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Felices Pascuas, la familia quiere estar en orden

Estamos acostumbrados a muchos feriados. Cada vez más. Uno de los riesgos que corremos es que los festejos y conmemoraciones “pierdan sentido”. Se diluya su contenido pedagógico y vivencial y se transformen en meros feriados, pequeños descansos en una carrera parecida a la rueda del “hámster”.

En estos días (casi como ocurre en Navidad), una porción muy grande de la humanidad se desea felices Pascuas. La cristiandad entera, los hermanos judíos e incluso millares de no creyentes.- La salida de la esclavitud en Egipto del pueblo judío, el paso de la sumisión a la libertad está detrás del significado de la palabra “Pascua”. Fue dolorosa, sacrificada y oscura esa salida. Para lanzarse a caminar por el desierto se necesitó una dosis de confianza muy grande en su Dios.  La cristiandad conmemora también el dejar atrás la esclavitud a través del sacrificio de Cristo.

Siempre el dejar de ser esclavos conlleva dolor y oscuridad. En el siglo 21, ¿conmemorar la pascua, tiene sentido? Mas que nunca. La esclavitud está a la orden del día. Cuantas cosas nos atan, nos sujetan, no nos dejan volar. No nos permiten desarrollarnos y brindar nuestra afectividad a tantos que nos necesitan. A veces nuestros momentos familiares pasan a la velocidad del subte. El individualismo mezclado con la ambición desmedida y un materialismo sin parangón producen un cocktail de egoísmo y cerrazón monumental.

El hombre intenta alejarse de Dios sin darse cuenta que se esclaviza más. A sus tareas sin fin, a sus preocupaciones, a sus angustias reales y las inventadas -Jorge Luis Borges decía con su sabiduría que el 95 por ciento de nuestras preocupaciones son inventadas – No es un feriado más. Que no sea un feriado más. Si tiene fe, acérquese junto con sus familias a las celebraciones. Si no la tiene quizás le sirva esta pequeña reflexión. Sería importante conectar los diferentes momentos de la Semana Santa con mi realidad.

El hombre intenta alejarse de Dios. Foto: Blogspot.
 

La soledad del huerto, las traiciones, los golpes, el silencio, el abandono de todos. Un amigo decía hace unos días que el “meterse” en los misterios de Semana Santa y del sufrimiento de Cristo por nosotros no nos da la solución a nuestros sufrimientos, pero si nos ayuda a dimensionarlos y ubicarlos en su lugar. Que sean días de consuelo y unión familiar. Que estas líneas sean un llamado al silencio y la contemplación profunda en medio del barullo y ruido a hojalata superficial en el cual nos movemos. Para que no seamos esclavos -sobre todo en nuestro interior- de nada ni nadie.

* Felipe Manuel Yofre es abogado y escribano. Padre de 8 hijos.