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Una familia “de locos”: adoptaron a un adolescente y ahora cuentan su historia

Un matrimonio se animó a contar su experiencia tras adoptar a un joven de 16 años. La idea es incentivar a otras familias para dejar los temores de lado y brindarles un hogar a la decena de adolescentes que están en el sistema a la espera de un hogar.
Rita, Martín y Nahuel, los protagonistas. Foto: Gentileza
Rita, Martín y Nahuel, los protagonistas. Foto: Gentileza

La pandemia tuvo implicaciones muy negativas en todo el mundo, sin embargo, logró algo muy positivo en la familia que Rita, Martín y Nahuel decidieron conformar. Fue durante esos meses que la relación entre ellos se afianzó a fuerza de tareas domésticas, jardinería y horas compartidas. Hoy, cada uno de ellos sigue una rutina distinta, como cualquiera, pero con una ganancia extraordinaria tras este tiempo: tenerse el uno al otro.

Nahuel actualmente estudia, hace deporte, trabaja y vive solo. Todos los datos sobre él los ha aportado Rita quien, a pesar de los kilómetros que la alejan de su hijo, lo protege en todo lo que está a su alcance, sabiendo también que no puede preservarlo tanto como quisiese y luchando contra sus propios deseos para respetar su espacio y decisiones.

Los halagos la desbordan, se tropiezan y enredan. Así se hace evidente su incapacidad para contenerse a la hora de hablar de su hijo. “Como fui madre ya grande, canalizo todo en él”, se justifica y continúa relatando admitiendo que la maternidad siempre fue un deseo siempre presente que no pudo alcanzar hasta pasados sus 50 años, cuando Nahuel llegó a sus vidas. Y es que tal vez esta historia pueda simplemente sintetizarse en “las segundas oportunidades”.

Todo inicia con Rita y Martín formando una pareja a los casi 40 años, luego de haber mantenido otras relaciones que no llegaron a buen puerto. Fue ahí cuando se renovó la idea de incorporar a un nuevo integrante. “Fue una idea que siempre te ronda en la cabeza”, asegura, pero aún mantenía algunas dudas: “Tomar la decisión es difícil”. A través de una amiga llega a este matrimonio una convocatoria para adoptar a un joven de 16 años y de esta forma se embarcaron en una aventura que cambiaría sus vidas.

Re locos

“Ustedes no son gente normal, están re locos”, dijo Nahuel en una de las tantas discusiones que mantuvo este adolescente con sus padres y esa frase ahora se convirtió en una suerte de mantra familiar que se repite con orgullo y provoca risas. Es que, saben que la idea de adoptar a un joven puede que salga de los esquemas y las estadísticas que establecen que la mayor demanda es que niños que no superen los cuatro años.

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Este fue justamente el principal motivo que hizo romper la cuidadosa intimidad de esta familia para contar su historia: promover la adopción de niños y niñas de mayor edad. Fue a través de la campaña #AdoptenNiñesGrandes -que se lleva a delante en las redes sociales- que Martín se animó a dar algunos detalles del proceso.

Rita ahora rememora todo lo ocurrido y asegura que, a pesar de algunas dificultades que tuvieron que superar, volvería a tomar cada una de sus decisiones. Ninguno esconde los momentos complicados, las rispideces que surgieron durante la rutina, los conflictos a la hora de poner límites y establecer reglas, pero todo esto se desdramatiza con una simple frase: “Es como criar a cualquier adolescente”.

“Esto es la vida misma. Creo que todo el mundo vive las mismas situaciones con sus hijos biológicos y peores cosas también. Pero ahora lo vemos sano, feliz y eso nos reconforta. No nos arrepentimos de nada. Sí, pasamos momentos duros, momentos en los que se lloró.  Pero lo volveríamos a hacer porque lo amamos, porque lo queremos, porque lo consideramos nuestro hijo, ¿entendés?”, cuenta Rita con la certeza de quien lo dio todo.    

Los momentos claves

Con muy poco conocimiento acerca de cómo iniciar el proceso de adopción esta pareja comenzó a transitar este camino. Tras anotarse en el Registro de Adopción, ser entrevistados y aportar documentación, fueron convocados para –finalmente- conocer a Nahuel, de quien no tenían más datos que su edad. “Fue en la oficina de la jueza. Creo que nunca me lo voy a olvidar. Muy emocionante, precioso. Abrió la puerta y entró todo asustado porque él también estaba asustado”, recuerda Rita y suma que el papel de cada uno de los que participaron en el proceso fue clave: “La jueza fue una capa con mucho manejo de la situación. En este trámite nosotros no gastamos un peso porque el gobierno te pone un abogado. Él también tenía su abogado. Estaban todos presentes”.

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Tras la presentación llegó un almuerzo, algunas horas de charla y conocer la casa que podría convertirse en su hogar. Luego, él debía volver al hogar. La estadía se hizo más larga el fin de semana y, un tiempo después, Nahuel fue quien tomó la decisión de mudarse.

“Informamos al equipo de adopción y, los primeros meses, vinieron todos los días. Hablaban con los tres, hablaban con uno, hablaban con el otro”, relata sobre Rita sobre cómo continuó el proceso y se sincera: “No te puedo mentir, afrontamos muchas situaciones difíciles porque no es que uno adopte un nene de un año y hacés todo lo que querés. No, él era un joven de 16 años, con sus ideas, son sus deseos. Contesta, sabe lo que quiere y tiene el cuero duro. La tiene clara. Bueno, más como cualquier adolescente, ¿no?”.

En medio de la convivencia se dictó el aislamiento y, según la mujer, en parte fue esa nueva realidad la que ayudó a afianzar los lazos.  “En la pandemia nos acomodamos porque estuvimos cuatro meses encerrados acá en casa. Hicimos tareas en el patio: vendimos compost, armamos plantines”, recuerda. Fueron tal vez esas horas compartidas las que terminaron provocando que las cosas comenzaran a surgir. “Nosotros teníamos claro con mi marido que, pase lo que pase, la íbamos a pelear. La luchamos porque él necesitaba una familia y nosotros necesitábamos un hijo”, asegura.

  “Es como un encuentro. El amor no nace de un momento a otro, se va a forjando de a poquito"

Tras varios meses de convivencia, llegó un momento determinante en la vida de los tres, era la hora de decidir si se llevaba adelante la adopción plena: “Le preguntaron a Nahuel y él dijo que sí. Así que empezamos el trámite, que también fue muy rápido”.

La vida en familia

“En las vacaciones de julio planificamos un viaje de presentación familiar. Pobre, él llevaba unos dos meses con nosotros. Fue un día que estábamos en la playa que me dijo por primera vez mamá, yo no dije nada, pero por dentro te morís. A Martín le dice ‘viejo’ y lo tutea; a mí no porque soy la más hinchapelotas”, detalla Rita sobre uno de los momentos más importantes de la relación que logró con su hijo.

Sin embargo, al ser un adolescente, hay cosas que deben ocurrir ya que Nahuel también debía comenzar a transitar su vida. “Sabíamos que teníamos poco tiempo. Tampoco sería sano tenerlo en casa hasta los 30”, comenta sobre el día en que el joven debió partir a estudiar a otra ciudad: “Nosotros siempre le dijimos que tenía que estudiar”. Hoy la distancia se intenta salvar con mensajes, audios y videollamadas a diario: “Lo llamo y le digo que lo extraño, pero él también tiene sus cosas. Ahora tiene su primera casa, se lava los platos, cocina, se lava su ropa y tiene su primer grupo de estudio”.

Rita no puede esperar para poder reunirse nuevamente con su hijo cuando la rutina lo permite, ya tienen planeado un viaje a su departamento y el regreso del joven durante las vacaciones de invierno. Ahí la familia volverá a estar junta y a disfrutar de un tiempo compartido, como cualquier familia con un hijo que inicia su camino.