Nuestra mente no funciona como una computadora, sino como varias
Durante el siglo XX, se pensaba que nuestra mente funcionaba de forma parecida a una computadora, y esa computadora realizaba todas las actividades mentales, a la cual se le llamó IQ, o para ser más accesible, coeficiente intelectual; pero luego, se descubrió que su funcionamiento no era parecido a una computadora, sino a varias, 8 o 9 y que cada una tenía su especialización, y por lo tanto su autonomía, de allí que se dejó el singular, inteligencia y se comenzó a utilizar el plural, inteligencias, o inteligencias múltiples, IM.
Esta nueva concepción de la mente, nos permite entender que cada persona puede ver las cosas desde distintas perspectivas, es algo parecido a un polígono de nueve lados, un nonágono, que tiene diversos lados, pero siempre es el mismo polígono, por ahora son 9 las distintas perspectivas, pero nos parece que la ciencia, más adelante, podrá descubrir otras, tan valiosas e importantes como las ya existentes.
Estamos hablando de la inteligencia lingüística, la lógica-matemática, la kinestésica, la musical, la interpersonal, la intrapersonal, la naturalista, la espacial y la existencial. El hecho de tener todas las inteligencias, nos hace humanos, pero no hay dos personas
con las mismas inteligencias desarrolladas en el mismo nivel, recordemos que somos únicos e irrepetibles, a lo largo de la historia de la humanidad. Esto significa que no somos todos idénticos, sino que somos únicos.
Esto, nos hace infinitamente valiosos, pensemos, por ejemplo, en una pintura como la Gioconda. ¿Cuántas pinturas originales de la Gioconda existen en el mundo?. O pensemos, por ejemplo, en la estatua de la Piedad, de Miguel Ángel. ¿Cuántas hay?. Con las personas, es algo parecido, hay una e irrepetible en toda la historia de la humanidad. Y sus inteligencias, en ella funcionan de una única manera. Pero hay algo más todavía, esa persona no solo es inteligencia, como dice Ander-Egg, también tiene una dimensión emocional, que de no considerar este aspecto, estaríamos hablando de un ser que no sería una persona, sino de un robot.
Ahora, esa persona, única e irrepetible, además de tener un valor infinito, también, y por sus inteligencias, tiene una mirada del mundo y de sí misma, única, y que puede ir evolucionando. Y al tener esa mirada única y particular, del mundo, su actuar, sus decisiones, más allá de la influencia del ambiente que pueda recibir y aceptar, es única. El descubrimiento de las inteligencias múltiples, nos ha permitido entender que las personas pueden abordar las diversas circunstancias que le presenta la vida a diario, de múltiples maneras, y resolver los problemas, también de diversas formas.
Además, al tener múltiples inteligencias, podemos combinarlas de diferentes formas y con diferentes intensidades para resolver los problemas y también, poder crear productos que sean de utilidad para el entorno cultural en el que vivimos. Pensemos en una persona en la cual su inteligencia musical y kinestésica tengan mayor desarrollo que las demás, estaremos frente a alguien que es un gran bailarín y gran músico a la vez.
En esa persona la música se presenta cargada de sentido a tal punto que puede, también, expresarse y comunicarse con los demás en un formato musical y con expresión corporal. Y la empatía, propia de las relaciones interpersonales e intrapersonales, que le permiten tener un diálogo fluido con su público. Pensemos en esos artistas que pueden emocionar al público con su arte hasta el punto de hacerlos bailar, cantar y hasta llorar de la emoción.
A modo de conclusión, deberíamos señalar que nuestro cerebro al funcionar con varias inteligencias, y cada una de manera autónoma con respecto al resto, sin perder la unidad, y al ser cada uno de nosotros únicos e irrepetibles en la historia de la humanidad, tendríamos que maravillarnos de tener la posibilidad de interactuar con los demás en distintas circunstancias, porque ello nos lleva a nuestro propio crecimiento personal y al crecimiento de la comunidad.
* Lic. José Miguel Toro Investigador y docente. Lic. en Filosofía, Prof. en Teología, Prof. en Ciencias de la Educación, Psicólogo Social y Acompañante Terapéutico
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