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Subas en el precio de los medicamentos, un riesgo para la salud

Los medicamentos tuvieron, en el último mes, una suba del 9%, por encima de la inflación general. Sin embargo, no se trata de un evento extraordinario ya que vienen registrando alzas sostenidas.
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

La inflación es una problemática a la que los argentinos le deben hacer frente mes a mes y afecta cada aspecto de la cotidianidad. Ante las subas que no dan tregua, casi ninguna actividad encuentra salirse de esta dinámica, sin embargo, algunos aumentos implican mayores riesgos que otros, por ejemplo, en el rubro de salud. Es que, una familia puede prescindir de un servicio, buscar segundas marcas en el supermercado u optar por indumentaria de segunda mano; lo que no puede –o no debería- es excluir un medicamento.

Gastar dinero en salud no es una inversión satisfactoria, pero sí necesaria. Si a esto le sumamos que, según las últimas mediciones del Indec, este rubro sufrió variaciones por encima de la inflación general –un 9% frente al 7,8%- durante mayo y que, en lo que va del año, ya acumula subas por encima del 35%, el panorama es aún más complejo.

Sin embargo, a la hora de analizar la situación se debe tener en cuenta una amplia gama de consumidores. El abanico podría iniciarse con los adultos mayores que actualmente se encuentran afiliados al PAMI, quienes afortunadamente tienen una cobertura del 100% en tratamientos especiales y para personas con discapacidad.

Por otra parte, se encuentran quienes, ante una enfermedad aguda, deben comprar una medicación en particular y, en caso de tener obra social o prepaga, costean un porcentaje superior al 50% del producto. Y, finalmente, quienes padecen de enfermedades crónicas y afrontan ese gasto mes a mes. Este último grupo puede llegar a acceder descuentos mayores. A pesar de esto, el ticket de la farmacia resulta difícil de afrontar.

“Este tipo de situaciones las vivimos día a día, como históricamente ha sucedido cuando hay una crisis económica. Cuando la gente se empieza a restringir, también lo hace en los medicamentos”, aseguró Mario Valestra, presidente del Colegio Farmacéutico de Mendoza, quien añadió que el malestar y las consultas se incrementan ante este panorama: “Se da una dinámica en la que llegan con los medicamentos que les ha prescripto y consultan cuál de todos es el más importante o si hay opciones más baratas”.

El invierno y los padecimientos propios de esta época hacen que este tipo de situaciones se hagan más frecuentes y, también, que el shock de quienes compran remedios de forma circunstancial sea aún mayor a la hora de pagar la cuenta. “Se arma toda una arquitectura para que el paciente pueda adquirir sus medicamentos, pero hay que tener en cuenta las distintas realidades. Quien viene una vez al año por un resfrío o una bronquitis, al momento de ir a buscar un medicamento en la farmacia, le parece excesivamente caro”, detalla Valestra.

Por otra parte, el profesional señaló que no se trata de una problemática propia del sector y apuntó hacia el poder adquisitivo: “Hay drogas para patologías crónicas como la hipertensión o la diabetes, que han tenido incrementos, sí, es cierto, pero nunca han estado por arriba del IPC. Los costos son altos para el bolsillo de hoy, de ayer y de siempre porque son los sueldos los que están deprimidos y, en parte, porque a nadie le gusta gastar en medicamentos”.

Testimonios de esta problemática

Sergio es docente y padece de diabetes, la cual le produjo una dolencia cardiaca. Actualmente, son varias las medicinas que debe consumir al día y también afrontar otros gastos de salud ya que, según señaló, hay prácticas que OSEP no cubre, como la rehabilitación cardiovascular. Solo en la farmacia, su ticket es de alrededor de 12 mil pesos.

“Tengo dos insulinas y unas pastillas para la diabetes. Sobre esto, la obra social me cubre al 100% solo las insulinas, también tengo bonificado completamente 50 tiras para las mediciones”, inició detallando el profesional, aunque aclaró que se encuentra con otros desafíos a la hora llevar adelante su tratamiento ya que los glucómetros son proporcionados por OSEP y suelen ser cambiados frecuentemente. “Nos dijeron que hubo un problema de convenio y que los iban a cambiar, pero tardaron en llegar y no nos daban tiras para el medidor viejo”, señaló.

En tanto, es en la patología cardiaca donde encuentra una mayor dificultad económica ya que sobre esta solo cuenta con los descuentos propios de la prescripción. “Para el problema cardiaco tomo la rosuvastatina, nebivolol, aspirina prevent y ezetimiba. El gasto son unos 12 mil al mes, aunque si uno ve el ticket final, sin descuentos sería inalcanzable directamente”, explica el docente.

Y es que, a esto también debe sumarle el pago de las consultas con diferentes profesionales: “Como requiero de un seguimiento constante y de un trabajo coordinado entre diferentes especialidades consulto a varios médicos, conseguí un cardiólogo que recibe OSEP pero la diabetóloga no, y la consulta cuesta $4.000”.