Presenta:

La historia de la chancha y el piano

De como el General Jeremy Moore y su estado mayor saborearon la turba, y la chancha se jugaría la vida por el piano. Alejandro Signorelli, nos trae a MDZ esta pequeña gran historia de la guerra del Atlántico Sur.
Alferez Guillermo Dellepiane y probablemente uno desus mecánicos
Alferez Guillermo Dellepiane y probablemente uno de sus mecánicos

Guillermo “Piano” Dellepiane no lo sabía, pero a la guerra le quedaban solo 24 horas y él se iba a jugar la vida por su Patria a lo largo de 3 horas interminables. En la base aérea militar San Julián (BAM San Julián), provincia de Santa Cruz, llovía a cántaros y la visibilidad no superaba los 8 kms., sobre Malvinas había buena visibilidad y solo chaparrones ocasionales. En Malvinas la situación era crítica. Las tropas británicas tenían rodeado a Puerto Argentino y había una encarnizada lucha en cada monte próximo a la ciudad.

Quien ganara esas alturas habría ganado la guerra. Parecía que ante la abrumadora superioridad de equipamiento británico, su logística y planeamiento, solo era una cuestión de tiempo. Uno de esos montes era Dos Hermanas y la Inteligencia argentina estimaba que allí se encontraba el estado mayor con el general Jeremy Moore al mando, debido a la intensa actividad de helicópteros que se observaba.

La Fuerza Aérea Argentina (FAA) dispuso misiones de ataque para apoyar a las tropas de tierra e intentar cortar la cadena de mando enemiga. A la BAM San Julián llegaron las órdenes fragmentarias 1319 y 1320, que disponían el alistamiento de 2 escuadrillas de aviones A4-B Skyhawk:

  • La primera con el indicativo “Nene” estaba compuesta por el capitán Antonio Zelaya (C-230, esta es la matrícula del avión que utilizó en esta misión), el teniente Omar Gelardi, (C-227); el teniente Luis “Tucu” Cervera, (C-212); y el alférez Guillermo “Piano” Dellepiane, (C-221)
  • La segunda con el indicativo “Chispa” estaba compuesta por el capitán Carlos Varela, (C-222); el teniente Mario Roca, (C-250); el teniente Sergio Mayor, (C- 235) y el alférez Marcelo Moroni, (C-237).
Vicecomodoro Luis José Litrenta Carracedo, comandante del
KC-130 Hércules TC-69 que fue al rescate del Piano.

Ambas escuadrillas iban armadas con bombas BRP de origen español de 250 kilos frenadas por paracaídas, especialmente diseñadas para lanzamiento a baja altura sobre objetivos terrestres. Cada avión llevaba tres de ellas en el soporte central,
además de los dos tanques de combustible externos suplementarios, indispensables para cubrir ida y vuelta con el reabastecimiento en vuelo previsto a la ida.

Los Nene despegaron a las 10:35h y los Chispa a las 10:41h. Llegaron al encuentro del KC-130 Hércules (TC-70), la venerable Chancha, y el capitán Zelaya debió volver porque entró combustible en su motor, quedando a cargo de los Nene el teniente Cervera. Siguieron vuelo a Malvinas. Para quien lo desconozca, la operación de reabastecimiento en vuelo consiste en que un KC-130 Hércules, enorme avión cuatrimotor, despliega dos mangueras que salen de un tanque que se encuentra debajo de cada una de sus alas para que dos aviones cazas o bombarderos “emboquen” su lanza de reabastecimiento en la canasta que se encuentra en la punta de esas mangueras.

Una vez acoplados, el Hércules deja fluir el combustible. En pocas palabras se trata de llenar el tanque en pleno vuelo. Los Chispa llegaron primero a las islas con los Nene pegados por detrás, por lo que prácticamente se podría decir que los 7 aviones atacaron casi en línea. El radar de Puerto Argentino les informó que tenían 5 patrullas aéreas de combate (PAC, compuestas cada una por 2 aviones Sea Harrier británicos armados con misiles aire-aire AIM-9L Sidewinder, una gentileza norteamericana)  Llegaron por el norte y enfilaron en línea hacia el monte Dos Hermanas en rasante.

En la última colina casi despeinan a un soldado enemigo y ante ellos se desplegó la escena del estado mayor británico compuesto por aproximadamente 2 manzanas de tiendas de campaña, containers con armas y pertrechos y varios helicópteros Sea King volando que trasladaban distintas cargas y cañones para el asalto final sobre Puerto Argentino. Los Chispa hicieron su corrida y soltaron sus bombas. Un minuto antes los vigías avanzados habían dado la voz de alarma y el general Jeremy Moore y el resto de
sus generales abandonaron a las corridas y como pudieron sus posiciones.

Inmediatamente comenzaron a ver fogonazos de todo tipo y el cielo se tapizó de explosiones. Les estaban tirando con misiles, artillería antiaérea, ametralladoras y hasta con armas de mano. El guía, Varela, fue seguido por un misil que explotó antes de tiempo. Sintió un terrible sacudón y atinó a eyectar sus dos tanques externos de combustible para estar más liviano y maniobrable y puso rumbo al continente en rasante. Antes de esto le disparó con sus cañones de 20 mm “a todo lo que se movía”.

El alferez Dellepiane enganchado al KC-130 Hércules TC-69 al mando del vicecomodoro Litrenta, cargando combustible y perdiéndolo en gran parte por las perforaciones sufridas por el fuego antiaéreo enemigo.

Fue el turno de los Nene, que ingresaron al corredor de tiro ya con la bienvenida de los “fuegos artificiales” enemigos por todos lados. Soltaron sus bombas e iniciaron el escape. El Piano comenzó su alejamiento con bruscas maniobras evasivas y vió que dos
misiles iban derechito al avión de su guía, el teniente “Tucu” Cervera. A los gritos le advirtió por la radio por lo que Cervera inició un cerrado viraje y pudo evadirlos. En ese momento el Piano se encontró con un helicóptero Sea King de frente por lo que activó sus cañones de 20 mm y comenzó a disparar. Solo un disparo salió y se atascaron, pero fue suficiente ya que impactó en una de las aspas y el helicóptero debió aterrizar de emergencia y quedar fuera de servicio.

Durante esos segundos frenéticos sintió varios golpes en su avión, ninguno de importancia, aparentemente. Otros integrantes también dispararon sus cañones sobre otros helicópteros con resultados diversos. Las escuadrillas siempre atacaban en formación, pero el regreso a casa se hacía por separado para dividir el esfuerzo del enemigo. En la práctica, se trataba de volver cada uno por su lado y como podían para evitar los misiles cuando acababan de atacar y para evitar las PAC de Harrier que podían aparecer en la primera mitad del camino de vuelta.

Cuando el Piano se estabilizó, eyectó sus tanques de combustible externos (o creyó que lo hacía) y puso rumbo oeste en vuelo rasante. El radar Malvinas les informó que tenían una PAC al norte del estrecho San Carlos y otra en la zona de Fitz Roy. Al pasar por San Carlos divisó una fragata enemiga, lo que encendió todas sus alarmas, temiendo un ataque con misiles, pero nada sucedió. Aparentemente estaba averiada. Fue entonces cuando percibió que algo no estaba nada bien. Su indicador de nivel de combustible marcaba algo imposible, tenía menos de la mitad del necesario para cruzar al continente.

Era evidente que alguno o algunos de esos golpes habían impactado en algún lugar que hacía que pierda una gran cantidad del fluido que necesitaba para regresar a casa. No entendía muy bien que estaba ocurriendo, era solo un Alferez de 24 años
lidiando con situaciones que pondrían seriamente a prueba a un Brigadier experimentado. Se encontraba todavía sobre las Islas y hacía una y otra vez las cuentas y no le daba ni para llegar a la posición de la Chancha y reabastecer, mucho menos a la BAM San Julián.

El alferez Dellepiane se desengancha justo antes de su maniobra de aterrizaje y se observa la estela del combustible
que sigue perdiendo.

Sus opciones eran dos: podía tomar un poco de altura y eyectarse sobre las Islas, pero eso significaba perder el avión y al caer, ser hecho prisionero. La otra era subir a 10.000 o 12.000 metros de altura (a más altura, menos consumo de combustible) e intentar llegar a la posición del Hércules reabastecedor. El riesgo era tomar altura sobre las islas y ser detectado y alcanzado por alguna
PAC de Harriers y sobre todo, que no le alcance el combustible y el motor se plante y caiga, debiendo eyectarse en el medio del océano Atlántico Sur en donde no podría sobrevivir más de 15 minutos debido a la temperatura del agua. No existía capacidad operativa para realizar un rescate en tan poco tiempo.

Sus compañeros de escuadrilla, el radar Malvinas y todos en la BAM San Julián seguían con ansiedad la situación y trataban de aconsejar al Piano sobre su decisión por la radio, hasta que su jefe de escuadrilla el teniente Tucu Cervera gritó “¡Déjenlo a Piano que decida!” Y Piano decidió. Comenzó a llamar desesperadamente a la Chancha para que modificara su posición y fuera a buscarlo. Ese mismo día a las 9:15h el KC-130 Hércules matrícula TC-69 despegó para tomar posición en la ruta de retorno de las misiones de ese día.

Su comandante, el Vicecomodoro Luis Litrenta nunca se imaginó que salvaría una vida. Todos los días salvaban vidas, pero este día sería el “culpable” directo. Ante el desesperado pedido de ayuda del Piano, este oficial y su tripulación decidieron abandonar la zona de seguridad (en donde no podían ser alcanzados por las PAC) e internarse con un avión desarmado, enorme y lento en la zona de peligro para buscar al halcón herido.

En esos momentos de máxima ansiedad y tensión en la BAM San Julián un oficial tomó un helicóptero y sin autorización se internó mar adentro para estar cerca ante un posible rescate. ¡Cada vez que Piano hacía nuevamente las cuentas, verificaba que no llegaría y en su radio sonaban las voces de sus camaradas alentándolo para que siga, “Dale pendejo!! Con fe que llegás”. Piano preguntaba cada tres minutos la posición de la Chancha, y su tripulación y sus compañeros constantemente lo alentaban para lograrlo, pero el indicador no superaba las 200 libras, lo que significaba que solo unos minutos más y el motor se plantaría.

Los minutos pasaron y de pronto la Chancha vió a uno de sus halcones. Le pidió que alabee (bambolear las alas del avión sobre su eje) para comprobar si era él. Piano lo hizo, pero nada, habían divisado a otro Nene. Otra vez la angustia y ahora el indicador estaba llegando a cero. Piano seguía buscando y ya ni rezaba, cuando la Chancha divisó a otro halcón y esta vez sí, era
él. Su salvación con forma de Hércules se encontraba adelante a la derecha y varios miles de metros más abajo. Piano bajó la potencia de su motor para igualar la velocidad del Hércules y aprovechar al máximo sus últimas gotas de combustible.

Alcanzó su altura y se posicionó para embocar su lanza en la canasta. Dio potencia con el último aliento y embocó al primer intento.
Las lágrimas empezaron a fluir a la par del combustible y los gritos de sus compañeros y la BAM San Julián lo aturdieron. Sería cuestión ahora de esperar a tener el fluido suficiente para llegar a la base, pero no, Piano comenzó a notar que el nivel de combustible habían dejado de bajar y había subido un poco, pero se había plantado ahí, no seguía subiendo. Esto indicaba que su pérdida era enorme y que no podría desengancharse así que el Piano voló enganchado a la Chancha y dejando una estela de combustible en el cielo hasta las inmediaciones de su base y se desprendió solo para el aterrizaje.

Cuando llegó a su lugar de detención en la pista y paró el motor bajó muy rápido y tuvo que sortear un enorme charco de combustible que crecía rápidamente. Tenía impactos de balas por todo el avión, incluso en los tanques externos que había creído eyectar y que seguían en su lugar. Ese día la BAM San Julián festejó el regreso de Piano y de sus compañeros, habían regresado todos, algo que lamentablemente no era lo habitual. Guillermo Dellepiane es uno de nuestros héroes condecorados con la medalla de la República Argentina al Valor en combate.  La tripulación del KC-130 Hércules que se acercó a las islas más de la cuenta para ir al rescate de su compañero de armas también recibió la misma condecoración.

Ellos son: vicecomodoro Luis Litrenta, capitán Guillermo Destéfanis, mayor Francisco Mensi, cabo principal Juan Perón, cabo principal Juan Tello, suboficial auxiliar Hugo González, suboficial auxiliar Vicente Luis Reynoso y suboficial auxiliar Manuel Lombino. (los grados militares corresponden a 1982).

* Lic. Alejandro Signorelli, Investigador de la Guerra del Atlántico Sur.