¿Cuándo cambiar el DNI por el ADN?
La primera vez que utilicé un ambú en la guardia del Hospital Central de Mendoza fue para asistir a un paciente NN. El ambú es una bolsa autoinflable conectada a una mascarilla - seguramente lo has visto en alguna película - y permite proporcionar aire a presión a un paciente cuando tiene dificultad respiratoria. Mientras realizaba la tarea que se me había asignado, no dejaba de pensar en ese NN. El paciente que se encontraba tendido en la camilla, de unos 50 años aproximadamente, era hijo, probablemente padre, hermano o pareja de alguien. Pero para el sistema de salud, esa persona momentáneamente había perdido su identidad, era un NN.
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La expresión NN, que proviene del latín, significa Nomen Nescio (nombre desconocido) y suele utilizarse cuando un paciente ingresa al hospital sin ser identificado. Esto suele suceder cuando el estado de conciencia del paciente se encuentra severamente alterado y no se hallan documentos identificatorios entre sus pertenencias. Pero ¿es su nombre o DNI lo que identifica a una persona?
La identidad como objetivo
Algunas canciones tienen la particularidad de hacerme llorar. No son muchas, pero la mayoría comparte una característica singular. La letra de esas canciones suelen mencionar historias de vida relacionadas al gobierno de facto que intervino en Argentina desde 1976 a 1983. Esa junta militar instaló un nuevo concepto en la historia de nuestro país, el estado de desaparecido de una persona, con el único fin de negar sus asesinatos. Yo nací un tiempo después, cuando en nuestro país reinaba la democracia y la hiperinflación. Sin embargo, el tema de la dictadura militar siempre ha tocado mis fibras más sensibles. Más allá del sinfín de atrocidades cometidas durante la dictadura militar, lo que más me angustia y duele al respecto es la intención premeditada de aniquilar la identidad de las personas. A lo largo de la evolución humana, podemos ver que cada cultura ha tenido un modo muy diverso para afrontar o procesar la muerte, pero la mayoría tiene algo en común, la intención por recordar a sus seres queridos. Por ello, personalmente creo que la dictadura cometió algo peor que sus asesinatos, al intentar borrar la identidad, los pensamientos, las historias y legados de sus ¨enemigos¨. Pero, ¿qué es la identidad? La identidad tiene múltiples definiciones pero, siendo generosos, desde un punto de vista biológico podemos definirla como al conjunto de rasgos que son propios de un individuo o grupo, y por ello se diferencian del resto. Existen múltiples tipos de identidades, como la identidad biológica, de género, nacional, política, cultural, y tantas otras más. Al fin y al cabo, identificar algo es encontrar un grupo de características que diferencian nuestro objeto de estudio del resto. A mayor desigualdad en los elementos de estudio, más fácil será diferenciarlos. Por ejemplo, nos sería sencillo diferenciar un humano de un perro desde un punto de vista morfológico. Incluso, seguiría siendo relativamente sencillo si tuvieramos que identificar a dos personas del mismo sexo si nos basamos en las características del rostro, como el tamaño de la nariz, el color de ojos, el color del cabello, la presencia de lunares, su dentadura. Pero ¿qué sucede si tomamos los mismo parámetros para identificar dos personas gemelas? Nuestro análisis debería ser más detallado, ya que ahora las similitudes son mayores y las diferencias más difíciles de reconocer.
El aporte argentino
La idea de poder identificar a las personas de manera precisa ha mantenido a la ciencia ocupada varios siglos. Hacia finales del siglo XIX, un croata nacionalizado argentino pudo por primera vez en la historia demostrar que mediante una técnica sencilla y muy económica se podía identificar a cualquier persona por sus huellas dactilares. Este antropólogo, que en nuestro país también trabajaba como policía, estaba interesado precisamente en identificar delincuentes en la escena de un crimen. Fue así que, gracias a quién conocemos como Juan Vucetich ( Iván Vucetic, 1858-1925 ), se pudo resolver el primer caso de asesinato del mundo a través de huellas dactilares (Buenos Aires, 1892). Estas huellas son distintivas a cada individuo, incluso en gemelos idénticos. Para la época era un método revolucionario, que luego se aplicó en la mayoría de los documentos de identidad del mundo. Sin embargo, con el paso del tiempo, aprendimos que las huellas dactilares pueden sufrir daños, lo cual dificulta la identificación de la persona, o incluso en el caso de un delincuente puede ocultarlas utilizando guantes. Como siempre, la ciencia no se conforma con lo que consigue, y continuamente revisa y busca mejorar lo que ya se ha logrado. Los métodos de identificación cada vez son mejores, hoy es común utilizar dispositivos de reconocimiento biométrico que identifican nuestro rostro, voz o incluso el iris (ese anillo que da color a tus ojos). Sin embargo, todos ellos pueden ser vulnerados, pero hay uno que tiene un nivel de precisión muy alto y que seguramente hayas escuchado, el ácido desoxirribonucleico…perdón, el ADN (¿ahora si?).
Pero, ¿qué es el ADN?
El ADN es el material genético que encontramos en el núcleo de la mayoría de nuestras células (sí, en la mayoría, porque hay algunas rebeldes como los glóbulos rojos que no tienen núcleo), y contiene la información necesaria para hacer funcionar un organismo. Es algo así como el libro de recetas donde figuran todas las cosas que una célula puede fabricar. Esta capacidad de contener información y poder transferirla a otras células es fascinante - como quien conecta un USB de un dispositivo electrónico antiguo a uno nuevo para resguardar la información -. Estos descubrimientos han llevado al campo de la genética a realizar grandes y cuantiosos avances. Pero, como apasionado de la ciencia, considero que al hablar de algunos temas en particular, deberíamos siempre comenzar reivindicando a aquellas personas que fueron ninguneadas por el entorno. En este caso, empezaremos mencionando a Rosalind Franklin (1920-1958), una investigadora británica que observó por primera vez la estructura del ADN. Como buena científica, compartió su conocimiento con sus colegas James Watson y Francis Crick, y así estos pudieron proponer el modelo estructural del ADN tal como lo conocemos hoy - esa escalera retorcida que quizás recuerdes -. Gracias a sus contribuciones sobre la estructura molecular del ADN y la importancia para la transferencia de información entre organismos, Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nobel de Medicina en 1962. Como los galardonados olvidaron decir en sus discursos ¨este premio lo compartiremos con Rosalind Franklin¨o al menos ¨gracias Rosalind, sin tí no estaríamos aquí ¨, le pediremos disculpas una vez más por quienes intentaron olvidar su identidad por el hecho de ser mujer.
Más aportes argentinos
Luego de muchas investigaciones y descubrimientos, hoy entendemos que el ADN nos brinda el más complejo y específico método de identificación biológica que conocemos. Esto permitió, que luego de la dictadura se fundara el equipo Argentino de Antropología Forense, una organización científica que buscaba identificar los cuerpos de las personas desaparecidas - que fueron encontradas en fosas comunes -, como también los nietos y nietas apropiados. Gracias al trabajo de este mundialmente reconocido equipo forense, muchos nietos y nietas pudieron conocer a sus abuelos y abuelas, sus historias e identidades. Debido a su prestigio, este grupo ha intervenido en numerosos casos de identificación de personas como los soldados caídos en la Guerra de Malvinas, los estudiantes desaparecidos en México, y tantos otros casos nacionales e internacionales. Tal vez, su prestigio está ligado a la calidad del trabajo genético que realizan, pero además, indirectamente permiten que cientos de familias puedan tener un espacio donde reconocer, identificar y rememorar a sus seres queridos.
Cortando y pegando el ADN
Vivimos una de las épocas más revolucionarias de la genética. Recientemente, se ha desarrollado una técnica de edición del ADN que tiene una especificidad altísima, es decir, se puede cortar, agregar o eliminar cualquier segmento de información contenido en una célula. Esta herramienta llamada CRISPR (por sus siglas en inglés Clustered Regularly Intespaced Short Palindromic Repeats) fue descubierta al estudiar el modo en que las bacterias se defienden del ataque de los virus. Muchos investigadores e investigadoras consideran que éste es el descubrimiento más importante del último siglo, lo que significó el Premio Nobel de Química en 2020 para las científicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna. Actualmente, el foco está puesto en entender cómo podemos aplicarlo en humanos de manera segura para resolver enfermedades genéticas que son provocadas por la ausencia o alteración de un gen, como enfermedades raras o genes que predisponen a la aparición de ciertos tipos de cáncer. Si bien la terapia génica está dando sus primeros pasos, tenemos mucho trabajo por delante para asegurar su eficacia.
Quizás en algunos años, la edición genética sea tan simple y económica, que debamos buscar otro método de identidad biológica. Mientras tanto, yo seguiré llorando con las mismas canciones, y nunca más olvidaré que nuestra identidad se compone y nutre por aquellos pensamientos, acciones y sentimientos que intercambiamos con otros, y no por lo que diga nuestro DNI, las huellas digitales o el ADN que se utilice para definirnos.
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Autor: Agustín Luján. Investigador postdoctoral del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, España.

