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Emigró a Europa y vive una aventura única junto a su perro

Joaquín Marchiso es un joven mendocino que desde el 2016 vive en el viejo continente.

En un mundo donde la rutina y la comodidad son la norma, existen personas que se atreven a vivir una vida fuera de lo común. Joaquín Marchiso es uno de ellos. Hace varios años, al igual que muchos jóvenes en el país, decidió emigrar hacia Europa, en un principio con un objetivo común, obtener un mejor futuro, pero su vida tomó giro con el que muchos fantasean, pero que pocos se animan. 

Joaquín ha hecho de su bicicleta su compañera constante y fiel, recorriendo el viejo continente, descubrió culturas, paisajes y experiencias que muchos solo pueden imaginar. En una entrevista con MDZ comentó cómo empezó todo, sus mayores desafíos y todo lo que aprendió. 

El joven aventurero en Amsterdam

"Creo que habría que empezar por el principio", comenta Joaquín, recordando el comienzo de su emocionante travesía. "Yo me fui de Argentina en el 2016 y llegué a Tenerife, España, donde tenía a mi tía viviendo. Estuve viviendo con ella por unos meses y buscando trabajo, pero la situación no era fácil en ese momento".

Fue durante ese tiempo en Tenerife que Joaquín descubrió una pasión inesperada: "Empecé a tocar la guitarra en la calle y me di cuenta de que no era imposible vivir de la música". "Pero mis ganas de viajar, de abrir mis horizontes, de conocer gente y culturas nuevas, estaba creciendo cada vez más. Creo que se podría decir que mi inspiración principal en ese momento era vivir la mayor cantidad de aventuras posibles. Nunca me imaginé que el viajar se convertiría en mi estilo de vida", agregó

Desde el 2018, Joaquín ha estado viajando de una manera particular. "No siempre estoy en movimiento constante, a veces trabajo y otras veces vivo en comunidades en la naturaleza o en el campo, pero siempre formando parte del viaje", explicó.

Su itinerario hasta es impresionante. "Empecé en España, seguí por Portugal y de ahí a Italia", mencionó Joaquín. "Trabajé en los Alpes y realicé mi primer viaje en bicicleta en Francia, aunque desafortunadamente me robaron la bici. Luego, viví y trabajé en Holanda y realicé mi segundo viaje en bicicleta por Alemania. Después regresé a Italia, donde estuve recorriendo el país durante tres años, utilizando distintos medios de transporte como autostop, a pie, en tren y en bicicleta. Conocí casi todas las regiones".

Este año, Joaquín emprendió una nueva aventura, la fría región de Escandinavia. "El objetivo final es Noruega, lo más a norte que se pueda llegar, teniendo en cuenta que desde septiembre empieza a hacer frío, la idea es llegar a alguna ciudad y buscar laburo para pasar el invierno. Hace años tengo a Noruega en la cabeza, lo extremo de esa tierra tiene un no se qué, que me atrae mucho. Será una experiencia nueva y única, una nueva aventura."

"Normalmente, prefiero viajar en meses fríos, no me gusta mucho el calor, pero esta vez tiene que ser sí o sí en verano, difícil viajar en Escandinavia en invierno", explicó.

Una aventura difícil en lo legal

Joaquín es ciudadano italiano, lo que le permite realizar este viaje que si el desea puede ser interminable. Para los argentinos que no tienen un pasaporte europeo, el tiempo de permanencia es de solo 3 meses, por lo que una aventura de tal envergadura no sería posible. 

El joven posee el pasaporte italiano

El dinero en cualquier parte del mundo es importante y Joaquín comentó que actualmente su principal fuente de ingresos es la música que él toca en la calle. "En cada pueblo al que llego, me detengo durante aproximadamente una hora, toco un poco la guitarra, canto, recojo las monedas necesarias y luego continúo mi camino", agregó. 

Desde hace casi tres años, Joaquín prescindió de un trabajo convencional y encontró en la música callejera su principal fuente de sustento. "He hecho algunos trabajos temporales o changas, pero casi todos mis ingresos provienen de tocar la guitarra en la calle. Vivo día a día", revela, mostrando su enfoque en vivir el presente y adaptarse a las circunstancias cambiantes de su estilo de vida itinerante. No obstante, en situaciones difíciles, su madre desde Argentina le ha ayudado económicamente. 

Un viaje en compañía

Si bien su viaje comenzó en solitario, en el camino se le unieron compañeros. Uno de ellos es su perro Nanook. "Me lo encontré en Cerdeña, una isla italiana, durante la cuarentena. Era cachorrito y estaba muy enfermo. Lo llevé al veterinario y estuvimos un mes con antibióticos. Desde entonces, nunca más nos separamos". 

"Viajar con un cuadrúpedo no es para nada fácil", admite. "No hay una casa donde dejarlo, paso con él las 24 horas del día. Pero por suerte, me tocó un compañero fantástico. Aprendió todo rapidísimo, se porta muy bien con otros perros, es raro que busque pelea, y además le encanta correr al lado de la bici". Para asegurar su comodidad, Joaquín utiliza un carrito enganchado a la bicicleta para cuando Nanook se cansa o cuando se encuentran en calles peligrosas.

El amigo fiel del aventurero

En cuanto a su compañera, Joaquín menciona a Nina, una chica italiana con quien ha tenido una historia larga y compleja. "Nos conocemos desde hace varios años", comparte. "Estuvimos juntos, nos separamos, volvimos, nos volvimos a separar, y ahora estamos viajando juntos de nuevo. Es una historia que no parece tener fin". A pesar de los altibajos, Joaquín destaca que conocerse bastante bien facilita la convivencia. Inicialmente, comenzó su viaje en solitario, pero Nina se unió a él en Praga, República Checa, también en bicicleta.

Nina y Joaquín

Desafíos

En su viaje enfrentó numerosos desafíos. Uno de los más destacados fue cruzar los Pirineos durante el invierno, con calles nevadas y altitudes de hasta 2000 metros. Joaquín describió esta experiencia como una de las aventuras más locas de su viaje, donde incluso tuvo que descender sin frenos.

Pero los desafíos no se limitan solo a las condiciones geográficas. Joaquín tuvo que enfrentar dificultades financieras al viajar sin dinero extra o incluso sin una cuenta bancaria. Vivir al día y enfrentarse a la incertidumbre diaria no es una tarea sencilla. "Hay días en los que te preguntas qué estoy haciendo acá", contó. Desde una simple rueda pinchada en un lugar desolado hasta otros obstáculos, Joaquín reconoce que los contratiempos pueden arruinar un día. Sin embargo, a lo largo de los años, aprendió que cada situación negativa es una oportunidad para mejorar y fortalecerse. Para Joaquín, siempre hay una solución y, por lo general, estas soluciones llegan por sí solas. Solo se necesita paciencia y optimismo, ya que siempre aparece un "ángel" que brinda ayuda en el momento adecuado.

Buena gente en todos lados

Joaquín concluye su historia con reflexiones sobre la belleza de conectar con personas de diferentes lugares y culturas. Una de las razones fundamentales por las que elige viajar de esta manera es para conocer gente, y asegura que en todos los rincones del mundo hay personas bondadosas.

En Alemania, el joven aventurero tuvo una experiencia que le quedó "grabada": "En un día difícil, empapado por la lluvia, agotado y desanimado, un hombre se acercó y, sin hacer preguntas, me dijo 'esta es la dirección de mi casa, si querés podés dormir allí está noche'. Cambio completamente mi día en un segundo con una frase. Me regaló una alegría que no es fácil explicar. Y como esta, varias, la gente es muy amable cuando lo necesitas. Siempre, siempre ha llegado alguien al rescate cuando lo he necesitado".

Aunque Joaquín extraña a su familia, amigos y las tradiciones de Argentina, por ahora su camino lo lleva hacia otros horizontes. Sin embargo, no duda en que algún día recorrerá nuevamente su tierra, pedaleando y cruzando la cordillera hacia Chile, hasta llegar al Pacífico.

Finalmente, a aquellos que desean hacer algo y no se animan, el joven dejó un consejo: "Eliminar cualquier tabú que uno tenga, no hacerle asco a nada, experimentar la vida al máximo, sin miedos ni remordimientos". Él cree firmemente que si seguimos el camino correcto y abrazamos cada experiencia sin reservas, el universo nos acompañará en nuestro viaje.