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Solo en América crece la causa de muerte violenta más importante del mundo

En el suicidio, la principal causa de muerte violenta en el mundo, solo América ostenta un triste récord desde el año 2000, ser el único continente en el que crecen las cifras.

El ensayo filosófico ‘El mito de Sísifo’ del premio Nobel Albert Camus comienza con una de las frases más poderosas y perturbadoras de la historia del pensamiento: “Solo existe un problema filosófico serio, el suicidio, decidir si la vida vale o no vale la pena de ser vivida”, y en el suicidio solo América ostenta un triste récord desde el año 2000, ser el único continente en el que crecen las cifras.

Foto: Shutterstock.

En contra de lo que podría pensarse, la principal causa de muerte violenta en el mundo no son los asesinatos, las guerras, los accidentes de tránsito o las catástrofes naturales, por citar algunos ejemplos. La principal causa de muerte violenta es el suicidio, y América ostenta el triste récord de ser el único territorio en el que la cifra viene creciendo sostenidamente desde hace casi un cuarto de siglo, a pesar de cada vez más campañas preventivas al respecto, una situación para la que todavía no hay hipótesis plausibles que den cuenta del fenómeno.

Los datos son contundentes y fueron publicados el jueves por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en un estudio científico de la revista ‘The Lancet Regional Health’, datos entre los que se destaca que el  es mayoritario en los hombres (79%), pero que también se ha visto incrementado en las mujeres durante los últimos años.

Por caso, 97.000 muertes suponen una tasa de mortalidad por suicidio de 9 personas por cada 100.000 habitantes, 14.2 en los hombres y 4.1 en las mujeres como promedio.

La OPS, que investigó datos procedentes de 33 países, encontró grandes diferencias, entre las cuales destacan que una de las tasas más altas por 100.000 habitantes se da en los Estados Unidos, 14.1, (65 en Guyana), y una de las más bajas en la región Andina, 3.9, (0.3 en Barbados), algo que el informe explica en función de “diferencias culturales”.

Sin embargo, la OPS sigue señalando las conductas de riesgo como las que favorecen los suicidios, en especial las adicciones, las del alcohol o las de drogas ilegales, por ejemplo, sin tener en cuenta que esas adicciones son tanto causas como síntomas de, en muchos casos, problemas graves y previos de salud mental como la depresión o la bipolaridad, ahora denominada trastorno afectivo bipolar (TAB), enfermedades que siguen siendo estigmatizadas en muchos países.

Sin embargo, se han producido importantes cambios al respecto de considerar que el suicidio no es estrictamente un acto libre y, por ejemplo, la Iglesia católica ha pasado de prohibir durante siglos el enterramiento de los suicidas en sus cementerios, por considerarlo un pecado, a permitirlo.

Foto: GETTY IMAGES.

Efectivamente, los problemas de salud mental no suelen ser reconocidos como tales porque muchas culturas no los consideran enfermedades que pueden ser diagnosticadas y tratadas con crecientes posibilidades de éxito, sino debilidades del carácter o la personalidad y de las que, por tanto, cada uno es responsable y no paciente, algo que resulta especialmente acuciante en el mundo empresarial con el prejuicio hacia las denominadas “carpetas psiquiátricas”.

La ausencia de rasgos físicos evidentes en, por ejemplo, la depresión, principal causa de baja laboral en el mundo, y de multimillonarias pérdidas económicas por esas ausencias, explica el juicio de que propiamente no se trata de una enfermedad, lo que es muy propio de una medicina cada vez más organicista y menos atenta a la unidad psicosomática de la persona.

Foto: Shutterstock.

Sin embargo, tal vez nuestra misma cultura pragmática, aunque sea por motivos precisamente pragmáticos y economicistas, busque comprender mejor las causas de estas dolencias para ayudar a ponerles remedio, algo que comenzó a ocurrir en buena parte de las empresas con la puesta en marcha de “políticas de bienestar” a raíz del estrés planetario provocado por la pandemia.

La vulnerabilidad no es algo que pueda ocurrirle a la condición humana, es la condición humana en sí misma, y atender esa fragilidad constitutiva, y ser cada vez más sensibles al respecto, es tarea de todos.