Acampe piquetero: protestas nuevas con historias viejas
Esta semana tuvieron lugar los acampes de los movimientos sociales en reclamo por ayuda social y económica. La tensión comenzó con un acampe sobre la avenida 9 de Julio entre Moreno y avenida Belgrano donde se montaron carpas, llevaron sus pertenencias, comida, agua, velas y banderas. Los miles de manifestantes se trasladaron desde distintos puntos de la Ciudad y el Conurbano bonaerense. Ahora la pelea es contra la ministra de Desarrollo, Victoria Tolosa Paz, y el Potenciar Trabajo, pero las historias detrás dan cuenta de un problema viejo.
Ana María: tres generaciones de desempleados
Ana María tiene 54 años y está desempleada. Es de Jujuy. Nunca tuvo un trabajo formal. “Toda la vida viví de changas, nunca conseguí un empleo genuino, por eso estoy acá”, le dijo a MDZ Online desde el acampe. La mujer hace algunos trabajos de limpieza y costura, pero “no te pagan bien”, señaló.
Ella dejó su provincia natal a los 24 años con la ilusión de que en Buenos Aires su vida cambiara, pero no sucedió. “Nunca tuve la posibilidad de tener un trabajo en blanco, intenté, pero no conseguí. No hay”, contó.
Ana María tiene tres hijos. Uno de 18, otro de 20 y otro de 23 años. “Ellos también están desocupados porque no hay trabajo. Y mi mamá y mi papá tampoco consiguieron. Esto viene ocurriendo desde hace muchos años. Ya somos tres generaciones así”, dijo.
María se crió en un comedor y hoy dirige uno
María Duarte tiene 30 años y es de Quilmes. Desde su infancia conoce de adentro lo que es un comedor porque su mamá, preocupada por la pobreza que veía en el barrio La Matera dos décadas atrás, se puso el proyecto de alimentar al barrio al hombro. Luego, ella se casó, se mudó al barrio Dreymar y encontró que la realidad allí no era diferente a la de su infancia, por lo que armó otro merendero.
María acampó para acompañar el reclamo por los planes, pero también para quejarse de la calidad y el estado de los alimentos que reciben. “No llegan en tiempo y forma a los comedores, además hubo recortes y la gente cuenta con eso para sobrevivir”, le dijo a MDZ Online.
La mujer tiene una panadería y es madre de una niña de 9 años. Sufre la crisis económica en los distintos campos de su vida. Su negocio se ve golpeado por la inflación y sueña con un futuro mejor para su hija.
“Mi día a día consiste en levantarme, abrir la panadería familiar, llevar a mi hija al colegio e ir al merendero donde van 78 chicos y más de 30 familias. En la panadería antes se trabajaba mejor, pero actualmente todo aumenta y lo que vendo en una semana lo pierdo cuando voy a reponer porque me alcanza para comprar los insumos”, dijo.
Graciela, de Avellaneda, y “un sistema inaccesible para todos”
Graciela acampó y marchó con el Polo Obrero. Tiene 46 años, es de Avellaneda y madre de cinco hijos. En su casa todos trabajan. Lo que la moviliza a manifestarse es el enojo con el funcionamiento del Ministerio de Desarrollo Social.
“Reclamamos que nos den más tiempo para que los compañeros puedan inscribirse al Potenciar Trabajo porque cuando lo van a hacer les aparece un error. Algunos no tienen internet, no saben leer ni escribir, nunca en su vida hicieron un mail. El sistema es inaccesible para todos. El Gobierno nos dice extorsionadores cuando lo son ellos. Obligan a reinscribirse para cobrar $33 mil y ponen trabas en el sistema para que haya menos planes”, le dijo a MDZ Online.
Según la mujer, desde febrero piden una reunión con la ministra Victoria Tolosa Paz, pero ella no los recibe.
Graciela tiene cinco hijos. Los chicos tienen 12, 14, 17, 20 y 22 años. “Todos trabajan, hasta la de 12, que a veces se viene conmigo, pero es lo que hay en el país que vivimos ahora”, señaló.
Negocios vacíos
Hartos de los piquetes, los comerciantes prefieren no dar entrevistas. Hablan en off entre resignados y enojados. Los gastronómicos de Avenida Corrientes y Callao sienten el impacto de cada protesta que pasa por la puerta de sus negocios.
“Perdemos un 70% de consumo cada que hay un corte. No entra nadie”, dijo el dueño de un bar de la zona. La dueña de una panadería agregó: “Es todo un desastre, los empleados no pueden llegar a trabajar y perdés mucha mercadería. Respeto que reclamen, pero no adhiero con que le embarguen los derechos a los demás”.

