La elección de Francisco no es por los pobres
Los cristianos no optan por los pobres porque son buenos, porque no tienen nada, porque sufren mucho o porque son mayoría. Optan preferencialmente por los pobres porque así lo hizo Jesús de Nazaret, el Cristo. Se trata de una opción por el evangelio. Lo contrario es demagogia cristiana como camino a la cristiandad. Los católicos optamos “con” los pobres por vocación, porque hemos sido llamados por una persona real a construir un reino para todas y todos, incluso “con” y para los pobres. Nos comprometimos con esa misión. La opción “con” los pobres es una respuesta evangélica que da origen a un magisterio social, propio del catolicismo. La opción “con” los pobres no responde a ninguna ética filosófica, sino a la ética teológica.
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Esta última no parte de buenas razones, sino de una experiencia de vida real y concreta que asume como modelo: la vida de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que nació pobre, en la periferia, vivió con los pobres y habló a los pobres en el lenguaje de los pobres. Optar “con” los pobres es el “estilo de vida con sabor a evangelio” del que nos habla Francisco hace diez años desde la silla de San Pedro. Optar “con” los pobres no significa asistencialismo público ni privado; tampoco colonialismo, patriarcalismo e iluminismo. Significa participación.
En el X Aniversario del Pontificado de Francisco, los pobres están al centro de su magisterio social por dignidad humana, no por pobres. Por eso Francisco aporta a la opción por los pobres un componente no menor. No agrega un nombre, un adjetivo ni un adverbio. Agrega una preposición: “con”. Eso significa que atender el problema de la pobreza no es cuestión de esencialismos porque el catolicismo no es metafísica. La opción católica no es “por” los pobres, sino “con” los pobres. En el modo está la clave hermenéutica del evangelio.
La ética teológica católica no discierne sobre qué es verdadero y qué es falso porque, a diferencia de la filosofía, parte de la verdad revelada que es una palabra encarnada, una persona. Es la palabra que nos dice que, de ellos, los pobres, es el Reino de los Cielos, y que si queremos salvarnos debemos unirnos. La ética teológica católica discierne sobre lo bueno y lo malo, no sobre la verdad, teniendo como modelo ejemplar la vida de Jesús de Nazaret, el Cristo, la verdad revelada. Por eso, para Francisco, pastor y teólogo, optar “con” los pobres es una posición evangélica, no política. Se trata de discernir “con” ellos entre lo bueno y lo malo para cuidar el mundo, que es el planeta, y también las personas que lo habitan.
Si tuviese que elegir, dentro del magisterio de Francisco, cuál es el mensaje para el pueblo argentino como pueblo de Dios, diría que está contenido en esa preposición: “con”. Decidir “con” los pobres es el modo evangélico de decir “participación”. Por ahí pasa la mejor política. No solo en el magisterio de Francisco, sino también en todo el pensamiento teológico y social de la Iglesia.
La humanidad participa de lo divino por la gracia, de la encarnación de la segunda persona, de la trinidad. Algunos, con relación a la inclusión de los descartados, prefieren usar el vocablo democracia, sin embargo, este no es un vocablo evangélico si no va asociado al significado universal de la participación.
La mera representación no implica que se tomen decisiones “con” los representados. Los invito a ver cuántas veces el Papa argentino usa en los documentos más consultados de su magisterio social la palabra democracia y cuántas la palabra participar. Considero que el Papa Francisco ha dado muchas claves para lograr la unidad en la diferencia entre los argentinos, pero todas ellas cobran sentido si se presta especial atención a ese “con” que alude a la participación en sentido evangélico. Optar “con” los pobres no significa querer ser pobre ni que todos sean pobres. Por el contrario, es darle un lugar en la mesa de las decisiones sobre lo común también a los pobres, no por pobres, sino por ser hijos de Dios.
Participación no significa simplemente “escucha”; significa “decisión”. Optar “con” los pobres es reconocer la dignidad en cada ser humano, y esa dignidad se hace presente, no solo cuando habla y se expresa, sino también y sobre todo cuando decide sobre lo común. En diez años de pontificado, el Papa Francisco, al margen de los problemas coyunturales de su país de origen, ha confirmado con hechos concretos su opción “con” los pobres. Si ampliamos la categoría de pobre desde lo económico a lo social, optar “con” los pobres debe leerse también como optar “con” la mujer, “con” el migrante, “con” el preso, “con” el traidor, “con” los
márgenes, “con” los últimos de la lista, porque ellos serán los primeros, nos dice el Evangelio.
Esa posición soberana de Francisco, quien no se deja marcar agenda ni por derecha ni por izquierdas, hace que se lo reconozca como líder mundial por la paz. Así como sus guerreras son todas las guerras, su pueblo es todo el pueblo y todos los pueblos. Francisco es pontífice; no es político ni economista. No tiene parte entre las partes. Su función es ser puente, no tomar posición en alguna de las partes. Como puente-pontífice, puede comunicar las diferencias sin anular las identidades. Es una unidad que comunica, no es la unidad del totalitarismo. Francisco se ofrece, desde hace una década, como puente firme sobre el que pueda transitar la pesada carga de las diferencias.
Es el Papa nuestro, y está ahí, para ayudarnos a construir la unidad.
* Emilce Cuda, miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales.

