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Paola Delbosco: "Adoctrinar es encerrar la inteligencia en una jaula"

Con un análisis que va más allá de los datos, Paola Delbosco está convencida de que el verdadero docente es aquel que es capaz de hacer que la vida de un alumno no sea un destino, sino un espacio de libertad donde pueda explicitar sus talentos.

Paola Delbosco es Doctora en Filosofía y desde el año pasado es presidente de la Academia Nacional de Educación. Allí, MDZ pudo entrevistarla y conversar sobre temas educativos. Tiene una larga trayectoria en la docencia que abarca tanto a los niveles secundario, terciario y universitario.

Su experiencia, su pasión y su amor por la docencia hacen que escucharla sea una bocanada de aire fresco en un ambiente que, a veces se, siente un poco desanimado.

- La primera pregunta tiene que ver con algo muy reciente: el Gobierno de la provincia de Buenos Aires modificó el sistema de calificaciones en el nivel secundario, pasando de las calificaciones numéricas a las calificaciones cualitativas de las trayectorias educativas. ¿Qué opinas de este tipo de cambios?
No quiero criticar sin conocer a fondo, así que te digo solamente por lo que leí en el diario y por lo que escuché que es la primera noticia, y vos sabés que el negocio de la noticia es decir lo estridente, así que probablemente sepamos solamente lo que revuelve un poco las circunstancias. Primero, no se trata de nada nuevo, porque esto se aplicó durante la pandemia, que era bastante lógico porque pensaron que no era justo someter a los alumnos a un tipo de evaluación que fuera igual a los tiempos normales de la escuela, porque no estaban viviendo tiempos normales, porque había una discontinuidad notable, había mucha menor exposición a las clases. Por lo tanto, simplemente estas no-notas o notas de tipo cualitativo, deberían servir a cada alumno para entender por dónde iban sin darles un número que resultara definitivo. Supongo yo que esa puede haber sido la motivación.
Que lo hagan ahora, no sé si podría reportar alguna ventaja en cuanto a la evaluación total de los resultados. Esto no lo puedo medir, sobre todo porque la evaluación numérica no desapareció, sino que es reemplazada en los dos cuatrimestres, pero después vuelve a aparecer el número. Es un cambio muy parcial. Si hubiese razones pedagógicas que indicaran que eliminar el número, que por ahí frena a los alumnos en su intento de mejorar, los estimulara eventualmente a estudiar más, puede ser.

Yo creo más en un trabajo personal. Esto me parece que es un aspecto más externo y formal. No estoy segura que sea lo que les haga dar ganas de estudiar. Me da la impresión de que el elemento más importante, el elemento clave para la transmisión de contenidos y para el proceso educativo es el vínculo entre la persona que educa y la persona que se está educando. Un vínculo personal. Cuando lo digo, la gente se sorprende y se molesta porque dice “y, pero si tenés 30 en el aula”. Tengo la buena respuesta para eso: no hace falta que este vínculo intenso personal con cada uno sea todos los días y en todo el tiempo que estás expuesto al grupo, pero sí cada tanto. Debe haber un vínculo con el grupo que es muy bueno, porque el grupo también funciona como tal y puede ser estímulo hacia arriba o al achatamiento, a la fuga. Pero además, cada alumno, cada alumna, tiene derecho a que vos en algún momento te pongas en su presencia de forma específica. Y eso se guarda, no es que si lo dejás de mirar al día siguiente se pierde todo, sino la idea de haber sido importante, de haber sido tenido en cuenta es realmente lo que predispone a aprender. Realmente. Es una cuestión humana, a mí me gusta subrayarlo porque no es solamente lo que permite la transmisión, sino que, me atrevo a decir, es lo que vuelve a motivar al docente a enfrentar el aula. Si lo hace de manera mecánica, está “frito”, tanto él como su grupo. Lo mecánico es contrario a una transmisión vital de contenidos y conductas.

"El lenguaje inclusivo no incluye, reparte"

- Qué bueno que menciones esto, porque también hay una corriente pedagógica que por ahí no se ve tanto en el nivel superior, pero sí en el nivel primario, que pone al docente como en un lugar de observador de la evolución de un chico que naturalmente va a ir aprendiendo a leer, va a ir aprendiendo a escribir, donde el docente es más bien una guía externa. O sea, es ese énfasis que ponés vos en la relación personal, en esta corriente pedagógica se pierde un poco.
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 A ver, yo creo que algunos chicos son así como vos los acabas de describir. De acuerdo de esta teoría pedagógica, tienen cierta autonomía para aprender e inclusive tienen como hambre de aprendizaje, son ellos mismos los que siguen buscando, ahí el rol del docente es de acompañador, facilitador o del que plantea nuevas preguntas. Ahí no hace falta intervenir tanto, pero no es el grueso del grupo que tenés para educar.
Además, podría haber un efecto del grupo de desincentivo de la búsqueda de conocimientos, porque a veces estigmatizan a lo que sí quieren estudiar o los que saben, a los que tienen la respuesta, de manera negativa. En cambio, la relación personal con el docente me parece que aleja un poco también estos mecanismos de descalificación.
Así que, me da la impresión de que en algunos casos puede ser que sea soslayable, pero en la mayoría no lo es. Y en todo caso, siempre es el docente que tiene que reconocer quién es quién dentro de su grupo, ver quién tiene mayor autonomía y quién, en cambio, necesita un apoyo más directo, inclusive de sus pares, no solamente del docente.

- Eso me lleva también a hacerte una pregunta sobre la formación de los docentes. Pareciera que muchos en muchos lugares o en muchas instituciones, no contamos con maestros capaces de tener esa variedad de herramientas para decir “a este chico lo tengo que acompañar, a este lo tengo que dejar solo”. ¿Vos cómo ves el tema de la formación docente?
- Parece que hay cerca de 1400 instituto de formación docente.

Formación docente

- Somos el país de Latinoamérica con más en mayor cantidad de institutos de formación por millón de habitantes.
Algunos con poquísima población, algunos casi desiertos, no todos con el mismo nivel, mejor dicho, con niveles absolutamente dispares. Inclusive me dijeron que en un lugar había un curso para docentes de primaria que eran solamente dos años, una especie de curso rápido, creo que era en Santiago del Estero, muchos de lo que regresaban de ahí no iban a una escuela porque no había tantas escuelas para absorberlos, entonces los capacitaban para todo tipo de función municipal, provincial, digamos, alternativa, algún conocimiento que no era específico. Si es así, la parte que vos subrayaste como necesaria, no se ve necesaria porque la salida laboral no es esa.

"La educación y la docencia son una especie de aventura"

Habría que revisar los contenidos, de hecho se está haciendo. Hay algunos profesorados que tienen un nivel muy alto en cuanto al conocimiento, a la profundización de los temas y también la incursión en temas específicos de pedagogía y de psicología, y otros en cambio, que no, que son más bien, no sé como decir, básicos. Un conocimiento básico no produce ningún entusiasmo ni en el que lo aprende, y menos en quien supuestamente tiene que aprenderlo de vos, porque si vos no tenés entusiasmo no lo podés transmitir.
Así que, cuanto más intenso y robusto es lo que se enseña en los profesorados, tanto mejor será la acción docente. Unido, además, a esos recursos necesarios para que la transmisión sea adecuada, digamos, vertida de la manera en que cada uno necesita. Pero si no es abundante el menú que está en los profesorados, es muy difícil que de ahí salga algo sabroso para las escuelas.

- ¿Tenés la impresión de que la vocación docente está un poco estigmatizada? Yo tengo una hija que está estudiando magisterio y recibió mucho el comentario de “pero vos estás para más”, ¿qué te parece?
Mirá, es notable eso, porque es verdad que se dice eso, se piensa siempre en una profesión donde se gane más plata. No lo decimos, pero evidentemente es lo que se valora. En general, la vocación está puesta entre paréntesis porque se la ve como una especie de destino, digamos, tiene ciertas caracterizaciones que no pegan con la mentalidad contemporánea, más bien de eficiencia y eficacia, la vocación parece correr por otros carriles.
Sin embargo, sí se habla si se lo pone en término de pasión, por ejemplo, en una escuela de negocios, se habla muchísimo de “hacé lo que te apasiona”, y se trata de gente que está haciendo un MBA o algún estudio de especialización y son empresarios.
Mejorarle la vida a los demás puede apasionarte, eso sería, si querés, el nexo. El empresario o la empresaria que emprenden algo, porque con eso van a mejorar aspectos de la vida de los otros, pueden sentir entusiasmo. ¿Cómo no va a sentir entusiasmo, y por lo tanto lo que llamamos vocación, el que se va a dedicar a hacer que la vida de los chicos no sea un destino, sino que sea un espacio de libertad donde puedan explicitar sus talentos? No puede no emocionarte. Ahora, tenés que tenerlo en cuenta cuando emprendés ese camino.

- Hablando de la educación como espacio de libertad, se me abre otra pregunta y ya nos corremos un poco hacia el campo más filosófico, es un tema que está en discusión, y es el del adoctrinamiento en las escuelas.
- Vaya pregunta…

- Sobre todo, por ejemplo, con temas como puede ser la ideología de género o esos temas que se enseñan o se imparten como verdades universales o científicas y que no dejan lugar a otras miradas, otras formas de plantear las cosas.
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Muy interesante, porque decir adoctrinamiento sería lo mismo que decir entrenamiento. El entrenamiento tiene una finalidad, y pone al servicio de esa finalidad ciertas habilidades que la persona tiene que ir instalando en sí mismo. El adoctrinamiento funciona parecido, pero con respecto a las ideas hay una finalidad que la gente piense de determinada manera y que no tenga la capacidad crítica de mirar de adentro y de afuera lo que se les enseña. Entonces, se enseña de una manera pétrea. La visión hacia la realidad ya se deforma como si tuvieran una pantalla que te interrumpe, un filtro respecto de la realidad. Me da la impresión de que no solamente los alumnos a quienes enseñamos merecen una mirada capaz de crítica también, sino que la persona que enseña continuamente se hace esas preguntas: ¿estoy enseñando lo que es o lo estoy diciendo acomodándolo a lo que yo prefiero? Entonces, si es abierto, si es realmente honesto el modo de enseñar, honesto en el sentido propio de la palabra que significa “con honor”, si enseño respetando quién soy y quién es el que tengo en frente, el adoctrinamiento no es para nada adecuado para este tipo de relación, porque significa más bien encerrar la inteligencia dentro de un de una caja o de una jaula. La jaula permite salida, esto es una jaula más cerrada por la cual la visión de la realidad tomará esa forma o ninguna otra, y entonces no habrá visión de la realidad.
Lo que justifica el hecho mismo de enseñar es la presentación lo más intacta posible de la realidad y el acompañamiento hacia una visión de la realidad de la gente que acompañamos en este recorrido. Es un esfuerzo, porque además nos involucra. Ellos ven las cosas nuevas por primera vez, pero nosotros también. Hay cosas nuevas que parecen. Entonces, esa mirada valiente, esa confianza para poder ver las cosas y tener una visión crítica que significa discernimiento, y acompañar a los otros que están formando su capacidad crítica. El adoctrinamiento es todo lo contrario, es premoldear el modo de pensar y por lo tanto también el modo de actuar. Digamos que muy útil para el que quiere mover con pocos hilos a muchas cabezas.

"El mundo necesita ideas nuevas, pero manteniendo algo de lo creado"

- Algo de eso también podemos decir sobre el lenguaje inclusivo, en el que se hace tanto hincapié. Quizás sea como la forma más visible de adoctrinar.
Me cuesta que lo llamen lenguaje inclusivo, porque más bien es visibilizador, no incluye, sino que reparte, por ejemplo, “todos”, Incluye mucho más que decir todos y todas. El primer “todos” incluye menos que el “todos” que incluye también a “todas”. Pero bueno, esto es un firulete. Creo que manejar el lenguaje distinto a como se usa, es bastante complejo y sucede sobre todo en los totalitarismos, y eso me prende una alarma. Si controlan cómo estás hablando, parecería que impiden una visión de la realidad y más que proponerte, te imponen otra. Cuando se trata de un lenguaje que no es el lenguaje hablado, me suenan unas cuantas alarmas. Por supuesto es posible la innovación, siempre que sea parte del lenguaje que se habla y no una imposición del que tiene la gestión de poder. Por eso tenés razón vos en verlo, por lo menos, críticamente.

- Última pregunta, ¿vale la pena seguir dedicándose a la educación y a la docencia?
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No lo dudo mínimamente. Yo me atrevo a decir que es una especie de aventura. Cada día de clase uno se acerca, sinceramente, con un poco de palpitación en el corazón porque es nuevo, es una innovación, es preguntarte que experiencia van a tener este día con este tema, cómo va a impactar en la persona que tengo acá en frente, qué me va a venir de ella, que por ahí traen esto que hemos dicho antes, una visión de la realidad que distinta a la que tuve yo cuando tenía la edad de ellos.

La realidad es variada, hay gente de distintas edades, con distintas experiencias y el gesto de educar, la actitud de servicio de la educación significa, por empezar, que creés en ellos, en cada uno, en su vida joven, en estas mentes abiertas, y que también esperás mucho de cada uno.
El mundo necesita gente nueva, fuerzas nuevas, ideas nuevas, pero en base a lo que ya hemos hecho, también mirando lo que hemos hecho mal y reparándolo, pero en lo posible y manteniendo también algunos aspectos positivos de lo creado anteriormente. Es una ida y vuelta de todas esas cosas. Pero te respondo con un sí pleno sí, vale la pena.