La vida de un argentino que emigró hace 46 años a Australia
Cuando se habla de argentinos que emigran se piensa en lo que sucede hoy. Sin embargo, la Argentina tiene una larga historia que muestra que las distintas crisis económicas y políticas fueron la causa de la salida del país de miles de ciudadanos. El 2002 y 1989 son años que rápidamente se pueden identificar como máximas expresiones de ese fenómeno.
Te puede interesar
Feriados de abril: cuánto te tienen que pagar si trabajás en Semana Santa
Pero incluso varios años antes se vivió otra oleada de emigrantes.
Es el caso de Oscar que hoy tiene 74 años y en 1976, cuando tenía 26, decidió dejar el país, impulsado por una presentimiento que no estaba equivocado.
“Viví los años del regreso de Perón, el gobierno de Isabelita, el 'Rodrigazo', el golpe militar, todas esas cosas y me di cuenta que la Argentina no tenía solución, no iba a cambiar. Es como una calesita que da vueltas y vueltas para volver al mismo lugar”, dijo a MDZ desde el otro lado del mundo.
El tiempo parece haberle dado la razón y hoy, a la distancia, ratifica lo bueno de aquella decisión: “No me asombra lo que está pasando.”
No sólo supo que tenía que partir sino que, además, eligió un destino que desde entonces a la actualidad hizo el camino inverso que la Argentina. Mientras que su país de origen, desde que lo dejó, entró en un retroceso permanente, su nueva vida la empezó en otro que es un ejemplo de crecimiento: Australia.
Diferencias entre ambos países
Este cambio entre dos realidades tan distintas y las más de cuatro décadas viviendo allí, lo convierten en un testigo inmejorable para conocer las diferencias entre ambos países y explicar los motivos de expansión que tuvo esa nación de Oceanía que, por aquel entonces, tenía una economía igual o menos desarrollada que la Argentina.
“Con mi mujer hacía un tiempo que teníamos ganas de emigrar. Conocíamos a unos argentinos que se habían ido en el 73 a Australia así que nos contactamos con ellos y emigramos, Dejé el trabajo que tenía en la fábrica de neumáticos Cincotta y nos fuimos. Cuando llegamos, ya notamos diferencias. Veníamos de una Argentina que estaba patas para arriba y en Australia todo era distinto. Todavía no se había producido el cambio que hizo que se convirtiera en lo que es hoy, pero se vivía bien. A la semana de llegar ya tenía trabajo en una empresa de soldadura de aluminio. Con los que me pagaban – unos 108 dólares australianos por semana – pude alquilar un departamento de dos ambientes que nos costaba 32 dólares a la semana. Con el resto nos alcanzaba para vivir”, explicó.

En los primeros años de los 80, Australia vivió una crisis económica importante, para los parámetros de ese país, con inflación alta y la entrada de la vecina China en la economía mundial, con productos y mano de obra barata que este país, con una economía cerrada y de altos costos no podía competir.
Fue entonces que el primer ministro de ese momento, el laborista Bob Hawke, con apoyo de los liberales, impulsó una serie de reformas que, durante unos meses, llevó al país a la recesión, para entrar en un proceso de crecimiento de más de 30 años consecutivos.
“Me acuerdo que fue un momento muy importante. El gobierno le quitó el subsidio a todos los estados para que tuvieran que manejarse con sus propios recursos porque no se crearon nuevos impuestos. La economía, que se movía gracias al crédito, tuvo un golpe porque hubo una fuerte suba de tasas para frenar el consumo, se creó un fondo de desempleo y otras medidas. Al poco tiempo, se empezó a crecer y así siguió todos estos años”, dijo Oscar.
Un país en crecimiento
Entre las reformas que se hicieron se decidió dejar de subsidiar sectores no competitivos, estimular las inversiones a través de la baja de impuestos en otros donde el país podía ser fuerte como la minería, los servicios, el turismo o la educación y abrir la economía a través de la baja de aranceles.
“El país empezó a crecer fuerte y comenzó a haber mucha demanda de trabajo que sigue hasta hoy”, explicó desde Melbourne.
Eso acompañó el crecimiento laboral de Oscar. Al trabajo en la fábrica le sumó un trabajo part time en una empresa de limpieza de oficinas. Comenzó con algunas horas y cada vez la oferta laboral era mayor. Fue ahí cuando, motivado por el consejo de un cliente, abrió su propia empresa de limpieza y se independizó. La mantuvo durante 29 años hasta jubilarse.
Esta mejora laboral se trasladó a un crecimiento económico y familiar.
Del departamento alquilado, compró un terreno donde construyó su primera casa. Luego repitió la operación a otra más grande hasta finalmente, en 2002, construir la última: “Era una casa de dos pisos, cuatro dormitorios, dos garajes, un terreno grande. Todo con crédito. La vendimos hace unos seis años porque era mucho para nosotros dos y nos daba mucho trabajo mantenerla. Preferimos algo más chico”, explicó.
En el 84, nació su hijo que le dio dos nietos. Hoy vive de su jubilación. Sólo regresó al país una vez, a fines del 81. Pese a eso, sigue las noticias de la Argentina a la distancia.
“En Australia la vida es muy distinta que en la Argentina. La mayoría es clase media, se vive sin preocupación. Nadie está preocupado en cómo llevar un plato de comida a la mesa. Sobra trabajo, falta mano de obra. Todos los jubilados viven bien, tienen su coche, disfrutan de la vida”, reflexiona.
Está claro que es un contraste muy grande con el país que dejó y hoy ve su actualidad a través de los canales de noticias por internet.
“Las diferencias son muy grandes. Me parece que parte desde la base. Del origen del país. La administración de los ingleses es muy buena y eso quedó, de alguna forma, en la sociedad. Es muy distinta a la Argentina. Hay un respeto a las normas. Cuando cambia el gobierno, no hay revanchismo. Trata de ser mejor que el otro. Se toman medidas a largo plazo y el que viene, aunque sea de otro signo político, las continúa. No viven pensando en el pasado. Siempre para adelante”, señaló.
La base de ese sistema parte de una base importante: “la educación es tema central. Se pone mucho el foco en eso. En los colegios se evalúa permanente el nivel de los chicos y cuando se encuentra alguna falla se le busca la solución rápidamente.”
La otra gran diferencia pasa por el comportamiento de la sociedad
“Es una sociedad que tiene otros conceptos. Por eso no hay corrupción o los casos son menores. Un ministro tuvo que renunciar porque, en una campaña electoral, recibió de regalo una botella de champagne y no lo informó. Algo parecido pasó con una funcionaria que utilizó un helicóptero para algo no oficial. La gente es muy exigente con eso. Respeta a los políticos, a las fuerzas armadas, a las instituciones. Nunca trataría de darle una coima a un policía porque voy preso. La policía gana bien y si van a comprar algo, a comer unas facturas, las paga. No hay nada raro” contó Oscar.
“Seguro que hay fallas. No hay país perfecto, pero el problema está cuando en un país la mayoría de las cosas son malas. Ahí es difícil que haya solución”, aseguró.

