Los medios narran la película de Milei
Por varios motivos es Javier Milei el “fenómeno” de las elecciones del 2023. Uno de ellos es el hecho de haberles disputado la centralidad de la política argentina a Cristina Kirchner, en primer lugar, y a Mauricio Macri, en segundo, a cuyos compases veníamos bailando en los últimos años, incluso después de que dejara cada uno la presidencia. Dentro de las varias paradojas que los giros continuos del guion de estas elecciones provocan se cuenta esta: Sergio Massa estaría en mejores condiciones de sacar del centro a Cristina y a Macri que Milei, después del acuerdo con el expresidente.
Otra paradoja es que Massa, con imagen de acomodaticio, alternativamente aliado y adversario del kirchnerismo, ha resultado más previsible que Milei, incluso para el mercado. Luego del revés de las elecciones generales, Milei intentó morigerar sus posiciones y sus tonos. El acuerdo con Macri por Patricia Bullrich le hizo cambiar su antagonismo contra la casta por la polarización con el kirchnerismo. Pero su rechazo a la casta fue lo que más congregó a sus seguidores, mucho más que los aspectos doctrinarios, extremos y sin acuerdo siquiera entre los integrantes de su equipo. No le costó tanto a Milei alcanzar ese umbral de votos duros
como le estaría costando desde las PASO perforar ese techo.
El acuerdo de Milei con Macri tuvo el doble efecto de dividir definitivamente a Juntos por el Cambio, la fuerza que debería sumar para ganar el balotaje, y perder gente de su propio espacio o muy próxima a él. Con el agravante de que devolvió a Macri al centro de la escena y, aparentemente, al control de su campaña. Después de la desafortunada entrevista en el canal A24 con el periodista amigo Esteban Trebucq, Milei dejó de exponerse a este tipo de entrevistas, aun complacientes. El video de la entrevista (en donde se lo vio lento y desconcentrado por un aparente murmullo en el estudio y desencajado y excitado por el millón de likes que recibió su meme de un león abrazando a un pato) se viralizó en las redes con comentarios alarmados sobre el desequilibrio emocional del candidato libertario y fue objeto de análisis de especialistas que pronto se trasladaron a los medios masivos.
El anteúltimo plot point de la película de Milei consiste en reforzar las ideas que le granjearon más adhesiones y que más conectan con la principal preocupación de sus votantes -la inflación y el dólar-: la dolarización y el cierre del banco central no son negociables, asegura. Junto con esto pareciera haber vuelto a dar carta franca a sus adláteres para que insistan con las posiciones extremas que lo diferenciaron de la casta. Así, por ejemplo, Diana Mondino dijo que un mercado libre de órganos le parecía fantástico. El riesgo de esta vuelta al extremismo anterior es recaer en los errores de final de campaña que seguramente le sustrajeron votos blandos: los agravios al Papa, el pedido de Benegas Lynch de suspender relaciones con el Vaticano, la propuesta de Lilia Lemoine de que los padres puedan renunciar a la paternidad.
Los medios intervienen activamente en estas idas y vueltas respecto de Milei contribuyendo a la confusión sobre él y a la incertidumbre que produce como alternativa de poder. Gran parte de los periodistas de La Nación + que apostaron fuerte por Juntos por el Cambio ahora se revelan como seguidores de la estrategia de Macri: van abiertamente por Milei. Siempre en el otro extremo de Massa, caracterizado como continuidad del kirchnerismo. Javier Milei dijo en LN+ que él sufrió 30 operaciones periodísticas en contra. Sin embargo, el día de las elecciones los periodistas de ese medio aparecían con el rostro demudado al informar sobre los resultados. Resultados menos favorables a Milei que los que ellos mismos habían auspiciado. Así como LN+ se radicaliza, TN se atempera. Allí ahora las entrevistas a Milei son menos complacientes y Massa es más consultado. Estos posicionamientos tienen que ver también con las previsiones que los medios hacen del futuro de su negocio con uno u otro resultado.
No sabemos cuáles serían las percepciones de la población si no estuviera tan frenético el sistema mediático digital. Es difícil sustraerse a este circuito exasperado y polarizado. Sabemos que en los grupos de WhatsApp y en las redes la gente común y corriente se pelea, se obnubila, recrea la grieta. Las campañas sucias y las fake news están a la orden del día: por ejemplo, la foto de un playero de Shell cargándole nafta a uno de YPF difundida por Javier Milei para denunciar el desabastecimiento, que el primero aclaró que era de 2017. No hay serenidad ni para pensar que es lo menos malo para el país en crisis.
La irrupción de Javier Milei polarizó a todos los actores sociales. La mayor parte de la dirigencia del espacio implosionado de Juntos por el Cambio se manifestó contra él, lo cual no quiere decir que pidan votar a Sergio Massa. Todo esto es “casta” para el libertario, pero también hay dirigentes cercanos enojados con el acuerdo con Macri. Contra Milei se expiden los escritores argentinos y extranjeros, otros artistas e intelectuales, y también los fans de WOS, los swifties, los Otakus. Son respuestas a los excéntricos enfrentamientos del espacio libertario.
Los periodistas formulan predicciones, se entrevistan unos a otros, declaman su voto, interpelan con arrogancia a los candidatos. A favor de Sergio Massa: Jorge Rial, Baby Etchecopar, por el voto en blanco: Luis Novaresio, Jorge Lanata. Se expresan juicios severo y autoritarios del valor del voto en blanco en una elección donde una mayoría no está a favor de ningún de los dos candidatos. Demasiado vedetismo y partidismo. ¿Por qué habría de ser de interés público por quién votan Majul, Feinmann o Canosa?
Hay elementos del estado actual de la mediatización que explican esta suerte de histeria. Uno es la autor referencialidad: los equipos de campaña y los encuestadores son creadores de contenidos como los periodistas, todos realizan análisis más o menos serios, pero también usan la “chicana” y el sarcasmo en las redes sociales. El segundo elemento es el efecto sorpresa que este mismo sistema provoca al generar una expectativa que luego el comportamiento de los votantes defrauda. La gente de a pie no razona igual que la elite político-mediática.
El balotaje será una elección entre el miedo a lo que representa Milei versus el rechazo que produce Massa. Faltan aún quince días, hasta entonces esperamos nuevos giros en la película de Milei.
* Damián Fernández Pedemonte, Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral.