Presenta:

Año nuevo, una nueva esperanza, ¿esta vez se dará?

Los fines de año son, generalmente, momentos de reflexión. Momentos de balance para pensar lo realizado durante el año y programar el futuro.
¿No será  el momento de recuperar la esperanza y darle un tiempo al nuevo gobierno?  Foto: MDZ
¿No será  el momento de recuperar la esperanza y darle un tiempo al nuevo gobierno?  Foto: MDZ

En el hemisferio norte, esta fecha coincide con la finalización de las cosechas, por lo que tradicionalmente es el tiempo de planificar el nuevo ciclo. El cristianismo tampoco es ajeno a este momento: la Navidad recuerda el nacimiento de Cristo, que libera al mundo del pecado y nos hace pensar sobre su próxima venida al fin de los tiempos. Hasta no hace mucho, diciembre era en nuestro país un mes festivo, preparatorio de las vacaciones, momento de alegría, de brindis de fin de año y recuerdos.

El frenesí de la gente estaba motivado por en dónde y con quienes pasar las fiestas y en intentar complacer a los niños con los regalos que traería el Niñito Dios o Papá Noel. No importaba si era un gran regalo o algo pequeño. Los centros comerciales, las grandes tiendas, y las peatonales de todo el país se llenaban de chicos que buscaban poder entregar personalmente la carta con su pedido contando cuán buenos habían sido durante el año.

Es el tiempo de planificar el nuevo ciclo.

Al mismo tiempo, en las calles sonaba música navideña a través de los parlantes de los negocios o cantada por grupos parroquiales. Las vidrieras de los comercios y las calles se adornaban festejando el momento. Sin embargo, estas fechas desde hace tiempo se han transformado en Argentina en tiempos frenéticos, opacos, en donde mucha de la alegría de tiempos pasados parece haberse olvidado. Ya casi no se escucha música en las calles y la iluminación festiva de los espacios públicos se ha reducido al mínimo. La crispación le gana a la paz y el desasosiego a la esperanza.

¿Qué nos pasa?

Es evidente que las recurrentes crisis por las que atravesamos han contribuido a este clima tan particular. Particularmente, la crisis de diciembre de 2001, que nos llevó a tener 5 presidentes en 20 días, estado de sitio y muertos, puede tal vez considerarse la chispa que encendió el polvorín que nos llevó a cambiar el sentido de estas fechas. Han pasado, sin embargo, más de 20 años de entonces.

¿Por qué no podemos levantar cabeza?

Quiso el destino que, desde el retorno a la democracia en 1983, los nuevos gobiernos asuman en diciembre. Sin embargo, lo que debería ser una fiesta, la celebración de la alternancia democrática y la esperanza de una mejora continua, se ha transformado en pesimismo continuo. Los argentinos hacemos carne la frase de esa canción popular: “hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana”.

Nos encontramos hoy frente a un nuevo cambio de gobierno. No es uno más. Sorprendentemente, y en medio de una nueva crisis, un outsider de la política logró alcanzar la presidencia de la Nación aglutinando el voto popular y derrotando a los partidos “tradicionales”. Es cierto que no todos los votos recibidos por el nuevo gobierno -una mayoría aplastante- son propios, sino que muchos de quienes lo votaron lo hicieron expresando una voluntad de cambio de paradigma para superar la emergencia.

Los argentinos hacemos carne la frase de esa canción popular: “hoy estoy peor que ayer, pero mejor que mañana”.

¿No será  el momento de recuperar la esperanza y darle un tiempo al nuevo gobierno? 

Depende, en gran medida, de nuestra actitud, volver a aquello que, creo que todos coincidirán, añoramos. Que aquella canción pesimista pueda ser cambiada por aquella otra que dice “gracias gobernante, viva el que viene, viva el que fue”.

Ojalá podamos lograrlo.

Alfredo M. Vítolo

* Alfredo M. Vítolo. Profesor de Derecho Constitucional y Derechos Humanos y Garantías.