¿Por qué Manuel Belgrano fue el primer economista argentino?
Fue tan grande la incidencia de Manuel Belgrano(1770 -1820) en el proceso de la independencia argentina; y en paralelo, es tan fuerte la inigualable marca histórica que lo consagrará como el creador de la bandera nacional que todo lo otro generado por él pareciera que se convierte objetivamente en menor. ¿Qué más podemos valorar en un hombre que fue el gestor de uno de nuestros máximos símbolos patrios y marcó a fuego la emancipación americana? Pareciera que nada más. Pero, sin embargo, los aportes de Belgrano en otras dimensiones sociales, académicas y culturales fueron tan sobresalientes, que aquel inigualable logro de crear nuestra bandera impidió poder tasar en su total magnitud las enormes contribuciones que Belgrano nos legara.
La sola creación de la bandera argentina ya ensombrece muchas otras cosas. Pero Belgrano fue además un intelectual progresista; político y estadista; defensor del americanismo; admirador de Wolfgang Amadeus Mozart; gran jugador de ajedrez; lector de los primeros socialistas utópicos como Charles Fourier y Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon; políglota y traductor (hablaba inglés, francés, italiano, latín y conocía dialectos nativos americanos como el guaraní y quichua); amante de la pintura y promotor de la Escuela de Dibujo, en la cual a su vez se inscribió como alumno; ferviente cristiano; comprometido periodista y escritor; propulsor de la educación pública y de la incorporación de la mujer al proceso educativo; fundador de la Escuela Náutica; precursor de la ecología y defensor del medio ambiente; creador de la primera Academia de Matemática. Todo esto, y más, nos llevarán a sostener como irrefutable aquel certero juicio de José de San Martín cuando expresaba: “Belgrano es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural, créanme Ustedes es lo mejor que tenemos en América del Sur”.
A las menciones anteriores faltaría agregar que por sus excelentes notas como estudiante llegó a ser presidente de la Academia de Derecho Romano, Política Forense y Economía Política en una de la universidad más antigua y prestigiosa de Europa, la Universidad de Salamanca (fundada en 1218), lo que le permitió ser autorizado por el Papa Pio VI para tener un selecto y exclusivo acceso a la “bibliografía prohibida”: los pensadores de la “ilustración” como Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Sieyès. Pero también expondremos de Belgrano, que fue protagonista en el Cabildo Abierto de Mayo y vocal de la Primera Junta, agitador de ideas en el Congreso de Tucumán, movilizador de todo un pueblo en el heroico éxodo jujeño y guerrero triunfante en Salta y Tucumán.
¿Algo más podríamos agregar? Sí. También es considerado el primer economista argentino. Como reconocimiento, la prestigiosa biblioteca de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Córdoba lleva su nombre y el día del graduado en Ciencias Económicas se festeja el 2 de junio, conmemorando aquella jornada de 1794 cuando Manuel Belgrano será designado primer secretario del Consulado de Buenos Aires desde donde empujará una serie de medidas marcadamente revolucionarias para la época y sobre todo, muy valientes, considerando que en ese tiempo todavía estábamos bajo la égida de la monarquía española y su cerrado régimen monopólico.
Fisiocracia, reforma agraria e industria nacional
Testigo directo de los sucesos revolucionarios europeos de 1789 y admirador de las ideas económicas de la época, se siente atraído por Adam Smith, padre del liberalismo, quien acababa de publicar “La Riqueza de las Naciones” (1776).
Pero su máxima identificación fue con los “fisiócratas” como Francçois Quesnay (1694 – 1774), autor en 1758 de “Tableau Économique”; para muchos el pionero trabajo que intentó describir el funcionamiento de la economía de forma analítica y puede considerarse como la primera contribución importante al pensamiento económico.
Los fisiócratas potenciaban el desarrollo de la agricultura e identificaban gráficamente al Estado como un árbol, cuya raíz (lo sustancial) se referencia con el desarrollo agrícola, y su tronco y hojas (la consecuencia del desarrollo de raíz) con los beneficios y logros que la sociedad podía conquistar.
Inspirado en ese trabajo de Quesnay (“Tableau Économique”) y en sus conocimientos sobre derecho público, el pensamiento de Belgrano estará presente desde el primer momento en el incipiente periodismo rioplatense. Su actividad comenzó en el “Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata” que empezó a publicarse el 1 de abril de 1801 dirigido por Francisco Antonio Cabello y Mesa, contando entre sus columnistas, además de Belgrano, con el aporte de Juan José Castelli, Domingo de Azcuénaga y Julián de Leiva, alcanzando más de 200 suscriptores y llegando a publicar 110 númerosC

Belgrano también participó del periódico económico dirigido por Vieytes, “Semanario de Agricultura, Industria y Comercio” cuya circulación osciló entre 1802 y 1807, clausurado por los ingleses que acaban de invadir por segunda vez Buenos Aires. También su ideario económico se reflejó en el “Correo de Comercio,” siendo Belgrano quien a lo largo de sus 58 números promulgó incansablemente los ideales de la independencia y su posición económica sustentada en tres ejes conductivos: agricultura – industria – comercio. “La agricultura producía sobrantes que las artes (industrias) y el comercio transformaban y multiplicaban”. Fue uno de sus principios.
Por ese momento, la economía y el derecho no eran campos autónomos: “La abogacía se emancipó primero y evolucionó como facultad dentro de las universidades, pero la economía fue durante buen tiempo un capítulo dentro del derecho. Cuando el joven Manuel llegó a España, no había ninguna universidad que enseñara economía, la disciplina que abrazaría más adelante” (Diego Valenzuela y Mercedes Sanguineti, “Belgrano. La revolución de las ideas”. Sudamericana. 2013).
Liberalismo, pragmatismo y un justo proteccionismo
Como Secretario del Consulado siempre predicó a favor del libre comercio, pero eso no significó menospreciar el desarrollo de capacidades internas de la producción. Decía Belgrano: “Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño es conseguir, no sólo el darles nueva forma, sino en atraer las del extranjero, para ejecutar lo mismo y después vendérselas”. Todo un desafío para los imperialismos de su tiempo.
Otro punto fue el papel que Belgrano brindó al trabajo, haciendo eje en la importancia de la tarea manual como centro de la vida comunitaria. Ese pensamiento era muy progresista para su tiempo, ya que el trabajo era visto como algo que incumbía solamente a los esclavos. Por ende, defendió airadamente al hombre de trabajo y de campo, confrontando “sin medias tintas” con la tradición de nobles y clérigos, que consideraban incompatible con su dignidad el desempeño de trabajos manuales o artesanales, haciendo paralelamente un análisis sobre los inconvenientes que conspiraban contra el desarrollo de todo el ámbito agrícola, muchos de los cuales, hoy aún siguen siendo vigentes: baja retribución, precariedad de la vivienda rural, malos servicios, altos impuestos, inseguridad jurídica y social.
Faceta interesante de su posición liberal, es su justo pragmatismo político ante la coyuntura, así por ejemplo “en los finales del gobierno de Liniers le propuso el Virrey abrir el comercio a los ingleses en las costas del Río de la Plata para debilitar a Montevideo, atraer a las provincias de Perú y generar ingresos de aduana”. Dicha posición demuestra a la vez, su fina perspicacia del inteligente político que también supo ser.
Conclusión: su gran riqueza
El economista será una de las facetas más noble y ética de Belgrano. Lo tuvo todo. Fue rico y encumbrado. Sus ideas aportaron al crecimiento del nuevo mundo que llegaba. Contribuyó al bienestar general como pocos en nuestra historia. Creó nuestra bandera y fundó pueblos. Murió pobre. Desconocido. Fue el primer economista, sin embargo, la crueldad de su tiempo le quitó todo y lo dejó solo. La historia, como siempre, regresó por sus fueros y repuso sus méritos injustamente vapuleados: lo volvió a convertir, ahora en el millonario propietario de decenas de ejemplos sobre su vida que mostrarán su dignidad, honradez y cabal representante de la patriótica intransigencia que tanto parece seguir costando en nuestra patria.

