En primera persona: el conmovedor relato del gaucho que batalló cuerpo a cuerpo contra el fuego en Mendoza
El último fin de semana de octubre quedará para siempre grabado en la memoria de los habitantes de una zona del piedemonte de Las Compuertas, Luján de Cuyo. Un incendio, de gran magnitud, que comenzó en horas de la siesta, de un domingo, con viento Zonda, catalogado como Z3, se convirtió en un calvario para los habitantes del lugar. Cuando el fuego comenzaba a crecer y a devastar el sitio, aparecieron héroes anónimos, sin capas, pero con bombachas de gaucho. Esta es la historia de uno de ellos; un hombre de 52 años que le dedicó su vida al campo y que fue el responsable, junto a familiares y amigos, de que el fuego no lograra resultados aún más catastróficos.
Te puede interesar
Bajó el Zonda y se esperan tormentas en varias zonas de Mendoza
El miércoles 15 de noviembre había un viento Zonda leve nuevamente en Mendoza; como si supiese que íbamos a hablar de él. MDZ se acercó hasta el sitio para conocer la historia de este guacho de 52 años, que nos contó, en primera persona, lo que fue batallar con el fuego por 48 horas sin parar. El camino para llegar al puesto, donde vive desde hace varias décadas, es tan difícil y duro como el relato que estaba a punto de escuchar en la voz de uno de los héroes anónimos del incendio.
El incendio generó una tragedia ambiental. Se quemaron más de 3 mil hectáreas de flora nativa y la recuperación llevará varias décadas. La zona afectada abarca Vertientes del Pedemonte y Las Compuertas en Luján, así como ocurrió en Divisadero, el Challao y San Isidro en Las Heras. Se trata de un ambiente de transición que cumple un rol clave para Mendoza y que también es parte de la expansión urbana. El puestero del piedemonte es nacido y criado en una zona inhóspita, pero que ahora está rodeada de proyectos inmobiliarios.
Travesía
En un auto normal, lejos de lujos y de la seguridad de una 4x4, recorrí 14 kilómetros hacia el oeste, desde la Estación de servicio YPF ubicada en la Ruta 82, zona que se está remodelando desde hace varios años. Mientras más me acercaba al lugar, veía de ambos lados, cómo el fuego había destrozado la vegetación, convirtiéndo todo en cenizas. Es notorio lo cerca que llegó a la zona urbana. Cuando me acercaba al destino, más difícil se hacía. Las piedras eran más grandes y el camino tomaba forma de un río seco. La española del GPS avisó que restaban 200 metros para llegar a destino, pero el auto dijo basta. Las ruedas no hacían tracción y el vehículo, un Ford Fiesta 2013, comenzó a moverse y a patinar en esa huella con forma de vertiente. A pie, subí los metros que me faltaban y cuando llegué al humilde puesto, una jauría de perros me recibió para avisarle a su dueño que la charla estaba a punto de comenzar.
El gaucho, de 52 años, me recibió con gran afecto, como si me conociera de antes. Él, con su vestimenta tradicional: sombrero, bombacha, guardamontes (medio pantalón de cuero que va sobre la bombacha) y una camisa con algunos agujeros, provocados por los gajes de la vida en el campo. Tiene perfil bajo. Tanto, que pidió no salir en las fotos. “Junto con una vecina del barrio Los Cóndores fuimos los primeros en llegar al incendio, fue alrededor de las cuatro de la tarde. Comenzó como un foco chico, pero con el viento que había, creció rápidamente, se prendió todo a la mierda" comenzó diciendo el gaucho a MDZ”. “Desde las 11 de la noche del domingo 29 de octubre, todo fue un desastre. Se vino el viento zonda de 100 km por hora y fue un verdadero infierno, el fuego no paró hasta que se quemó todo. Los bomberos llegaron recién a las 2 de la mañana del lunes 30. Las únicas personas que apalearon el fuego hasta el día miércoles (1 de noviembre) fueron las personas del campo", explicó el hombre.
Fue un enfrentamiento "cuerpo a cuerpo" con el fuego. Luego les prestaron dos topadoras, una del barrio Los Cóndores y otra de la familia Pulenta . Su hijo, que es maquinista, hizo junto a otro joven los primeros cortafuegos para "pelearlo". "Es por eso que no llegó aquí", continuó el relato el hombre del pedemonte de Luján de Cuyo”.
“Las personas que salvaron estos puestos fueron unas 30, entre familiares, amigos. Hubo momentos jodidos eh…". Así lo recuerda. En ese momento hizo una pausa, con lágrimas en los ojos y con la voz quebrada, siguió con su relato. "El fuego, los caballos… es que es jodido estar aquí y que venga esto (el Zonda y el fuego), peor. Encima la sierra está mala, la sequía, ahora el fuego, perdimos el campo de cría, abajo por el incendio, los pumas, que nos ataca en la zona de arriba. Y vos igual le tenés que llevar la plata a la familia, acá nadie te da una mano”, mencionó el encargado del puesto, mientras cebaba unos mates para pasar el mal trago, bajo un tinglado de chapa.
Una madrugada en el infierno
La persona dedicada a la vida de campo, luciendo su tradicional vestimenta, recordó: “En la tranquera, fue un desastre, cerca de las tres de la mañana del lunes, casi agarró gente la lengua de fuego, ahí me alcanzó a mí a caballo. Hubo animales muertos, quemados, por el desastre de viento zonda", detalló. Sobre el origen del incendio, tiene varias teorías. Pero él no cree en las casualidades. "Fue un desastre natural, natural, va… por el viento, el fuego fue intencional. El fuego no se inició por el tendido eléctrico, para mí fue por un asado, que se salió de control”, recalcó el encargado del puesto que lleva en su cuerpo varias marcas que le dejó la lucha con el incendio. Al mirarlo se alcanzan a ver algunas quemaduras que le provocaron las cenizas del fuego que azotó al lugar por 48 horas sin parar.
En algún momento pensaron en abandonar todo. Pero siguieron. Y con la extinción de las llamas, no terminó todo. Ahora viene lo más difícil. “Con mi hijo, hermano y amigos lo peleamos, pero ya al final hubo un momento en que pensamos en dejarlo, en abandonarlo porque podíamos perder una vida humana, estaba muy jodido, pero gracias a Dios que estaban las máquinas. Los muchachos que las manejaban se mandaban al medio del fuego para hacer los cortafuegos, ellos así nomás, a boca destapada, no había tiempo para nada, vivirlo fue jodido, pero ahora… ahora viene él después”, explicó.
La familia en las buenas y en las malas
Cuando eran horas de la tarde y el fuego empezaba a cobrar mayor dimensión, el puestero del pedemonte, contó con toda su familia, sus hijos mayores dando batalla al fuego y con la presencia de su esposa e hija menor que se encontraban en la casita humilde que estaba casi rodeada por el incendio en horas de la noche.
“Mi hija menor de 12 años está operada del corazón, y pese a que se encontraba resguardada el humo le hizo mal y a mi señora también, ella es hipertensa, así que gracias a Dios llegaron unos policías del centro con un médico y las bajaron ellos, le abrimos camino y las bajaron. Después el Intendente (Sebastián Bragagnolo) bajó a la hija de mi hermano y posteriormente volvió y bajó a gente de Los Cóndores, se portó bien el hombre”, comentó el puestero que dialogó con MDZ. “Mi señora y mi hija viven conmigo gran parte del tiempo, yo las llevo todas las mañanas a la escuela, pero está difícil por el camino, eso sí, le pedí al Intendente, si puede arreglar el camino, aunque sea, no es tanto y con una máquina se puede resolver en poco tiempo”.
Muchos animales murieron por el incendio. Otros van a morir por las cenizas. Y también por la falta de alimento.
El día después de mañana
Como mencionó en su relato el puestero del piedemonte mendocino, vivir la lucha cuerpo a cuerpo contra el fuego fue muy difícil, pero lo que viene, para sorpresa de muchos, es lo más complicado. La comida de los vacunos, caballos y el ganado ovino se ha perdido en esas 3500 hectáreas que ahora son cenizas por el incendio.
Con un viento zonda de fondo junto a los ruidos de los animales, el hombre, de 52 años, nos explicó del panorama caótico que le viene luego de pelear y de arriesgar su vida en el incendio: “Todos creen que, ‘pero ya se apagó, ya está’, pero en realidad ahora viene la huevada, ahora vienen los animales muertos porque comen las cenizas, las cabras quemadas por el fuego. Una yegua llegó a las cenizas, la lavé, la curé y la llevé al médico, me gasté 15 mil pesos, pero no sé si se va a salvar. Hay otras yeguas muertas, pero es mío, no quiero dar lástima a nadie. En total se perdieron unos 38 animales aproximadamente entre todas las especies, hemos encontrado varias vacas quemadas, es una gran pérdida para nosotros y para qué lo vas a decir, si nadie te los puede devolver”.
“No soy muy fan de los políticos, pero sí tengo que reconocer y agradecer al intendente de Luján de Cuyo, Sebastián Bragagnolo, que se acercó al lugar para ver como estábamos y nos ofreció ayuda. Ahora tengo que arrimarme a la Municipalidad para que me entreguen algunos artículos para el hogar que sufrieron daños por el viento. Además, también quedamos en contacto para ver si se podía conseguir comida para los animales. Nosotros plata no queremos, como se los dije a ellos, pero que nos den una ayuda para alimentar a los animales es lo más importante. Esto es para poder alimentar a las cabras, a los chivatos, para después venderlos y poder tener algo de dinero para comprar más comida (pasto) y así poder seguir manteniendo el puesto”. 
Luchar contra la naturaleza y una cultura que se extingue
Además de enfrentar la triste realidad que dejó el incendio que azotó parte del piedemonte, el gaucho habló de la lucha que tienen desde hace varios años con la naturaleza. La sequía que viene desde hace varios años, los pumas, que con mayor frecuencia atacan los ganados y que en el invierno no hay nevadas fuertes. “Está todo cada vez más complicado, ya solo quedamos cuatro puestos con animales, y cada vez va a quedar menos, si esto no se compone no va a quedar nada, este verano se va todo, si no llueve esto está muy feo. Para volver a ver la vegetación que se perdió con el fuego, por lo menos de 30 a 35 años. Ver las coronillas o los chañares grandes, yo me voy a morir y no los voy a poder ver…”, sentenció el puestero con una gran preocupación en el rostro.
En cuanto a las alternativas que baraja este puestero para volver a recuperar el rancho, se reparte entre cabalgatas guiadas y algunas changas. “Ahora voy a empezar hacer cabalgatas preparando con 15 o 20 caballos y así poder comprar pasto para poder salir adelante y alimentar a los animales, además de hacer changas, cierres olímpicos y mis hijos me dan una mano también y eso es todo para comprar alimentos para los bichos así vamos dando pelea”.
En el final de la conversación, y mientras muchos piensan en la votación presidencial, este puestero solo piensa en que llegue el domingo (por hoy) para ir a vender un vacuno y comprar pasto para alimentar al resto de los animales. “Ayer fui a comprar pasto y estaba a 3200 pesos el fardo, es como que saben que tenés que ir obligado, nadie te da una mano en este momento, saben la situación de uno, pero igual lo tenés que comprar, que se le va a hacer”, culminó el puestero de la zona de Las Compuertas a MDZ.


