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Francisco, un papa para mejorar el mundo

El papa Francisco es una bendición no solo para los católicos sino para toda la humanidad. La fe en un ser supremo genera motivación, devoción y voluntad, atributos humanos que una vez activados pueden ser canalizados para bien o para mal.
Francisco siempre supo que sería cura Foto: Cope
Francisco siempre supo que sería cura Foto: Cope

La responsabilidad de los líderes religiosos es encauzar esas potencias humanas hacia el bien. Solo así la fe será beneficiosa para los feligreses y para el mundo. Cuando la fe está contaminada, puede conllevar a objetivos contrarios a la propia fe, como la guerra o el odio. En mi servicio religioso a la comunidad judía de Argentina, siempre me preocupó esa manipulación de la fe para objetivos ajenos a la misma, que conlleva al odio.  Si la fe no está protegida de los que la usurpan, se torna contraproducente.

¿Dónde están esos líderes religiosos que aparte de ocuparse de los asuntos internos de sus congregaciones están alerta a esta patología humana y protegen la fe de las posibles deformaciones de la misma? Cuando en el año 2003, el monseñor Jorge Bergoglio, cardenal primado de Argentina y arzobispo de Buenos Aires, me llamó para visitarme, pensé que era una visita protocolar. Sin embargo, en esa reunión descubrí a uno de esos pocos líderes religiosos que no solo se limitan a los asuntos internos de su congregación de fe, sino que están atentos a las problemáticas del mundo.

El Para Francisco y el Gran Rabino Isaac Sacca.

Desde la primera vez que lo conocí, percibí su preocupación ante la miseria que producen el odio y los prejuicios y su deseo de convivencia armónica entre los seres humanos. Esos valores son los valores fundamentales de toda fe, pero con el tiempo se dejan de ponderar —sin mala intención— a causa de otros asuntos que las congregaciones requieren internamente. El cardenal Bergoglio quería erradicar esa problemática de miseria humana: no se limitaba solo a los asuntos internos de su fe (que sin duda son importantes y numerosos), sino que entendía que sin una armonía global ninguna fe estaría a salvo.

Debía dedicar también parte de su valiosísimo tiempo a visitar a un rabino, a un imán y a quien sea, de cualquier o ninguna religión, para fomentar el bien. Aunque Argentina presenta un excelente clima de convivencia entre las religiones, el entorno mundial puede llegar a afectar a las sociedades sanas. Si no se promueve de manera activa la paz y el diálogo, las buenas tendencias pueden deteriorarse y revertirse. El papa Francisco es el impulsor de una nueva era de convivencia que reivindica y refuerza la declaración Nostra aetate y le da un nivel humano. Abre un nuevo nivel de diálogo, no la discusión teológica, sino el diálogo fraterno para la paz y la convivencia.

En varias oportunidades, pensé y comenté: “Ojalá el cardenal Bergoglio algún día sea papa”.Tuvimos la dicha —no solo los católicos sino todo el mundo— de que un hombre de semejante elevación moral pragmática por el prójimo, la convivencia y la paz acceda al liderazgo de la Iglesia católica. A partir del momento de su asunción como papa, su causa adquiere una envergadura mundial. Sin duda es un beneficio para el catolicismo y para la sociedad en general. Apenas fue elegido, le comenté que sería un gran placer visitarlo para seguir el vínculo de trabajo para el diálogo y la paz.

Continuamos los encuentros y el vínculo se mantuvo firme. Lo recibí en Jerusalén —a pedido del Gran Rabinato del Estado judío— cuando visitó Israel. En varias oportunidades nos reunimos en el Vaticano solos o con organizaciones y hasta amigos en común, para recibir su apoyo y combatir la miseria del mundo que genera la falta de diálogo fraterno entre las personas. Esta es la faceta que descubrí en su carácter de líder religioso, pero también descubrí un ser humano ejemplar. Sus virtudes serían muy destacadas en cualquier persona.

El hecho de que las virtudes se conjuguen en una figura de renombre y alcance mundial agranda aún más su mérito. Su extrema sencillez y humildad, bondad y generosidad no están basadas en la ingenuidad sino en una sabiduría práctica que lo hace más noble. Incluso desde su cargo papal, en cada encuentro y en nuestro intercambio epistolar fluido —sus respuestas nunca se atrasan más de 48 horas— nunca dejó de preguntar por mi esposa, mis hijos, la comunidad, amigos en común y los vecinos del barrio de Villa Crespo, donde se encuentra nuestra sinagoga principal en la calle Camargo en Buenos Aires.

En septiembre de 2022, el Gran Rabino Sefardí de Israel, Rabí Itzjak Yosef me llamó desde Kazajistán al concluir la cumbre mundial de religiones después de reunirse con Su Santidad y me expresó su admiración por la calidad humana y la sabiduría del papa Francisco y su interés real de armonía entre los pueblos y religiones del mundo y su afecto profundo con el pueblo y la fe de Israel.
Desde mi humilde condición, desde la fe judía, al cumplirse 10 años de su pontificado, le expreso mi gratitud por su fraterna amistad y lo bendigo por sus extraordinarios e históricos logros alcanzados.

Rezo por su éxito en la encomiable labor a la que Dios lo convoca: promover un mundo más justo y pacífico.

* Isaac Sacca es Gran Rabino de la Comunidad Sefardí de Buenos Aires, en Argentina y Presidente de Menora, Organización Judía Mundial para la Juventud.