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La “provincia extra” con la que tendrá que gobernar Javier Milei

Uno de los principales factores de poder que apoyó abiertamente a Sergio Massa y se suma a los posibles rivales para que Javier Milei consiga gobernabilidad.
El presidente deberá lidiar con una organización poderosa como una provincia Foto: Juan Mateo Aberastain / MDZ
El presidente deberá "lidiar" con una organización poderosa como una provincia Foto: Juan Mateo Aberastain / MDZ

La gobernabilidad de la gestión que encabezará Javier Milei para los próximos cuatro años es uno de los temas en boga tras su triunfo electoral. Sin gobernadores de su partido, aunque con cierto apoyo de los de Juntos por el Cambio y algunos partidos provinciales, deberá enfrentar a una especie de “deep state” que se muestra a la vista de todos y entretiene a millones de personas día a día: el fútbol.

En el artículo 46 de la Constitución Nacional, sancionada en los albores de la República Argentina en 1853, se menciona la representación que tendrían las provincias existentes en la Cámara de Diputados. Allí se nombra a las provincias de Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, Mendoza, Salta, San Juan, San Luis, Santa fe, Santiago del Estero y Tucumán. A este listado, con la legislación posterior, se sumarían Chaco y La Pampa en 1951, Misiones en 1953, Chubut, Formosa, Neuquén y Río Negro en 1955, Santa Cruz en 1956, Tierra del Fuego en 1990 y la Ciudad de Buenos Aires en 1995 con la promulgación de la última reforma constitucional.

Ese país, según las atribuciones presidenciales, será el que deba gobernar Javier Milei durante estos cuatro años, pero ignora la existencia de la “provincia extra” que tiene Argentina. Nacida como un simple torneo de aficionados en 1893, la Asociación Argentina de Fútbol (AFA) se erigió como un estado dentro del país, pero sin cumplir las condiciones para considerarse sedición. Su condición aquí tomada como “provincia extra” responde más a lo que representa en términos económicos, sociales y políticos, más allá de no tener un territorio delimitado, ni una población gobernada.

Los números de la AFA son, al menos, un secreto al que pocos tienen acceso; pero es sabido que estamos hablando de miles de millones de pesos, algo similar al Producto Interno Bruto de una provincia. Del mismo modo ocurre con la Federación Internacional de Fútbol Asociación a nivel mundial, pudiendo tomarse a este ente como un país más. La AFA, que algunos toman como un ministerio más por su peso político, por la autonomía propia que le otorga la Ley de Asociaciones Civiles (N° 24.057), la hace más similar a una provincia.

El peso político de la AFA se mueve a tal punto que el presidente de la AFA requiere también de un apoyo político desde la Casa Rosada, siendo Claudio Tapia fiel reflejo de eso durante el último tiempo. Además, llegó hasta allí con el apoyo de intendentes, sindicalistas y empresarios, como si de un gobernador se tratara. Claro que el apoyo de los presidentes de los clubes es parte fundamental, pero muchos de estos cumplen también estos roles en la vida “civil”. No hace falta dar ejemplos; son conocidos los casos tanto en la máxima categoría como en el fútbol del Ascenso metropolitano y en el Interior, que funcionan como palanca política más allá de los éxitos deportivos, o también buscándo estos mediante la estrategia partidaria.

Hablando del Interior, además de la presidencia de Tapia, Pablo Toviggino es un personaje clave en el fútbol argentino, estando al mando del Consejo Federal de Fútbol y siendo una suerte de secretario personal del presidente de la AFA. Organizar torneos es mucho más que juntar equipos bajo un reglamento, programar partidos, un sistema de puntos y dar un trofeo al que más sume; es también devolver favores a los amigos de Viamonte, a aquellos que apoyaron al justicialismo durante los últimos años y los empresarios vinculados a los sponsors de torneos y clubes.

¿Por qué tanto cambio sobre la marcha?, ¿por qué habrá 28 equipos en la Liga Profesional de Fútbol el año que viene?, ¿por qué no hay ocho o diez descensos de un plumazo y se vuelve a la normalidad?, ¿por qué se suspendió el desempate entre San Telmo y Almagro por el tercer descenso de la Primera Nacional?, ¿por qué descendieron cuatro equipos del Federal A y a la semana jugaron un desempate y descendieron sólo dos?, ¿por qué no se televisaron algunos partidos definitorios o se juegan en horarios extraños?, ¿cómo hacen clubes de barrio sin caudal societario para llegar a la división de honor argentina? Todo esto, sin realizar una tediosa revisión en el VAR de cada fallo arbitral escandalosamente polémico que hay cada fecha, se responde con dos conceptos claves en el régimen de Tapia, versión mejorada del grondonismo: dinero y poder.

Grondona tenía en sus negocios gran parte de las razones por las cuales hacer “chanchullos” con la AFA, pero Tapia no solo los aumentó, sino que también los hizo groseramente, haciendo uso de una enorme impunidad. Esta impunidad se acrecentó luego de la noche en el Maracaná cuando Ángel di María hizo aquel icónico gol contra Brasil por la final de la Copa América 2021, constituyendo entonces una red más obscena dirigida desde la AFA para el fútbol local, escudada en grandes resultados electorales. De allí pasó a la megalomanía casi sin paradas intermedias y alcanzando el cenit el último diciembre, adueñándose de algo que no le corresponde, como lo es la Copa del Mundo. A punto tal que le dieron un partido del Mundial 2030 como limosna y aceptó, rompiendo con la ilusión de millones de personas, pero ofreciéndoselo a Sergio Massa como mercancía electoral.

Como si fuera poco, luego de una parva de declaraciones contra Javier Milei, por parte de los clubes, tras un dicho del entonces candidato sobre las Sociedades Anónimas Deportivas, ahora se discutirá entre los clubes dicha posibilidad. Seguramente sea negativa la postura y volverá el discurso falaz del “no a la privatización de los clubes”, pero no deja de ser una herramienta de negociación. A parte, vale aclarar, los clubes ya son privados; nadie va gratis a un club, nadie puede entrar a cualquier club “de guapo”, los clubes tienen sus reglas propias y su propiedad. Es decir, los clubes no son públicos, aunque los políticos metan sus garras en ellos y los financien desde intendencias y gobernaciones.

Entre Sergio Massa y Javier Milei, sin lugar a dudas, Tapia prefería al candidato justicialista, mismo color político que él y su suegro Hugo Moyano. Tanto así que, según trascendió en las últimas semanas, el presidente de la AFA habría empujado a Lionel Scaloni y su equipo a dar un apoyo al candidato peronista, algo que se negaron y podría ser la razón que desencadene la salida del director técnico campeón del mundo en Qatar.

La AFA es un lugar oscuro, no por malo sino porque parece gustar de resolver sus conflictos en las sombras o entre gallos y medianoches. Ese lugar, aunque sin administrarlo, también deberá estar en la mirada de Javier Milei, no solo como un generador de dinero, también como un “rival” que puede atentar contra los cimientos de su Gobierno. No dicho esto como una acusación de golpismo infundada contra el presidente de la AFA, sino como algo que ya ocurrió en 2018, cuando todas las barras bravas se pusieron de acuerdo para criticar a Mauricio Macri, barras que tienen vínculos carnales con muchos dirigentes políticos y deportivos, mismos dirigentes que necesita un presidente de AFA para instalarse y mantenerse en el poder.