Eduardo Pironio, el menor de 22 hermanos que no pudo ser Papa y podría convertirse en santo
Para contar el origen del Cardenal Eduardo Pironio, que en las próximas horas podría ser beatificado, hay que remontarse al momento bisagra de su historia familiar: el "milagro" que permitió su nacimiento y que está conectado con una curación inédita de un niño de 15 meses que se intoxicó con purpurina en Mar del Plata.
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El Papa Juan Pablo II citó parte de esta historia, en base a su intercambio epistolar con el Monseñor Juan Antonio Presas, durante la misa de su funeral.
"Apenas casados mis padres, muy jóvenes -mi madre 18 y mi padre 20- vinieron desde el Friuli a la Argentina. Se establecieron en 9 de Julio. Cuando nació mi hermano el mayor, mi madre estuvo gravísima, ella solía repetir: 'Como Cristo en la cruz'. Estuvo seis meses sin moverse, ni siquiera poder tomar una gota de agua. Su curación fue también un milagro de Nuestra Señora de Luján.
Estando ella en esas condiciones, llegaron los misioneros a predicar una misión, la visitaron, le dijeron a mi padre que en el primer tren que pudiera tomar fuese a Luján y pidiese a los Padres de la Basílica un algodón mojado en la lámpara que arde frente a Nuestra Señora; así lo hizo mi padre, regresó inmediatamente y frotó con ese aceite a mi madre; ella comenzó a restaurar su salud y a estar perfectamente bien. El médico le dijo que no podía tener más hijos porque ciertamente moriría. Llegó a pasar por allí Monseñor Alberti, obispo auxiliar de La Plata, y mi madre fue a confesarse con él, le contó el caso. Monseñor le dijo: 'Señora, los médicos también pueden equivocarse, tenga confianza en el Señor; yo ahora voy a celebrar la misa en el altar de Nuestra Señora de Luján por usted'. Total que mi madre vivió hasta los 82 años y tuvo 22 hijos, yo soy el último de ellos", leyó Karol Wojtyla, el 7 de febrero de 1998, en Roma.
Desde General Juan Madariaga, el Padre Daniel Climente, conversó con MDZ, atento a las novedades que llegan del Vaticano sobre la posibilidad de que quien fuera su amigo y confidente sea beatificado el próximo jueves, y posteriormente nombrado santo, y decidió comenzar la charla con los detalles del encuentro más íntimo y conmovedor que tuvieron, cuatro meses antes de su muerte.
"La última vez que lo vi fue poco antes de que muriera, cuando fuimos con una peregrinación a Tierra Santa junto a Monseñor Arancedo, y otros sacerdotes, y después de Israel les pedí si podíamos pasar por Roma para verlo a Pironio, que ya estaba muy mal con un cáncer de próstata generalizado. Se unió a nosotros una señora, 'Cholita' Marino, que era su 'hermana de leche', que es algo muy común en el campo, que cuando una mujer tiene muchos hijos ya no pueda dar leche le termina dando otra mujer. En este caso fue la mamá de ella quien alimentó a Eduardo, en un gesto de sencillez que creo que luego tradujo en su vida. Cuando nos vio entrar se maravilló por encontrarse con su hermana; con nosotros habló muy poco, nos preguntó algunas cosas. Pero ese encuentro fue un regalo que le mandó Dios en medio de su agonía, que fue muy dolorosa", relató el párroco.
Climente conoció a Pironio cuando asumió como el segundo Obispo de Mar del Plata, en el 72, tras la muerte de Enrique Rau, y solía quedarse "horas" después de las misas y reuniones que brindaba en la Catedral en las escalinatas del ingreso principal para el encuentro con los fieles y vecinos de la ciudad, en un sector que hoy está resguardado con rejas. Allí, con 13 años, Daniel se unió a la fila para presentarse como integrante de un grupo juvenil religioso e intercambiar unas pocas palabras. Un año más tarde volvió a verlo en una peregrinación diocesana en Tandil y fue él quien se adelantó a saludarlo. "¿Como estás Daniel, seguís en el colegio Peralta Ramos?", le dijo, causando su asombro y el de sus compañeros.
"Tenía una memoria afectiva muy grande y no se olvidaba de la gente. Él estuvo muy poco como Obispo pero dejó su legado, por ejemplo con la creación de la Marcha de la Esperanza. Recuerdo también que las misas de 'Gallo', en Navidad, las daba en distintos barrios de la ciudad cuando habitualmente se hacen en la iglesia más grande de la ciudad, pero él iba a algunas capillas que hoy ya no existen. No había celulares y esos anuncios corrían como un rumor", recordó, en una videollamada.
También en 1972 lo designaron como presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) y en este rol le correspondió la aplicación de las "conclusiones de Medellín", en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, compromiso que lo alejó parcialmente de la Iglesia de Mar del Plata. "A la ciudad había llegado desde La Plata el Padre Hugo Sidotti para colaborar en la Diócesis. Él no era del clero nuestro, pero empezó a oficiar de Obispo el tiempo que él estaba de viaje", graficó.

Los que compartieron esos años lo recuerdan como un hombre austero, que siempre buscaba tener a mano un mate y solían verlo fumando, pensativo, preocupado por "las periferias", que es como llamaba a los marginados del sistema capitalista, al que no dudaba en criticar.
"Cuando se enteró de mi ordenación me empezó a mandar cartas, le encantaba escribir y estaba muy al tanto de todo lo que pasaba en la Iglesia. Fue una época donde se quiso poner marcha atrás al Concilio Vaticano y él marcó el rumbo, ganándose la admiración de un gran sector de la Iglesia y el rechazo de otro", sostuvo el cura, en referencia a un período que coincidó con el terror que infundían grupos parapoliciales en la ciudad y que lo pusieron como blanco de sus críticas y amenazas.
Ya en el filo del comienzo de la última dictadura militar aparecieron pintadas contra el Obispo de Mar del Plata en la Catedral. "Pironio muerte" y "Pironio pirómano", escribieron, entre otras consignas que fueron replicadas en panfletos en otros templos del territorio nacional, con una logística estremecedora, en paralelo al secuestro y desaparición de una de sus colaboradoras, la decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica, María del Carmen "Coca" Maggi, cuyo cadáver apareció el 23 de marzo de 1976, un día antes del Golpe de Estado.

"Lo sacaron en el 75 porque sino lo mataban. Le salvaron la vida", expuso Climente, quien enfatizó en que "a pesar de su retirada, él nunca se olvidó ni dejó de estar en contacto con Argentina durante su estadía en Roma". "En su correspondencia con Monseñor Angelelli, el mártir que fue asesinado en La Rioja, le dice 'que el asfalto de Roma no te quite los pies del barro', y una de las
respuestas de Pironio está fechada el 4 de agosto que es el día de su crimen. Fue una carta que nunca pudo leer. Sus cartas son documentos invaluables", agregó.
En sus documentos sobresalen los términos "paz, alegría y esperanza", como el denominador común de su mensaje, que atraía por la simpleza de sus palabras y la agudeza de sus críticas.
"Varias veces sonó para que fuera nombrado Papa. En los retiros espirituales de la curia siempre llaman a un predicador famoso y él estuvo en esos encuentros, revolucionó estructuras y, desde que lo convocó a Pablo VI a su círculo de confianza hasta su muerte, tuvo un papel central en la Santa Sede", sorprendió el cura, en base a sus lineamientos para "descentralizar la Iglesia", que años más tarde legó el Papa Francisco.
A horas del inminente fallo de una comisión médica que busca establecer si hubo una "curación milagrosa" de un niño de 15 meses que ingirió e inhaló purpurina, tenía pronósticos severos y se curó sin secuelas, tras una oración que mediaron sus padres a una estampita de Pironio, Daniel Climente rememoró un episodio singular de cuando santificaron a Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, el sacerdote católico salvadoreño: "Estuve en esa ceremonia y había un cartel anónimo que decía 'Hace 33 años que hiciste un milagro que ahora te hizo santo, pero nosotros ya lo sabíamos'. Algo así creo que pasará con nuestro querido Eduardo".
Se requiere de un milagro para que la Iglesia declare beato a una persona y de otro producido después de ser beatificado para que alcance la santidad.

