Cometió un homicidio y hoy sueña con la libertad
Las paredes del predio ubicado en Godoy Cruz son altísimas y en el centro se observa una torre de vigilancia que recuerda algún texto foucaultiano. Esa estructura de panóptico sirve para que los adolescentes que cometieron homicidios, abusos sexuales y delitos graves estén bajo un estado de permanente vigilancia y control de sus movimientos. Las rejas, alambrados y concertinas adornan el perímetro que separa ese espacio "controlado" del afuera mientras la libertad para algunos se transforma en una ilusión diaria y para otros en una utopía.
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Pedro ingresó hace dos años cuando tenía 16, por razones legales nos vimos obligados a cambiar su nombre. Su historia es similar a la de miles de adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad, bajo los efectos de las drogas y la presión de los líderes de las bandas narcos que tomaron los barrios y se apropiaron de un futuro que se torna prácticamente inexistente.
El día está frío pero el sol de la mañana nos permite tener una charla al aire libre. Corre una brisa leve, Pedro usa las mangas de la campera para calentarse, se frota las manos algo nervioso mientras espera una pregunta que rompa el hielo. Hace unos minutos terminó de rendir un examen en la secundaria que funciona dentro del predio. Cuando estaba en libertad dejó la escuela pero hoy sus profesores dicen que es un alumno responsable y dedicado.
Tras pasar por distintas comisarías hoy sus días transcurren entre muros, rejas y concertinas. Perdió su libertad hace dos años cuando cometió un homicidio en ocasión de robo junto a otros jóvenes que no forman parte de su presente. Cumplió 18 años bajo la custodia de la Dirección de Responsabilidad Penal Juvenil (ex COSE), su festejo no fue como el que tienen los chicos de su edad y su futuro es incierto.
"Formaba parte de una banda de Las Heras que andaba en los palos pasos, fuimos a robar y cometí el hecho", cuenta con la voz quebrada al recordar ese instante que marcó un antes y un después en su vida y la de su familia.
Su primera experiencia con las drogas fue a los 13 años con un amigo que lo invitó a fumar marihuana. "Estaba todo el día fumando, llegaba a mi casa, me acostaba a dormir y mis días eran todos iguales. Mi papá intentaba educarme pero me escapaba, abandoné la escuela y me perdí", dijo y agregó: "Mi mamá me abandonó cuando era chico pero mi papá siempre estuvo conmigo. Tengo tres hermanos que están bien, yendo a la escuela, ellos hacen las cosas bien...".
La última frase de Pedro quedó dando vueltas en mi cabeza, esa necesidad de diferenciar a sus hermanos de las decisiones o errores que pudo cometer en el pasado fue una constante durante toda la charla.
Su primer día en el penal fue difícil, estuvo marcado por la incertidumbre y el temor a que los fantasmas del afuera atravesaran los muros para lastimarlo. "Entré con miedo de encontrarme una bronca de afuera, la calle también te deja eso", contó sobre una realidad que atraviesa a todos los adolescentes que se encuentran privados de su libertad y agregó: "Me sentía extraño porque de un día al otro había perdido mi libertad, me costaba hablar pero me recibieron bien".
Se levanta temprano junto a tres compañeros de habitación que como él ingresaron por homicidio, los conflictos diarios son similares a los que tienen los hermanos: "siempre estoy limpiando y ordenando las cosas. Los demás buscan algo y desarman mi ropa. En la noche nos ponemos a limpiar todos juntos...hacemos todas las cosas pero durante el día en un desastre".
Todos pasaron por el pabellón de máxima seguridad pero hoy están en otro espacio muy similar a una casa por buena conducta. "Estuve en el sector de máxima seguridad por mala conducta, ahí no pensaba en hacer las cosas bien, en ayudar a mi familia...seguía como en modo avión, no pensaba en nadie", expresó y dijo: "En máxima seguridad no ven pasar a nadie en cambio donde estoy ahora es como que me veo más cerca de la puerta, estoy más cerca del día en que me voy a ir".
Cuando habla de su papá lo hace con nostalgia, es consciente de que su realidad provocó un impacto en sus seres queridos y también en la familia de la persona a la que le quitó la vida. "Cometí un error muy grave, a mi papá le costó saber que yo estaba acá, vienen a visitarme una vez a la semana. No me gusta que vengan al penal y que me vean acá pero por lo menos están. Mis hermanos son inteligentes y no hacen las cosas que yo hacía", manifestó.
Los últimos dos años fueron difíciles para Pedro que aún está a la espera de un juicio y condena por el homicidio que cometió. Al ser consultado dice tener un objetivo claro, "quiero vivir otra vida e intentar cambiar, ser una mejor persona y poder salir adelante. Ayudar a mi papá en la casa para que mis hermanos no cometan lo mismo que yo".
Hace poco terminó el CEBJA y le quedan pocas materias para finalizar el secundario. "Quiero seguir estudiando algo relacionado con las matemáticas, seguir la facultad...soy bueno para estudiar... tener un trabajo y hacer las cosas bien. Me gustaría ser ingeniero o algo relacionado a la higiene y seguridad".
El futuro es su norte, sus proyectos lo mantienen con la esperanza de que todo puede mejorar dejando atrás los errores cometidos. No reniega de su pasado y "se hace cargo", vive con miedo de volver a cruzarse con esa vida que dejó atrás hace dos años cuando ingresó al ex COSE. "Por buena conducta me dan permiso para ir con mi papá y mis hermanos por el día. Cuando salgo se ve todo raro, trato de no salir de mi casa para poder hacer las cosas bien y no juntarme con nadie porque este tiempo que perdí me hizo hacer un click. Antes tenía algunos amigos que pensaba que iban a estar pero hoy desaparecieron", dijo.
De fondo se escucha Callejero Fino y Elegante, la música es parte importante de sus días: "Elegante es un ejemplo porque salió del mismo lugar que nosotros y ahora tiene toda la plata cantando", dijo.
Su novia lo visita frecuentemente, tiene 19 años, estudia para ser maestra jardinera y es una de las personas que le recuerdan que tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de su vida. "Siempre me dice que no me vaya a mandar ninguna y que haga las cosas bien porque de lo contrario ella no va a estar otra vez para esperarme", contó Pedro mientras sonríe al hablar de ella.
La ilusión de un reencuentro con sus afectos en el afuera lo mantiene de pie, lo motiva a mejorar y a cambiar su historia. Es consciente del daño generado y se culpa por eso."Para los chicos que están dudando sobre qué hacer con su vida, piensen las cosas dos veces, los consejos que nos dan nuestros padres sirven para que no tomemos malas decisiones", finalizó.


