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Le dispararon en la frente, un perro le salvó la vida y no quisieron tomarle la denuncia

Quisieron robarle la bicicleta, hubo gritos, forcejeos y un balazo; no le tomaron la denuncia

Si te atacan en la calle y no podés defenderte, los médicos y la policía pueden ayudarte. No en Rosario porque desde hace un tiempo cada vez tienen menos recursos. Hacen lo que pueden y se notó en la historia de la rosarina Silvina Benítez.

A la mujer le dieron un balazo en la cabeza en medio de un robo. La ayudó un perro. Se salvó. El médico que la atendió le dijo que “de milagro” y en la comisaría no quisieron tomarle la denuncia. “¿Para qué si estás viva?”, le dijeron.

El episodio ocurrió dos años atrás, pero no fue el primero que la tuvo como víctima. Antes, a Silvina, le robaron, le pegaron y la arrastraron por alguna cartera o celular. “La situación fue empeorando con el tiempo”, le dice a MDZ Online.

Sin dudas, el día que recibió un disparo fue el más violento de su vida. Iba por Zona Norte de Rosario en bicicleta cuando en una avenida, alrededor de las 19, un joven se le abalanzó para robarle el rodado. Ella quedó enganchada y entre gritos y amenazas fue arrastrada por varios metros.

“Empezamos a forcejear, un vecino escuchó, abrió la puerta de su casa y salió su perro manto negro. El animal intentó atacar al chico, que me dijo “si no soltás la bici, te tiro”. Yo escuché el disparo y ví que me salía sangre de la cabeza, pero no entendía qué pasaba”, recuerda Silvina.

El delincuente huyó sin haber podido robar. Al lado de la mujer se quedó el perro. “Por instinto”, dice ella. Minutos después apareció el dueño del animal y quiso ayudar. “Lo único que le pedía era que me revisara la cabeza porque tenía sangre y dolor”, repasa.

Al lugar llegaron la ambulancia y la policía. Mientras los médicos llevaban de urgencia a Silvina a la guardia, la policía recorrió la zona y habló con los vecinos. En el piso, cerca de un cantero, encontró una bala correspondiente a un revólver calibre 22. Con eso le dispararon a Silvina.

“El médico de emergencia me dijo que me había impactado un proyectil, que tuve suerte, un Dios aparte porque la herida estaba en el hueso frontal”, relata la mujer. Ese día estuvo internada algunas horas y luego, como cualquier víctima en Rosario, volvió a su casa a retomar la rutina como si lo que le ocurrió hubiese sido algo más.

Un día después se levantó decidida a denunciar y a describir al ladrón, fue a la comisaría, pero no la dejaron. “¿Para qué? No te mató, estás bien. Te podés llevar tu bici”, le dijeron y así se fue.

“Tenemos a los delincuentes entre nosotros. Vivimos con ellos”, explica Silvina, que trabaja en una panadería del centro y trata con muchos a diario. “Todo el tiempo viene gente a pedir. A veces ayudás porque si no, se pone violenta. Uno de los chicos que pasa me dijo que si me ve en la calle no me va a hacer nada porque ya somos conocidos”, cuenta.

Silvina está enojada, frustrada y quiere justicia. Lejos de sentirse indefensa tiene ganas de que las cosas cambien, se unió a un grupo de vecinos autoconvocados y escribe de manera personal a políticos y jueces por redes sociales. Nadie le responde. Nadie la escucha. Silvina insiste. “Pienso que si no hubiese sido protagonista de un milagro, uno de mis familiares estaría ahora marchando por mí”, dice.