Reformismo, política y dinero siembran la discordia en la Iglesia
La Iglesia atraviesa un tiempo de transformación muy grande, donde el papa Francisco aparece como figura principal y que está bajo la mira de todos. En la actualidad, dos movimientos pujan por el poder en Roma, siendo estos actores la Iglesia alemana y la americana, mientras Su Santidad encara otros frentes que debe abordar.
La declaración Fiducia Supplicans fue un tema clave en las últimas semanas, generando polémica dentro y fuera de la Iglesia por la autorización a sacerdotes para bendecir parejas homosexuales. Ante esta posición, que tiene sus contrapuntos con la doctrina del catolicismo, generó distintas posturas desde los sacerdotes.
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Aunque algunos religiosos optan por negarse a bendecir algo que es contrario a muchos conceptos doctrinarios, no habrá ningún aspecto ritual en estas bendiciones. Se trata, en rigor, de un guiño de Roma a algunos sectores progresistas que ganaron terreno en los últimos años, pese a que existe también una reacción de los sectores más conservadores, pudiendo esto derivar en posiciones cismáticas si no se aborda el tema a tiempo.
Durante el último Sínodo, el abordaje de la comunidad LGBTIQ+ fue algo muy presente, principalmente con el progresismo alemán, que apoya una idea de eliminar la idea de pecado en torno a sus actos y bendecir las uniones de forma sacramental. Al otro lado del camino, la Iglesia de los Estados Unidos se posiciona más cerca del conservadurismo, respetando los preceptos que llevan milenios.
Un concepto a tener en cuenta sobre las transformaciones dentro de la Iglesia Católica, es que a lo largo de toda su historia, siendo que empezó a existir en la primera mitad del siglo I, ha tenido grandes cambios. Es falaz la idea de que “la Iglesia debe modernizarse”, siempre ha sido una institución dinámica, siguiendo los dogmas, pero no así los paradigmas. Esto último es importante, ya que la esta es una institución que se plantea en la idea de perpetuidad, por lo que seguir paradigmas sería, al menos, insensato.
El dinero y la fe: un camino difícil para la Iglesia
El otro punto a tener en cuenta, luego de siglos, con una enorme estructura e influencia en los estados nacionales, es que tanto los gobiernos como la Iglesia se van distanciando y, en consecuencia, teniendo menos asignaciones. En el caso de Argentina, por ejemplo, la mayoría de los obispos no percibe salarios estatales como antiguamente lo hacía, sino que se sostiene mediante programas propios de la Conferencia Episcopal Argentina.
Ante este problema, a nivel global, Roma puede optar por volcarse hacia el Camino Sinodal Alemán o hacia el conservadurismo americano, siendo estas dos iglesias nacionales con una gran caja. Está hasta el momento, la capital de la fe cristiana, se mantiene negociando con ambas líneas, teniendo guiños hacia ambos lados, aunque este último fue un gran apoyo a “los alemanes”.
Ese rol reformista es el que llegó a ocupar el cardenal Víctor Manuel Fernández a cargo del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, tras su nombramiento por el papa Francisco. Esta dependencia del Vaticano es, ni más ni menos, lo que antiguamente fue el Santo Oficio de la Inquisición, tomando ahora una postura muy distinta al conservadurismo de su pasado. Algo similar a lo que ocurrió dentro de la Compañía de Jesús, que hoy tomó una posición muy lejana a su rol en el pasado dentro de la Iglesia.
Un punto fundamental que nunca está de más aclarar es que el dinero dentro de la Iglesia no es sinónimo de corrupción, sino un recurso necesario para el sostenimiento de la institución y la salvación de las almas, espíritu primario del cristianismo. Al mismo tiempo, debe entenderse que la Iglesia está constituida por hombres, siendo algunos muy poderosos, por lo que el fantasma de la corrupción siempre da vueltas y muchas veces se hace carne en algún referente.
La Iglesia y la pelea política en medio de las reformas
Hoy en la Iglesia, las disputas ideológicas y el dinero aparecen como la manzana de la discordia de cara al futuro de la institución. Hablar de un posible cisma puede ser apresurado, pero no es algo que deba descartarse, ya que este es el momento más álgido desde tiempos del Concilio Vaticano II, donde también corrió riesgo la unidad.
En aquel tiempo, las reformas impulsadas por Juan XXIII y concretadas por Pablo VI, dieron pie a la aparición de dos fuertes movimientos: el “tercermundismo” y el “lefebvrismo”. El primero de ellos se ubicó dentro de las izquierdas de aquella época y el segundo se opuso a las reformas del Concilio Vaticano II. Ambos movimientos terminaron siendo declarados herejías por el papa san Juan Pablo II, tomando la Iglesia una posición neutral entre los extremos, por lo que puede terminar siendo así lo que ocurra en un futuro.