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Bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, 41 años después

Y la tierra tembló, dando testimonio inequívoco de que ya nada sería igual, y que la guerra había comenzado. Alejandro Signorelli es investigador de la guerra del Atlántico Sur, y honra la memoria de nuestros héroes en MDZ
41 años del bautismo de fuego de nuestra Fuerza Aérea Argentina Foto: Foto: Argentina.gob
41 años del bautismo de fuego de nuestra Fuerza Aérea Argentina Foto: Foto: Argentina.gob

El 1 de mayo a las 4.40 un avión bombardero Vulcan de la Royal Air Force británica (RAF), luego de 10 horas de vuelo y 5 reabastecimientos de combustible en el aire llegó a 10.000 pies de altura sobre la península que alberga la pista del aeropuerto de Malvinas. A solo 2 kilómetros de Puerto Argentino, esa pista asfaltada era el punto neurálgico del abastecimiento y comunicaciones: la BAM Malvinas (BAM significa Base Aérea Militar).

Vulcan: Avión Avro Vulcan B Mk2 de la Royal Air Force (RAF) Foto: RT/Paul Kitchener

Una vez en posición y descendiendo a baja altura, el Vulcan ejecutó el siguiente paso de la operación Black Buck 1, que consistió en arrojar 21 bombas de 1.000 libras (454 kilos) en una línea oblicua a la pista, con la esperanza de que al menos 1 o 2 bombas hicieran impacto directo. Solo 1 de esas 21 bombas acertó a la pista, y en un costado, lo que la dejó fuera de operación solo unas horas hasta que se pudo reparar. Luego, a las 8.30, dos escuadrillas de Harriers intentarían terminar la tarea sin éxito.

Croquis impactos aeropuerto

Los británicos habían planificado atacar las 2 pistas aéreas principales en la isla Soledad: la BAM Malvinas y la BAM Condor en Darwin, al sur oeste de Puerto Argentino (atacada por Harriers a las 08.31 de ese día también). Esto se complementaría con el acercamiento de unidades navales para iniciar un bombardeo de hostigamiento durante todo ese día. Si lograban inutilizar las 2 pistas aéreas, y consolidar el dominio marítimo, las islas quedarían totalmente aisladas y bombardeadas por el fuego naval, lo que dejaría a la guarnición argentina en una posición desesperada, y podría precipitar decisiones o negociaciones.

Nada de esto ocurrió, y al final del día el balance para los británicos no coincidía con sus planes. Mientras todo esto ocurría en Malvinas, en el continente, el Comando de la Fuerza Aérea Sur (FAS) recibía reportes de todo tipo, y sus hombres, liderados por el Brigadier Crespo, se aprestaban a entrar en combate. La única fuerza armada de nuestro país que nunca había entrado en combate contra un enemigo extranjero, se alistaba para hacerlo contra la tercera potencia mundial con apoyo de la OTAN, una flota en teoría inexpugnable gracias a sus radares y misiles, y la mítica RAF.

Durante la mayor parte del mes de abril habían estado adaptando sus procedimientos y técnicas de ataque al combate aero naval, algo completamente nuevo para la Fuerza Aérea, y ahora, solo unos días después, había llegado el momento de hacerlo. En las bases del continente el día había amanecido con noticias de bombardeo y un techo bajo de nubes. Los pilotos en cada base se mantenían en alerta, con su vestimenta de vuelo a medias y muy cerca de las salas de situación por si llegaba una orden fragmentaria (así se denominaban las instrucciones para una salida) con el detalle de una misión.

Las escuadrillas son llamadas con un nombre en código que facilita la comunicación entre el radar y los pilotos para guiarlos. La idea es que el radarista no deba pronunciar apellidos, sino un indicativo corto y claro, ya que no siempre las comunicaciones son claras y una orden entendida a tiempo puede salvar vidas. Desde las 6.40 la FAS había puesto aviones en vuelo sobre Malvinas, pero sin contacto con el enemigo todavía.

A las 7.30 de ese día el Capitán Carlos Moreno y el Teniente Ricardo Volponi escucharon que estaba entrando una orden fragmentaria y supieron que sería su turno. Sus M5 Dagger se encontraban armados con 2 misiles aire-aire Shaffrir cada uno, y tres tanques de combustible suplementarios, y los esperaban custodiados por los increíbles mecánicos y armeros de la FAA que hacían magia 24h al día para que siempre estén listos “sus” aviones. Su indicativo sería “Toro”.

IAI M-5 Dagger armado con un misil aire-aire Shaffrir. Foto: Museo Nacional Aeronáutica.

A las 7.45, todavía de noche, los Toro despegaron desde la Base de Río Grande con rumbo a Malvinas y a las 8.25 y a unas 50 millas de Puerto Argentino entraron en contacto con el radar MLV (Malvinas) que les informó que tenía unos pichones para ellos (una PAC, Patrulla Aérea de Combate, compuesta por 2 aviones Harrier armados con misiles aire-aire AIM-9L Sidewinder provistos por EEUU que a diferencia de los que poseía la FAA, podían dispararse de frente, una vez dentro de su alcance). El radar MLV les indicó el rumbo y Moreno y Volponi dieron máxima potencia (aún sin post quemadores).

El operador del radar los fue guiando para que pudieran corregir su rumbo y tratar de interceptarlos de costado, y no de frente como estaba por ocurrir. Cuando estaban a 9 millas de distancia, Moreno ordenó eyectar sus tanques de combustible subalares para ganar en agilidad, conservando el tanque externo central. En el momento del cruce eyectaron el tanque externo central y activaron sus post quemadores para ganar en velocidad. El radar les informó que los tenía a los 4 en pantalla, pero no podía distinguirlos a unos de otros.

Lo que pasaba era que estaban persiguiéndose en círculos, pero los M5 a 22.000 pies y los Harrier a 18.000. Los M5 no querían bajar ya que su desempeño era mejor a mayor altitud, y pasaba lo mismo con los Harrier, pero a menor altitud. Volponi le preguntó a Moreno si él había disparado y este le contestó que no. La pregunta fue porque había visto pasar un misil entre los dos aviones que no había logrado engancharlos y se perdió. Los Harrier aprovechaban su capacidad para cambiar la dirección de sus toberas por lo que era muy difícil para los Toro fijarlos en su mira y disparar.

Mientras seguían intentando posicionarse para disparar sus misiles y cazar a sus enemigos, el radar les preguntaba por su combustible (los M5 no pueden reabastecer en vuelo por lo que su autonomía para combatir sobre las islas era de unos pocos minutos). Los Toro estaban ya en su mínimo por lo que era inminente que abandonaran la misión, cuando notaron que los Harrier
cambiaban su rumbo y abandonaban el combate, seguramente por el mismo motivo que ellos lo hubieran hecho segundos después. Aterrizaron en Río Grande a las 9.45.

Como mencioné anteriormente, luego de los intentos fallidos de anular las dos pistas principales en las islas, alrededor de las 13h llegaron desde Puerto Argentino reportes acerca de tres buques, aparentemente un destructor (presuntamente el HMS Glamorgan) y dos fragatas tipo 21 (HMS Alacrity y HMS Arrow) que tomaron posición cerca de Puerto Argentino y comenzaron a bombardear las posiciones argentinas en la zona.

Esta vez la respuesta estuvo a cargo de la escuadrilla “Torno”, compuesta por tres M5 Dagger armados cada uno con dos bombas BRP de 250 kgs y sus dos cañones de 30 mm. Los pilotos eran el Capitán Norberto Dimeglio (que tripuló al M5 Dagger C-432), y sus numerales, el Teniente Gustavo Aguirre Faget (C-412) y el 1er Teniente César Román (C-421). Los Torno partieron de la BAM San Julian (Santa Cruz) a las 15.45 poniendo rumbo hacia su objetivo con un plan de vuelo que los haría entrar por el norte de las islas para atacar a las unidades navales desde el este.

Croquis del ataque de la escuadrilla Torno.

Faltando 4 minutos para el blanco divisaron un helicóptero que podría dar el alerta temprana, pero continuaron sin modificar su rumbo. Cuando ya habían pasado el punto en donde debían estar sus objetivos, de pronto divisaron 3 naves que disparaban hacia las islas. Venían a gran velocidad y baja altura, por lo que el Jefe de Escuadrilla (Dimeglio) rompió el silencio de radio y ordenó: “El 1 (él) a la del centro, el 2 a la de la izquierda, y el 3 a la de la derecha”

Pintura que representa el ataque de la escuadrilla de M5 Torno

Los tres Dagger se pegaron al agua y comenzaron sus corridas de tiro atacando primero con sus cañones de 30 mm y al llegar a distancia mínima de las naves soltaron sus bombas y saltaron los buques para evadirlos y comenzar su regreso. Inmediatamente cada uno habló por radio informando que regresaba bien, o mejor dicho, gritando que regresaban bien y descargando apenas un poco la tensión y la adrenalina provocada por el combate. Como habían planeado, cada uno volvía solo para que si había PACs de Harrier en zona, se vieran obligados a dividir sus esfuerzos de caza, y tratando de ganar la mayor altura posible a fin de optimizar el consumo de combustible.

Cuando habían alcanzado cierta altitud y todavía sobre las islas, la voz del radar advirtió “¡Los Tornos tienen bandidos a la cola!” por lo que Dimeglio inmediatamente ordenó: “¡Los Torno se sumergen en el agua!”. En ese momento una sección (2 aviones) de Daggers, los Fortín (el Capitán Donadille y el 1er Teniente Senn) armados con misiles aire-aire Shaffrir fueron guiados por el radar MLV hacia la PAC de Harriers que perseguía a los Torno. Donadille y Senn recibieron las coordenadas de su objetivo y eyectando sus tanques suplementarios de combustible, dieron máxima potencia arrojándose en la caza de los Harriers.

Cuando se encontraban tomando posición, la situación era el Torno 2 adelante, solo 3 millas detrás la PAC enemiga, y 2 millas detrás de los Harrier, los Fortín. Como llevaban un rumbo oeste tenían el sol de frente, por lo que el Fortín 1 advirtió que sus
misiles estaban enganchados en el sol y sería casi imposible hacer blanco en los Harrier, pero eso los británicos no lo sabían. Cuando los Harrier advirtieron que eran perseguidos por los Fortín inmediatamente abandonaron la persecución y pusieron rumbo de escape. Los Torno y los Fortín arribaron a San Julián y fueron recibidos eufóricamente por sus camaradas pilotos, mecánicos, armeros y todo el personal de la base.

Los integrantes de la escuadrilla Torno: de izq a der 1er Teniente César Roman,
el Capitán Norberto Dimeglio y el Teniente Gustavo Aguirre Faget. Foto: Via Pais

Luego del ataque de los Torno, que fue observado desde la isla Soledad en varios puntos diferentes por las tropas argentinas, los tres buques pusieron rumbo noreste hacia su zona de protección, fuera del alcance aéreo argentino y abandonando su misión de bombardeo. Una de ellas, tal vez el destructor HMS Glamorgan presentaba humo en su cubierta y durante la noche desde las islas se vió en el horizonte algunos resplandores que evidenciaban fuego. Las fragatas sufrieron daños por impacto de los cañones de 30 mm.

La Fuerza Aérea Argentina tuvo su bautismo de fuego con la intercepción de la escuadrilla Toro, pero también tuvieron su bautismo de fuego los dos KC-130 Hércules reabastecedores (TC-69 y TC-70), que brindaron combustible en vuelo a distintas escuadrillas de A4-B y A4-C Skyhawk ese día, el Escuadrón Fénix, compuesto por aviones civiles y militares de apoyo que cumplieron misiones de engaño al radar enemigo y de guiado y apoyo a escuadrillas propias, helicópteros Chinook evacuando heridos en las islas, y las baterías de fuego antiaéreo apostadas en Malvinas.

Bautismo de fuego de los KC-130 Hércules reabastecedores (TC-69 y TC-70) Foto: Fuerza Aérea Argentina.

Ese día 1 de mayo, la Fuerza Aérea Sur planificó 60 salidas de combate, de las cuales 35 alcanzaron sus objetivos materiales, y ofrendaron su vida en combate los pilotos Capitán José Leónidas Ardiles, el Mayor Gustavo García Cuerva, el Capitán Mario H. Gonzalez, el 1er Teniente Eduardo Raúl de Ibañez y el 1er Teniente Daniel A. Jukic alcanzado en tierra en la BAM Condor junto a los Suboficiales Auxiliares Mario Duarte y Juan Antonio Rodriguez, los Cabos Principales Miguel A. Carrizo, José A. Maldonado, Agustín H. Montaño, José L Peralta, Andrés L. Brasich, y los Cabos Guillermo García y Héctor Bordon.

* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.