El cambio climático desafía a la producción vitivinícola y ya se ven sus consecuencias
Desde cambiantes pautas meteorológicas que amenazan la producción de alimentos; hasta el aumento del nivel del mar que incrementa el riesgo de inundaciones catastróficas, los efectos del cambio climático nos afectan a todos y ya son visibles incluso en Mendoza.
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Concretamente, el cambio climático se refiere a los cambios de las temperaturas y los patrones climáticos a largo plazo. Estas modificaciones pueden ser naturales, por ejemplo, a través de las variaciones del ciclo solar. Sin embargo, desde el siglo XIX las actividades humanas han sido el principal motor del cambio debido principalmente a la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas. Aunque el desmonte de tierras y bosques también libera dióxido de carbono y los basurales son una fuente importante de emisiones de metano.
Como la Tierra es un sistema en el que todo está conectado, los cambios de una zona pueden influir en los de todas las demás, advierten las Naciones Unidas. La vitivinicultura no es una excepción.
Cómo se manifiesta el cambio climático en la vitivinicultura
“En el piedemonte mendocino, los estudios climáticos muestran un leve aumento de la temperatura, que son menores a medida que se aumenta en altura”, informa Claudia Quini, gerenta de Investigación para la Fiscalización del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) a MDZ Online.
Por ejemplo, menciona que durante los últimos 50 años en Chacras de Coria (ubicada a 937 metros sobre el nivel del mar) la temperatura media máxima aumentó 0,6° centígrados y la temperatura media mínima 0,44° C. En cambio en San Rafael (ubicada a 709 msnm) estos valores son de 0,9°C y 0,6°C respectivamente.
Por otra parte, como consecuencia del cambio climático hay una mayor probabilidad de ocurrencia de eventos extremos (como sequías, olas de calor, lluvias torrenciales, heladas y granizo) y con mayor intensidad, lo cual genera mayor riesgo en la productividad de los cultivos.
A su vez, en la región de Cuyo el cambio climático global parecería estar modificando la frecuencia y/o intensidad de las nevadas en la Cordillera. Como así también se registra un aumento en la evapotranspiración (evaporación y transpiración como consecuencia de la radiación solar que llega a la superficie del suelo).
Además hay una menor disponibilidad de agua procedentes de los ríos cordilleranos que posibilitan el desarrollo productivo de los oasis del Centro-Oeste del país, explica la especialista del INV.
El cambio climático en la provincia de Mendoza se manifiesta con diferentes intensidades en los principales oasis productores de uva. En general, se ha producido un incremento de las temperaturas máximas en los meses que van desde pre envero (antes de que las uvas tomen color) a la madurez.
“Si únicamente se tiene en cuenta los grados Brix (la unidad de medida usada para determinar el porcentaje de azúcar en un líquido) esto podría adelantar las fechas de cosecha. Pero este aumento en los Brix trae como consecuencia un desfasaje entre azúcar y polifenoles (un grupo de sustancias, algunas de las cuales son responsables del color de la uva) e incluso podría disminuir el contenido final de dichos compuestos en uvas y vinos tintos. Podría extenderse el período poscosecha y afectar los rendimientos en algunos cultivares”.
Además, el incremento de las temperaturas mínimas podría provocar el adelanto de la fecha de brotación, lo cual es un inconveniente frente al riesgo de las heladas tardías. Asimismo podría verse afectada la diferenciación floral ya que las altas temperaturas la estarían favoreciendo.

Cómo el cambio climático afecta a las uvas y el vino de Mendoza
La fisiología, productividad y el ciclo fenológico de las vides depende de las condiciones climáticas. Con la temperatura en aumento, la vitivinicultura debe adaptarse a los nuevos fenómenos extremos ya que un pequeño cambio en las temperaturas produce cambios en el contenido de azúcares, ácidos, antocianos y taninos de algunas variedades de uva, dificultando a las bodegas lograr repetir los lotes producidos en años anteriores.
La consecuencia para la química de la uva es sustancial: azúcar de fruta elevada, concentraciones de ácido más bajas (especialmente ácido málico) y niveles más bajos de antocianinas (pigmentos naturales que se producen en los vegetales y son responsables del color) y metoxipirazina (una sustancia aromática)
Niveles más altos de azúcar producen cambios en el alcohol, lo cual altera los sabores del vino y la sensación en boca. Un ácido málico bajo, especialmente en los blancos que no se someten a la fermentación maloláctica, puede forzar la adición de ácido tartárico para mejorar la sensación en boca y la estabilidad microbiana. En tanto, las antocianinas bajas reducen el “potencial de color” en los vinos tintos.
Sin embargo, en una nota positiva, debido a que las temperaturas más cálidas tienden a deprimir la acumulación de pirazina (sustancias responsables de dar los aromas característicos) y aumentar su degradación, un aumento en las temperaturas promedio de la temporada de crecimiento debería terminar con una menor incidencia de vinos con “notas vegetales y herbáceas”.

¿Qué medidas de adaptación puede implementar Mendoza frente al cambio climático?
El calentamiento global no solo afecta a la fisiología y bioquímica de la vid, sino también a los métodos de producción utilizados para hacer vino Entre las medidas de adaptación para afrontar esta situación, la especialista del INV menciona:
- Retrasar la cosecha o realizar estrés hídrico a fin de conseguir igual intensidad de polifenoles y obtener uvas con mayor concentración de azúcar;
- implementar sistemas de manejo y control del recurso hídrico más eficientes;
- usar malla antigranizo y sistemas contra heladas más eficientes;
- aplicar técnicas vitícolas para el manejo de la canopia (la parte verde de la planta) que provoquen un retraso en la maduración de la uva como la poda tardía o poda en verde, entre otras;
- manejar la cobertura del suelo para conservar la humedad;
- reorientar hileras para que las hojas den sombra a los racimos;
- fomentar la diversidad varietal y cultivar variedades con madurez más tardía y con mayor capacidad de retener la acidez en los frutos;
- aplicar herramientas de monitoreo de humedad del suelo, fotosíntesis, etcétera, que ayuden a la toma de decisiones;
- utilizar portainjertos con resistencia al estrés hídrico y salinidad;
- programar las actividades de cosecha anticipadas para compensar el inicio temprano de la maduración de la fruta:
- considerar la cosecha nocturna y la entrega más rápida de las bayas a la bodega para hacer frente al aumento de las temperaturas y evitar el deterioro de la uva;
- considerar la introducción de cultivos de cobertura en los interfilares para minimizar la erosión del suelo y maximizar el almacenamiento de nutrientes y agua;
- considerar la reutilización, el tratamiento y el reciclaje del agua para minimizar el desperdicio;
- en casos más extremos, trasladar el viñedo a zonas más frescas, ya sea a mayor altura o latitud.
Algunas medidas de adaptación ya se están poniendo en práctica, asegura Claudia Quini. Por ejemplo, en la provincia se están cultivando variedades con mejor adaptación a las sequías extremas y a las condiciones actuales de temperaturas en aumento.

Desde el INV informan a este medio que las variedades con etapas fenológicas más largas y con mayor acidez pueden ser las que más se adapten. Entre las blancas destacan Semillón y Chardonnay como ejemplo de cepas que han demostrado no ser afectadas significativamente por los efectos del cambio climático. Como ejemplos de variedades tintas mencionan: Malbec, Bonarda, Cabernet Sauvignon y Syrah. No obstante, “sus comportamientos dependen de la zona de cultivo”.
La gerenta de fiscalización del INV concluye: “Es una certeza que un cambio en el clima, por pequeño que sea, cambiará la química de la uva para las uvas de vino que existen actualmente”.
Las consecuencias del cambio climático ya son visibles en Mendoza y en la vitivinicultura y se necesitan medidas de adaptación a esta situación. Asimismo, la ONU resalta que es importante la acción inmediata mundial para frenar el aumento de las temperaturas. Para conseguirlo sugiere tres categorías de acción: reducir las emisiones, adaptarse a los impactos climáticos y financiar los ajustes necesarios.
