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Violencia, maltrato y soledad: una trilogía que amenaza a los adultos mayores

Desde hace poco más de una década, cada 15 de junio se celebra el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y del Maltrato de las personas mayores, fecha fijada por la ONU con el objetivo de concientizar y visibilizar el sufrimiento que aqueja a una numerosa población a nivel global.
Nuestros abuelos sufren mucho maltrato. Foto: Freepik
Nuestros abuelos sufren mucho maltrato. Foto: Freepik

Flagelo social que no distingue entre países desarrollados o en desarrollo, ni diferentes niveles socio-económicos, culturales o educativos. Por tanto, resulta imprescindible contextualizarlo por su multi- causalidad y por tratarse de una manifestación de cierta especificidad cultural en una población cada vez más envejecida.

La dificultad de hallar una definición unívoca y formalmente consensuada respecto al mal trato y la violencia hacia las personas mayores, exige sortear las limitaciones que presentan las distintas perspectivas disciplinares, en los ámbitos de la salud, la justicia, el derecho y las políticas públicas entre otras, orientando cada enfoque a distintos aspectos, objetivos, alcances del marco de protección necesaria, y arribando a propuestas, en cierta medida discordantes.

Se ha convertido así, en una preocupación social impedida de ofrecer una respuesta particular para la determinación de su prevalencia, sus causas y consecuencias, y el establecimiento de medidas de prevención de carácter multidimensional. Paralelamente, esta problemática social ha pasado a conformar el tercer grupo poblacional de riesgo, luego del grupo de menores y de mujeres, que podría considerarse como de extremas situaciones de vulnerabilidad relacionadas con un trato inadecuado (abuso, violencia o abandono), que pueden afectar a la calidad de vida de las personas y las familias.

6 de cada 10 adultos mayores padecen maltrato.

Según la proyección del último censo de población (INDEC, 2022) en la República Argentina habitan 7.429.972 personas mayores. Tal como informan las escasas investigaciones del tema que han aportado datos a la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2012) 6 de cada 10 de esas personas padecen malos tratos en el núcleo de su familia. En nuestro país esa cifra asciende a 965.896 personas mayores que potencialmente se encontrarían en esa situación. En esta misma línea de sentido, es preocupante el crecimiento de maltrato, ya que el 78% corresponde a una tendencia marcada por la feminización de la vejez.

La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación aporta que, para los primeros cinco meses del año 2023, se recibieron 400 denuncias de personas mayores en la Ciudad de Buenos Aires, localidad que cuenta con el mayor índice de envejecimiento del país. Según el Registro Nacional de Femicidios (RNFJA) emitido el pasado 1° de junio, 252 mujeres han sido víctimas letales en todo el país durante el pasado año; de las cuales 43 mujeres eran adultas mayores. Cifra cuya tendencia viene ascendiendo en más de un 10% cada año. Resulta más grave aún, conocer que las víctimas directas tenían un vínculo previo con el sujeto activo en el 88% de los casos.

se recibieron 400 denuncias de personas mayores en la Ciudad de Buenos Aires.

La Red Internacional para la Prevención del Abuso y el Maltrato de personas mayores (INPEA, por sus siglas en inglés) define a este tipo de violencia, como “la acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que causa daño o angustia a una persona mayor y que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza”. Así, se enmarca esta problemática en la frecuencia u omisión de la acción, en el ámbito donde se dan las relaciones (entorno familiar, social o institucional), y en las consecuencias (daño, perjuicio, situaciones de riesgo o sufrimiento).

Por otra parte, al igual que las diversas formas de violencia (física, psico-afectiva, ambiental, económica o moral) y que adoptan múltiples facetas, tales como el maltrato, la negligencia o el abandono, en el caso de las personas mayores conserva también una matriz de desigualdad, debido a la invisibilidad, el ocultamiento, y la despreocupación. Situación que puede seguir agravándose de manera compleja en la medida en que no se encare con decisión, en aquellas causas que podrían estar induciendo, como una manera de discriminación.

El abandono de los adultos mayores es un crimen radical a la esencia existencial como seres personales y familiares, contra el valor incondicional de la vida, y por eso es un crimen contra la propia humanidad.

María Dolores Dimier de Vicente.

* María Dolores Dimier de Vicente, Profesora de la Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables.

Sandra Hiriart.

* Sandra Hiriart, Profesora de la Maestría en Prevención y Abordaje de Violencias Interpersonales, ambas del Instituto de
Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.