, la Selección se clasificó y participó en el Mundial de Francia 2019 después de 12 años de ausencia mundialista. En esa Copa del Mundo, Vanina le atajó un penal a la legendaria Nikita Parris y se convirtió en la mejor jugadora ante Inglaterra.
La mendocina de 27 años, Julieta Cruz, es mamá de Narela que cumplió 4 años de edad. Actualmente, se desempeña como lateral derecha de Boca Juniors y asegura que la maternidad le “cambió la vida”. Por su experiencia, insta a sus compañeras a no temer quedar embarazada y tener sueños como futbolista profesional. “Si está en tus planes y lo soñaste, podés hacerlo realidad”, asegura. La defensora y capitana del combinado nacional espera por el debut del lunes ante Italia en Auckland con gran expectativa: "Venimos bien trabajadas desde Argentina y con ganas de poder llevar a cabo lo que entrenamos", aseguró.
La mamá de Narella jugará su primer Mundial, ya que la Copa de Francia 2019, a la que Argentina se clasificó después de 12 años de ausencia, la vio por televisión. En ese momento, trabajaba en la fábrica de alfajores de una amiga y con Carolina Troncoso, su compañera en Boca, se juntaban a ver los partidos.
Lorena Benítez, por su parte, es madre de Renata y Ezequiel. Sus hijos nacieron un mes antes de debutar en el Mundial de Fútbol de Francia, en el año 2019. Aun cuando la gestación la llevó adelante su pareja en ese momento, Verónica Rivero, para Lorena fue toda una revolución que como madre continuara como mediocampista en la Selección argentina y en su equipo, el Palmeiras de Brasil.
Su historia está plagada de anécdotas. De jugar con un DNI falso con un nombre de varón de niña a viajar al Mundial de Francia 2019 días después de convertirse en mamá de mellizos.
Lorena nació en Luis Guillón, es hija de un matrimonio de inmigrantes paraguayos y de pequeña empezó a jugar al fútbol en equipos de varones. “En determinado momento tuve que dejar de llamarme Lorenzo”, cuenta la mediocampista, que por ese entonces empezó a mostrar los cambios físicos típicos de la adolescencia.
Su primera vez en una escuelita con otras chicas fue cuando tenía 11 años: “Yo jugaba muy distinto a las nenas que recién estaban arrancando. A la entrenadora le llamó la atención y me llevó con las más grandes. Primero armamos un equipo en el barrio y después me llevaron a San Lorenzo”.
Hoy Lorena vive en Vinhedo, una localidad cercana a San Pablo en la que el Palmeiras femenino tiene su centro de entrenamiento. Cuenta con un departamento para ella sola y el club paga parte de ese alquiler. Pasa muchas horas de entrenamiento, pero se comunica por videollamada con sus hjos, a los que denomina “el motor para ir por nuevos objetivos”.
Tres jugadoras, tres historias de vida, y un objetivo en común: desarrollar su carrera pensando en el orgullo de sus hijos que las alientan desde su hogar. Y con una particularidad en este Mundial de Nueva Zelanda que se disputa desde ayer.
Será el primer certamen de alcance internacional en aplicar los cambios que la FIFA desarrolló en su reglamento en el año 2021, según los cuales ningún club podrá despedir a una futbolista por quedar embarazada. Además, establece normas que echan por tierra las exigencias “antiembarazo” y obliga a que las futbolistas que queden embarazadas puedan seguir desempeñándose en el deporte mientras su salud se lo permita.